De Vido preso: un epílogo sensato

Hoy el kirchnerismo tuvo su lugar en la historia de los escarmientos

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Con la detención de Julio de Vido se termina efectivamente el kirchnerismo: una agonía que el Gobierno extendió hasta las elecciones innecesariamente, pero que fue la base de la estrategia de la polarización. Hemos visto así algo que muchos vaticinamos en los momentos de mayor euforia del kirchnerismo.

Somos muchos los que sabíamos de este final, pero no por visionarios, sino porque la historia siempre nos ha mostrado que, después de un gran exceso, viene el castigo popular. A los excesos del nazismo le sucedió el proceso de Nuremberg. A los excesos de la dictadura  le sucedió el juicio a las juntas. Hoy el kirchnerismo tuvo su lugar en la historia de los escarmientos.

Es un epílogo sensato para estos 12 años del reinado de una organización que se dedicó a saquear un país. Como bien indicó Michel Foucault, los castigos penales no son en realidad destinados al acusado, sino que son una cuestión social: todos queríamos ver este momento, todos queríamos ver a De Vido escoltado por las fuerzas de seguridad.

Esto es un símbolo, es un hito del comienzo de una nueva etapa para la Argentina. Así como el juicio a las juntas marcó que la democracia nunca más volvería a flaquear en nuestro país, la detención de De Vido marca el fin del flagrante robo al que fuimos sometidos en nuestra historia. Esto no implica el fin de la corrupción, porque siempre existirá en nuestro país y en el resto del mundo. Simplemente se trata del fin de la impunidad, lo que no es poco.

El Poder Judicial siempre llega cuando todo está consumado, cuando ya no hay más nada para hacer. No son médicos, son forenses. Y aunque es claro que es fácil detener hoy a De Vido y cualquier otro secuaz de esta organización, el mérito está en sellar con un símbolo tan fuerte el futuro de nuestro país. La Justicia argentina es un poco lo que es el infierno para cierto cristianismo: al final llegará el castigo. Es la esperanza, es la certeza de que no todo es gratis.

Comienza un cambio cultural, uno que puede llevarnos a ser un país distinto. No seremos una potencia, no seremos la gloria del mundo del futuro, pero viviremos bien, con dignidad, con justicia y en paz: es lo que todas personas de buena voluntad queremos.