Imagen aérea de la Marcha del Millón que se realizó en la ciudad de Buenos Aires (Thomas Khazki)
Imagen aérea de la Marcha del Millón que se realizó en la ciudad de Buenos Aires (Thomas Khazki)

Cambiemos acaba de sacar más de 10 millones de votos en las elecciones nacionales. Un 40 por ciento de los ciudadanos que asistieron a las urnas el domingo eligió un proyecto político que nació en 2015 para frenar los desbordes del populismo kirchnerista. Luego de cuatro años en el gobierno, Cambiemos vuelve al llano porque la elección fue buena, aunque no nos alcanzó pese a la notable recuperación desde las PASO.

Pero Cambiemos recibió un mandato ciudadano explícito, que nadie puede ni debe atreverse a desoír: cuidar los valores que defendimos durante estos últimos cuatro años. La República, para todos estos ciudadanos, no es una abstracción.

La sociedad nos está diciendo que va a exigirle a la política mayor respeto a la división de poderes, por eso es que decidió conformar, a través del voto popular, un Congreso casi en perfecto equilibrio. En el nuevo Parlamento no habrá consenso para las ocurrencias más desbordadas que caracterizaron el último gobierno de Cristina Kirchner, como la reforma de la judicial, el pacto con Irán o la pretendida reforma constitucional, entre otros.

La elección del domingo provocó un salto de calidad para el sistema institucional argentino, que espero que el próximo gobierno sepa leerlo y aprovecharlo correctamente. Si de verdad regresan para ser mejores, si realmente quieren terminar con una grieta que crearon, el diálogo con la oposición, sobre todo en el Congreso, deberá ser constante y respetuoso. No hay margen para ningún atropello más.

Desde diciembre de 2015, cuando Mauricio Macri asumió la Presidencia, Cambiemos fue una exitosa coalición parlamentaria, pero no de gobierno, más allá de que algunos dirigentes del radicalismo fueron parte del gabinete nacional. En 2017, luego del triunfo en las elecciones de medio término, dije ante los principales actores de Cambiemos, incluido el Presidente, que debíamos dar un salto de calidad, hacerle “un service” a la coalición. La difícil crisis de financiamiento que se desató en 2018 postergó este debate interno, pero ha llegado la hora de darlo.

Por eso me atrevo a decir que desde el 10 de diciembre de 2019 habrá un nuevo Cambiemos. Los tres partidos que lo conforman, la UCR, el PRO y la Coalición Cívica (más los sectores del justicialismo que se han sumado recientemente), estarán todos en igualdad de condiciones y deberá darse un nuevo mecanismo de funcionamiento, ya que ninguno tendrá la responsabilidad de conducir el Poder Ejecutivo. La institucionalización de Cambiemos como coalición es el próximo paso. El desafío es transformarnos en una coalición de partidos que discuta políticas públicas, diseñe estrategias que respondan eficazmente a la demanda de quienes el domingo nos votaron masivamente, y se prepare para ofrecerle a los argentinos algo sustancial para cualquier sistema democrático: la posibilidad de la alternancia. Quien no comprenda esto o no entregue lo mejor de sí para fortalecer la unidad de la coalición tendrá que darle explicaciones a la sociedad. No lo digo por una persona en especial, no es mi estilo hacer acusaciones, pero si alguien está pensando en anteponer sus aspiraciones personales al proyecto colectivo que la ciudadanía nos está reclamando, se equivocará mucho.

Esta mayor institucionalización de Cambiemos no significa, en absoluto, que las fuerzas que le dan vida pierdan su identidad y se mezclen hasta confundirse. Tal cosa no sucedió durante estos últimos cuatro años y mucho menos debe pasar de ahora en más. Es la diversidad y la pluralidad de ideas de partidos con distintas trayectorias, pero con los mismos objetivos, lo que garantizará el éxito de la coalición.

Fernando Henrique Cardoso contó hace poco que cuando el inventó el “Plan Real” que terminó estabilizando la economía brasileña, un comunicador social muy importante de Brasil le dijo que debía salir por las ciudades a explicarlo. Así fue cómo un hombre que provenía de la Academia terminó transformándose en un líder político inigualable en aquel aprendizaje cotidiano que da el contacto con la ciudadanía. La derrota del domingo no fue, como todos preveían desde las PASO, una catástrofe, porque Cambiemos supo escuchar a la sociedad y articular una nueva forma de comunicarse con el electorado en la recta final de la campaña. Me alegro de que el radicalismo haya hecho un aporte sustancial a esto.

Quienes decían que las marchas por el interior de la Argentina eran un tour de despedida de Mauricio Macri y de Cambiemos se equivocaron. En estas movilizaciones ciudadanas se gestó el nuevo Cambiemos. Lo pude ver personalmente en Córdoba. Macri juntó 700 personas en pueblo de mil habitantes, llegó a los 12.000 en la plaza de Carlos Paz y terminó aglutinando 150.000 en el acto de cierre, el más grande que los cordobeses recordemos de los últimos 30 años. Esto mismo pasó en todas las provincias.

Nos espera un desafío enorme a partir de diciembre, una parte importantísima de la sociedad argentina está esperando de nosotros que seamos capaces de cuidar su voto y no podemos dar pasos en falso. Seremos una oposición racional, no imitaremos lo que algunos sectores, en especial el kirchnerismo, hicieron con nosotros. Pero, a la vez, seremos firmes e implacables en la defensa de nuestros valores.

El autor es diputado nacional, presidente del Bloque UCR y del Interbloque Cambiemos.