Demasiado tarde para lágrimas

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Ricardo Balbín
Ricardo Balbín

La posibilidad perdida. Una herencia recibida bien pesada pero subestimada. El éxito en la Ciudad de Buenos Aires no garantizaba nada. Nadie recuerda un mal jefe de Gobierno, ni siquiera De La Rúa. En la vida casi todo es política, en la empresa, en el country, en el fútbol, pero cuando ingresás a la liga mayor la cosa cambia, es otra. Si no lo entendés, pasa lo que pasó. Y una cosa es la convicción y otra es el capricho.

Los amigos no son para todo, y el mundo va más allá de las narices propias. Los tiempos exceden a la realidad de cada uno. Los de Barrio Parque no son los mismos que los de La Matanza. También es complicado entender la economía popular cuando nunca tuviste que contar las monedas para poder subirte al colectivo, o te cortan la luz por falta de pago. Arrancar un gobierno en un país con más del 30% de pobres con la revolución de la alegría es como dice el viejo refrán: “Nunca es bueno contar plata delante de los pobres”. Te la cobran y por eso, en solo cuatro años, la factura llegó y no hay marcha atrás. Tuviste todo para ganarlo y lo perdiste. Por eso la impotencia.

Quedó en evidencia que el éxito comunicacional/político de Marcos Peña y Durán Barba fue efímero, poco sustentable. Pensaron que habían encontrado una nueva fórmula para la política pero no. Sus sofisticadas teorías los llevaron al fracaso. Ni las cualis ni cuantis siriveron. Además los aportes de las encuestadoras volvieron a ser vergonzosos. Y gran parte del periodismo careció de la actitud crítica necesaria frente al fundamentalismo marketinero del ecuatoriano.

Los que jamás iban a volver ya volvieron. Y por lo que decía el General: “No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores”. ¿Sobrevivirá el Macrismo o se viene el post M? La dimensión de su futuro político dependerá de muchas cosas, pero no hay dudas que es lo mismo perder por 20 puntos que por 8. ¿Fue el fracaso de un proyecto, de un equipo, o de una mesa chica? ¿Hasta dónde llegan sus convicciones? ¿Habrá llegado el momento de Rodríguez Larreta, MEV y Losteau, entre otros?

Uno de los motivos del éxito de un equipo de fútbol no es solo que sus jugadores sepan usar los espacios en la cancha sino su capacidad de generarlos, ese es el valor agregado. El partido no está cerrado. Y no sólo para la política sino para todos como sociedad. Recuerdo el mensaje de un gran político radical como fue Ricardo Balbín en las elecciones de 1973: “El que gana gobierna y el que pierde acompaña” Yo me atrevo a agregarle “y controla”. La vida democrática debería ser más activa y que exceda los actos eleccionarios. Con más compromiso de todos. Construyamos un futuro.. Porque para lágrimas…ya es tarde.

El autor es director editor de Reporte Publicidad