
"El Rodrigazo era lo que había que hacer. El problema no fue el Rodrigazo sino los aumentos salariales posteriores que logró la CGT", les dijo hace muy pocos días Ricardo Arriazu a clientes de su consultora en una clara y directa referencia a la situación actual.
No es una opinión cualquiera. Junto con Miguel Ángel Broda, Arriazu es el consejero económico de grandes empresas con más trayectoria e influencia, además de haber asesorado al equipo de Martínez de Hoz y representado al país en el Fondo Monetario Internacional.
La analogía entre el Rodrigazo y el ajuste de ahora es muy forzada. Si bien la economía de mediados de 1975 tenía serios desequilibrios de las cuentas públicas y del sector externo, los problemas económicos eran más graves, la realidad política mucho más compleja, y el paquete anunciado por el entonces ministro Celestino Rodrigo fue de una dureza draconiana: el dólar financiero aumentó 100 por ciento, el comercial 160 por ciento, el precio de los servicios públicos se duplicó en promedio y el combustible subió 180 por ciento, pero a los salarios les otorgaron un aumento de solo el 80 por ciento. La inflación se disparó y la CGT de Casildo Herreras y Lorenzo Miguel le arrancó el gobierno de Isabel Perón un aumento del 180 por ciento. Rodrigo y el cerebro del plan, Ricardo Zinn, renunciaron un mes y medio después, a la semana siguiente que José López Rega. El país se deslizaba al abismo de la dictadura.

Pero más allá de las enormes diferencias, la mención de Arriazu al Rodrigazo sirve para entender parte de la dinámica política y de política económica que se está jugando en estos días, que está definiendo quiénes serán ganadores y perdedores de la devaluación y del ajuste fiscal acordado con el FMI.
En la citada charla de hace unos días Arriazu lo planteó sin eufemismos. Además de recordar el Rodrigazo, aplaudió el acuerdo con el Fondo porque "impide que vuelva la fiesta", dijo que el ajuste es inevitable porque "la Argentina gasta de más", y sostuvo que "como hay problemas de financiamiento hay que elegir perdedores". Si sus clientes se preguntaron en quiénes estaba pensando, les quitó toda duda: "Es fundamental no reabrir paritarias", dijo. Y enfatizó: "Que quede claro eso". Arriazu cree que de esa manera "la Argentina es viable", porque generará confianza y hará que vengan capitales a invertir.
Contra lo aconsejado por Arriazu, las paritarias se reabrieron. Consciente de que la meta del 15 por ciento de inflación había quedado hecha trizas, el gobierno habilitó por decreto un 5 por ciento de aumento adicional a los acuerdos ya firmados, y abrió la puerta para que sindicatos y empresas renegocien cifras más cercanas a la inflación esperada. Armando Cavalieri hizo punta corrigiendo la paritaria de los mercantiles del 15 al 25 por ciento.
Pero ni esa ni otras modificaciones alcanzarán a impedir que los asalariados sean los principales perdedores que Arriazu invitó a elegir. La consultora Analytica proyecta que el poder adquisitivo caerá este año un 6,5 por ciento en promedio. La estimación de Eco Go es muy parecida: indica que la suba promedio del salario será 24 por ciento contra una inflación del 30.

El inusualmente extenso informe que Eco Go difundió esta semana con la firma de Marina Dal Poggetto sostiene que "con el dólar en estos niveles las promesas de reducción de retenciones a las exportaciones y los aumentos pendientes en los contratos energéticos deberían cambiar". Es tan obvio que la rentabilidad del campo va a pegar un gran salto, que incluso dentro del gabinete económico hay varios que opinan que es momento no solo de suspender la baja de retenciones sino de subirlas un poco. Lo mismo dicen varios economistas radicales.
Sin embargo, Mauricio Macri lo descartó de plano en la reunión que mantuvo con los dirigentes agropecuarios el martes pasado. Tan evidente como que los asalariados resultan los principales perdedores de la devaluación, es que los grandes productores agropecuarios son grandes beneficiarios de lo que sucede.
Sobre los contratos energéticos todavía hay indefinición. Según el esquema del eyectado Juan José Aranguren, con el dólar a 30 pesos los aumentos para lo que resta de 2018 eran de 57 por ciento en promedio para la factura de gas y 67 para la de electricidad. Habrá que ver en qué medida el reemplazante Javier Iguacel tuerce el rumbo para no echar más leña al fuego de la inflación o privilegia la señal de confianza para el sector.

Hay que entender que en la concepción que tiene Macri de la economía la confianza del capital es un elemento esencial que está por sobre casi todo. Así como en un comienzo creyó que la confianza que generaba su llegada a la Presidencia iba a causar una lluvia de inversiones, a lo largo de todo su gobierno se mantuvo firme con esa premisa. La concesión a la Mesa de Enlace en el tema retenciones es el ejemplo más reciente.
En eso también coincide con Arriazu, que en charla dijo que "la base de la economía es la confianza".
¿Y si no funciona? ¿Si las inversiones no llueven? ¿Si los formadores de precios remarcan? ¿Si el sector financiero se da vuelta? La respuesta de los devotos en la confianza del capital como norma básica es que no se generó la confianza suficiente y hay que ir más a fondo. Una lógica autocorrectiva que no admite el error y fundamenta la obcecación.
Para los que consideran que el principal problema de la macro no es el déficit fiscal sino el déficit externo, que por suerte son cada vez más, la pregunta clave es en qué medida y de qué manera la devaluación puede moderar el desequilibrio. El ex viceministro Emmanuel Álvarez Agis analizó las últimas tres grandes devaluaciones (2001, 2014 y 2016), y muestra que la respuesta positiva de las exportaciones fue muy leve mientras que la caída de las importaciones fue mucho mayor. Es decir que el aumento del tipo de cambio reduce el déficit externo por la vía recesiva. Lo que se confirma observando que esas tres últimas devaluaciones provocaron caída en el nivel de actividad, en el consumo y, muy fuertemente, en la inversión.
En igual sentido, el análisis sobre Corrida Cambiaria, Acuerdo con el FMI y Crisis Política del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas que coordina el ex diputado por Unidad Popular Claudio Lozano, señala que "la fuerte devaluación vuelve a licuar los salarios, los planes sociales y las jubilaciones, y con subas en las tasas de interés que articuladas con la caída del consumo y el ajuste fiscal y monetario acordado con el FMI, colocan a la economía en el camino de la recesión, solución ortodoxa a la restricción que en materia de divisas tiene la Argentina".
Son datos y lecturas políticas que dejan mal parado al presidente del Banco Central Luis Caputo, para el que "la devaluación fue lo mejor que nos pudo haber pasado". Una frase que compite en ridiculez con la de la propina de Elisa Carrió.
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