La élite política cada vez más alejada del pueblo

La sociedad argentina está destruida. Son escenas que se repiten una y otra vez y la élite política no reacciona

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Noche del miércoles 7 de junio de 2017. Un barrio cualquiera del Gran Buenos Aires, da lo mismo porque la tragedia se ha apoderado de todo el Conurbano. Sin embargo, importa nombrarlo, fue en Lomas de Zamora. Un trabajador lleva en brazos a su hijo de tres años. Son las 20 horas. Dos jóvenes delincuentes lo asaltan e inmediatamente parten raudos. Apenas dan unos pasos, uno de ellos, endemoniado, se voltea, esboza una sonrisa y dispara. La criatura en brazos alcanza a decir: "Me duele, papá". Fueron sus últimas palabras.

La sociedad argentina está destruida. Son escenas que se repiten una y otra vez y la élite política no reacciona. La élite intelectual tampoco. Hablan, opinan, pontifican pero no tienen la solución que el sufriente pueblo argentino demanda.

Hay una guerra civil no declarada y no se dan por enterados. Un sector de la sociedad mata a otro y nadie los para. Es una guerra con todos sus componentes, incluso con vínculos que afectan la seguridad nacional. Y el Estado está ausente. Aquellos que siempre se han manifestado a favor de un Estado interventor miran para otro lado. La cobardía y la hipocresía que los define no guarda parangón con ningún momento de nuestra historia.

Los que nos hacen la guerra cuentan con la ventaja de la voluntad y el desinterés por la vida y su avidez por el tránsito fácil y vertiginoso asociado con el consumo de drogas y de indumentaria superflua que no están dispuestos a alcanzar por el trabajo digno o la changa pasajera, pues, como decía Luca Prodan: "No sé lo que quiero pero lo quiero ya". No es el hambre lo que hace a un ser humano un asesino o una fiera. Es otra cosa. Cuentan además con un Estado mayor intelectual que son las organizaciones de derechos humanos, el kirchnerismo, la progresía, la gente bien pensante y la izquierda. Es un ejército en ofensiva. Incluso la cultura del delito traducida en canciones, vestimenta y habla nos dice que esta guerra ya está instalada en el plano de la cultura.

Si se quiere salir airoso de este gravísimo conflicto, a los delincuentes hay que ir a buscarlos a sus guaridas y vencerlos en los términos con que ellos nos pelean. No hay otra forma. Ya ocurrió en nuestra historia. Fue el general Julio Argentino Roca quien en su momento asumió la responsabilidad de dar seguridad interior y exterior al país. Un liberal que pensaba que lo más importante era la seguridad de su pueblo y la tranquilidad de su patria. Que por encima de las libertades individuales estaba el bien común.

Muy duras parecen hoy sus palabras, pero hacía más de cien años que los argentinos vivíamos la inseguridad de las pampas: "Vamos pues a disputarles sus propias guaridas, lo que no conseguiremos sino por medio de la fuerza. A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios es el de la guerra ofensiva. Hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles". Claro, la diferencia con la actualidad es abrumadora: eran políticos de coraje y largo aliento que no contaban con asesores de imagen ni coach sicodélicos. La imagen era la fuerza de sus argumentos y el compromiso social de realizarlos.

Da pena, por no decir bronca, escuchar al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, explicar por radio su inoperancia. Se atropellaba con las palabras, se encimaba con frases sin sentido, afirmó y aquí se halla la gravedad en la que nos encontramos, que se trataba de una banda conocida que llevaba adelante delitos menores, jamás pensamos que desencadenarían lo que estamos viviendo. Tomaban cerveza en las esquinas. Hubo que esperar que mataran para detenerlos. ¿Por qué no se los capturó antes? Finalmente admitió que más ya no puede hacer. ¿Es cierta esta afirmación? No, es falsa. ¡Sí que puede hacer más, Insaurralde! Lo primero, apartarse del Estado mayor que conduce la guerra de los delincuentes, esto es, el kirchnerismo y segundo, plantear una guerra ofensiva contra el delito. Arrancarlos de sus aguantaderos, que él conoce muy bien en su distrito.

Se equivoca también María Eugenia Vidal al sacar a la calle las últimas reservas policiales para hacerlas pasear por los centros comerciales más calientes. La ingenuidad no tiene antecedente. Los ladrones no estarán allí. Robarán colectivos a simples y humildes trabajadores, matarán porque se saben molestados pero no vencidos. ¿Con quién creen que están midiendo fuerzas?

No, señores, ustedes hacen lo mismo que el anterior gobernador Daniel Scioli, ponen policías en los cruces de avenidas y saturan de uniformados las calles más transitadas. No sirve. No alcanza. Hay que ir a buscarlos.

Ahora bien, la guerra civil que estamos viviendo no se gana sólo en el terreno de las armas. Otras respuestas hay que dar en paralelo. Profundas, serias, revolucionarias. La inmensa mayoría de ni-ni que deambula por las calles al borde del delito debe ser incorporada obligatoriamente a hogares-escuelas de oficio, sin atenuantes. Como era el servicio militar obligatorio instaurado por el liberal Roca y como era la ley 1420 de enseñanza primaria obligatoria promulgada por el liberal Roca. Hay que invertir allí. Sabemos que los que delinquen o están a punto de hacerlo padecen la ausencia de familia, al menos en su inmensa mayoría. Pues, entonces, si la familia no está debe estar, el Estado y no como opción sino como obligación.

No hay tiempo para las medias tintas. Ni el kirchnerismo, ni el PRO, ni los radicales, ni el Frente Renovador, ni la izquierda tienen políticas para remediar o disminuir este flagelo. Se habla de bajar la edad de imputabilidad, está bien, una vez cometido el delito, pero tenemos miles a punto de delinquir. Sobre los delincuentes, la guerra, sobre los ni-ni, los hogares-escuelas obligatorios. He llegado a escuchar del ecuánime Daniel Arroyo (FR), al parecer joven y aplomado estudioso del asunto, el disparate mayúsculo de qué hacer con los ni-ni. ¿Cuál es su genialidad? Pues ponerles un tutor. ¿Sabe el ecuánime Arroyo todos los tutores que hay que nombrar? No, la fantasía me supera.

Finalmente, debemos convenir que en el caso de los delincuentes lo que abunda son los desescolarizados y sin familia. Sobre formas escolares novedosas que sustituyan la familia ausente y una variable de instituciones intermedias entre el individuo y el Estado se hallará la solución para quienes todavía no han ingresado a la antesala del delito y del crimen pero que la merodean.

El autor es director de escuela de adultos. Historiador. Autor de "El Perón liberal", "El retroprogresismo", "La gestión escolar en tiempos de libertad".