Por una solución de fondo que no implique decidir qué vida vale más

Por Juan Pablo Limodio

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Estamos en el umbral de un momento decisivo para la Argentina. Se está desarrollando un debate sobre un tema que ciertamente genera heridas en nuestra sociedad. Heridas profundas, que sangran mucho y que son difíciles de curar. Nadie permaneció ajeno a este debate: participaron exponentes de todos los sectores sociales, de todas las áreas de actividad, hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Está en juego nuestro primer derecho: la vida.

Como sociedad, ponemos todo el esfuerzo en colocar a la persona en el centro de nuestras acciones. Nos desvivimos por lograr una mayor integración en las zonas más vulnerables, nos solidarizamos frente a una inundación, nos duele la desnutrición y la violencia.

Pero en estos últimos meses concentramos toda esta energía en una "cultura de la muerte", en decidir si continuar o no con una vida. No queremos que mueran mujeres por recurrir a esta práctica, pero tampoco queremos que mueran mujeres en los vientres de sus madres. ¿Por qué toda esa energía, todo ese potencial, toda esa capacidad que tenemos los argentinos para levantar banderas por una causa, no la ponemos verdaderamente en encontrar una solución de fondo que no implique decidir qué vida vale más?

Se debate un proyecto de ley que, ante la desesperación de querer encontrar una solución al flagelo del aborto, nos hace caer en la cultura del descarte priorizando una vida sobre otra.

Tomemos medidas concretas para acompañar a las madres en situación de vulnerabilidad,  apuntemos a tener la mejor ley de adopción que podemos tener y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para evitar que la mujer elija realizarse un aborto.

Avanzamos demasiado como sociedad para olvidarnos ahora del más desprotegido. Que no se mate al más débil ni al más viejo, que no se mate a la mujer ni al bebé. Que no se deseche a nadie por improductivo, discapacitado o indeseado.

Defender las dos vidas no es quedarse en el pasado, es querer mirar y apostar al futuro, a los que vienen.

El autor es Subsecretario de Administración General y Uso del Espacio Público en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires