Hipócrates, afamado médico a quien todos debemos la guía ética en nuestro comportamiento diario como galenos, expresa -a través de lo que hoy conocemos como Juramento Hipocrático-, el compromiso de respetar a nuestros maestros, de comunicar lo aprendido a nuestros discípulos, obrar en provecho del enfermo, considerar a los colegas como hermanos, tener respeto por la vida humana; en fin, una serie de preceptos que como vemos están expresados en términos de funciones, “mandatos “ por cumplir, sin especificar el “cómo “, siempre y cuando no nos apartemos de la ética misma.
Nuestra función como médicos es contener al paciente, tratar sus dolencias y prevenir la enfermedad en el caso que sea posible, respetando estos lineamientos.
La forma en la que históricamente se hizo fue a través del contacto directo, cara a cara, en presencia del médico y el paciente, en un mismo tiempo y lugar.
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Un nuevo “cómo”, la telesalud, entendida como todas las acciones de salud facilitadas por las Tecnologías de la información y comunicación (TICs) para superar las barreras geográficas, sociales y culturales del sistema de salud, ha surgido hace ya más de una década; y la teleconsulta, consulta a distancia entre un profesional y un paciente, como una parte de aquella.
Esta, como cualquier solución, no pretende abarcar a todos los posibles escenarios, ni a todos los actores, de ahí que no pueda ni deba resolver todos los problemas que aquejen a un paciente.
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En el marco de la crisis de salud actual toma la escena, adquiere protagonismo, ante la obvia necesidad de solucionar problemas respetando el distanciamiento.
En términos concretos, su potencialidad estriba en tratar cuadros leves, aliviar dudas, sugerir la asistencia en persona por un especialista, así como prevenir aglomeraciones en las guardias de los hospitales y con ello futuras infecciones respiratorias.
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Los gobiernos de Canadá (a través de Telus, empresa nacional de telecomunicaciones), Rwanda (en conjunto con la Fundación Bill y Melinda Gates), y Reino Unido (a través del propio NHS) han hecho acuerdos con Babylon Health, empresa de telemedicina, nacida en el Reino Unido, con el fin de acortar los tiempos de espera de los pacientes para ser vistos por un especialista, emitir recetas electrónicas, así como de evitar la movilización innecesaria de los pacientes a las guardias; en fin, la adoptaron como una herramienta más del sistema nacional de salud para cumplir sus objetivos.
En nuestro país, el día 01/04/20, la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS) emitió una resolución que obliga a las aseguradoras y entes de medicina prepaga a fomentar y usar las plataformas de teleasistencia y/o teleconsulta, durante el período de la cuarentena. La Sociedad Argentina de Pediatría, asimismo, se expidió mediante “Recomendaciones para efectuar una cideoconsulta”, en el marco del Covid-19.
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Al día de hoy, ya están funcionando empresas que brindan este servicio: Médicos on Line, Llamando al Doctor, MyDDoc, entre otras; de hecho, la tecnología para que esto suceda es ubicua y gratuita (Whatsapp, Zoom, Hangouts, Skype), el único requisito de la SSS para el uso de las plataformas es que sean pasibles de auditoria posterior, es decir, que quede registro de que dicha comunicación se haya realizado.
Críticas y oposiciones se presentan a diario en relación a esta modalidad. Comenzando con la contraposición, no real, de la necesidad de un examen físico presencial, sin tener en cuenta que puede ser un complemento, no un reemplazo, del encuentro en persona con el profesional; hasta la discusión acerca de quién y cómo se paga/cobra por este servicio.
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Cual eclipse, hoy están alineados, casi por azar, por un breve/relativo lapso, la necesidad de tratar/prevenir una dolencia, las tecnologías que lo hacen posible y la voluntad de los decisores políticos/científicos para que éstas sean usadas en un marco de legalidad.
Tal vez sea hora de pararnos fuera de los dogmas, de ver los beneficios sobre las deficiencias, de entender que ninguna herramienta podrá ser aplicada a todos los escenarios imaginables, o inimaginables como lo es la situación actual, ni en todos los períodos de tiempos por igual.
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Como se puede aprender de la mitología, los problemas fueron y serán similares en la historia, como la preocupación de un padre por su hijo. Zeus afligido por Hércules, iracundo, lo persuade de ir al oráculo de Delfos para hablar con Hipócrates atemporal, quien lo contiene de manera remota, fuera de la lógica lineal. Hércules esquiva su muerte y Zeus premia a Hipócrates quien escribe su Juramento, en términos de funciones, compatible con épocas de oráculos, telégrafos o simples computadoras para ayudarnos de manera “circunstancial y temporaria“ a paliar una crisis de salud global.
Médico Cirujano Cardiovascular. D-Health Fellow Moebio-Biocat
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