
Al momento de comenzar sus mandatos, los presidentes electos suelen tener un período de gracia que aumenta su capital político y les permite tener la iniciativa para encaminar sus agendas de gobierno. Esta “luna de miel” es producto no solo de la legitimidad del cargo, el hecho de ser presidente, sino también de haber ganado una elección.
En principio, Alberto Fernández no parece ser una excepción a esta suerte de regla en la relación entre la opinión pública y los presidentes entrantes. Ahora bien, ¿cómo llega el flamante presidente a su luna de miel? Para responder a este interrogante se repasarán algunos de los principales resultados del último Tracking de Opinión Pública que realizamos en Opinaia. El primer indicador para observar es la imagen que los argentinos tienen del presidente. En mayo de este año, luego de ser nominado por Cristina Kirchner como precandidato presidencial, Alberto Fernández exhibía una imagen positiva de solo 34%. Hoy, luego de haber ganado tanto las PASO como las elecciones generales, su popularidad llega al 53%. Es decir, en poco tiempo, son más los que lo miran con buenos ojos que aquellos que lo critican duramente.
Luego, en segundo lugar, es interesante analizar cuál es el posicionamiento de Alberto Fernández en relación a una serie de atributos que pueden tener una asociación positiva o negativa. En este sentido, los argentinos opinan que Alberto Fernández tiene sensibilidad social, capacidad de gestión y que puede llegar a resolver los problemas económicos del país, la principal preocupación ciudadana. Por el contrario, si bien no se lo señala necesariamente como un dirigente corrupto, se piensa que pude garantizar la impunidad de los que sí lo son.
Por último, “esperanza” es la palabra más elegida a la hora de identificar el principal sentimiento frente al nuevo gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo, en segundo lugar los argentinos también manifiestan preocupación: no solamente por la figura del presidente y su vice, sino también por la compleja situación socio-económica del país. Lo particular aquí es que este binomio esperanza-preocupación fue también el que mejor definió el sentir de la opinión pública el 10 de diciembre de 2015, en relación al pasado gobierno de Mauricio Macri. El presidente cambia y la luna de miel se renueva.
En síntesis, Alberto Fernández llega en condiciones de “disfrutar” su luna de miel, como casi todo presidente entrante, goza de popularidad, confianza y gobernabilidad. Lo que no podemos estimar ni predecir con exactitud es cuánto tiempo durará este crédito inicial hasta que la opinión pública comience a exigir resultados concretos, sobre todo en un contexto complejo como el actual. Una vez que la luna de miel termina, el costo de gobernar se incrementa día a día.
El autor es politólogo y docente (UBA) y gerente de Opinión Pública en Opinaia (@opinaia)
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