
Los juegos de escape –escape room en inglés-, como concepto, se traslada a los años 80 en videojuegos en los que debían resolverse pruebas para pasar de niveles y lograr la misión u objetivo planteado. Los juegos evolucionaron en versiones en vivo creados por ingenieros de Sillicon Valley, se expandieron por Asia y desbordaron la curiosidad de partidarios europeos como actividad de ocio para, finalmente, saltar con idéntico furor a las Américas.
La primera clave del juego es soportar el encierro. Luego, agudizar la capacidad de observación, deducción y análisis, sosteniendo la escucha activa y el esfuerzo compartido para resolver acertijos, descifrar códigos y encontrar objetos perdidos que aseguran el éxito: esto es, la salida. Una vez que comienza el juego, las puertas no se abren y el crono no se para. El éxito reside en el trabajo en equipo, la buena comunicación con los demás jugadores y el respeto de las reglas impuestas y, ante un atasco, saber que siempre se puede pedir ayuda.
Curiosamente, el virus que nos mantiene en vilo, se originó en Asia, viajó por Europa y desembarcó en las Américas. Tal como en los juegos, los patrones de expansión se repiten y ciertos protocolos, también. El encierro inesperado y el proceso forzado de reclusión, nos interpelan para detener la prisa, agudizar la observación, profundizar la reflexión y revisar nuestros talentos tal y como quien ingresa a una sala de escape, sin más que su asombro, frente a un reloj sin tiempo y un sitio sin salida.
Ante esta emergencia de magnitud y escala creciente, hay quienes resisten frustrados y solitarios en la lucha obcecada contra su propia sombra, negando la realidad, rompiendo las reglas y desarmando barreras útiles hasta el extremo de poner en peligro su propia vida y la de los demás.
Otros, con anhelo esperanzado, están ansiosos por salir confiando que encontrarán el mundo tal y como lo conocíamos antes de la pandemia.
Muchos, sin embargo, acogen este escenario de vasta incertidumbre como una oportunidad para resignificar sus talentos y ponerlos al servicio de un propósito mayor que sí mismos.
El desafío, para este grupo que se anima a atravesarlo, estará en el despliegue de habilidades para identificar las herramientas disponibles, pedir ayuda en los tropiezos, expandir la confianza y abrazar la incertidumbre con paciencia, compasión y tolerancia.
Equipados con estas fortalezas, podrán sortearse obstáculos y generar alternativas creativas para finalmente, completar este inédito juego que llama a trabajar colaborativa y generosamente, con el objetivo común de encontrar la salida al final del túnel.
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