Muchos creen que haciendo ejercicios de abdominales podrán lograr un vientre chato y libre de grasa. Quizás hacen cientos o miles de repeticiones varias veces por semana, o incluso todos los días, pero no logran ver los cambios deseados. ¿Porqué? Esto se debe generalmente a que no incluyen un déficit calórico en su rutina diaria; lo que realmente resulta clave para perder grasa, del abdomen, o de cualquier zona en donde esté acumulada. Si seguimos comiendo lo mismo o no sumamos alguna actividad que represente realmente un costo energético significativo, con un trabajo de fuerza pasivo no se puede afinar ni el abdomen ni ninguna parte del cuerpo. Los ejercicios de fortalecimiento trabajan los músculos, los fortalecen y endurecen. Incluso pueden hacerlos aumentar de tamaño dependiendo de las cargas y volúmenes que se usen, pero no queman grasa localizada.

Sí podrían generar un descenso de peso si aportan un gasto energético considerable, y para este fin, resultan mucho más efectivos los trabajos aeróbicos donde la frecuencia cardíaca se eleva, algo difícil de lograr estando acostado simplemente flexionando y extendiendo el tronco, elevando rodillas, o sosteniendo posiciones. Pero solo una salvedad: también es real que aumentar la masa muscular general del cuerpo contribuirá a gastar más calorías por día, porque cada kilo de músculo que tengamos gastará más energía, incluso en reposo.

¿Que tenemos que hacer entonces si queremos alcanzar un abdomen torneado y plano? Gastar más calorías de las que ingerimos mediante una alimentación equilibrada, realizar actividad aeróbica de larga duración regularmente (siempre más de 30 o 40 minutos, y si son 60 o 70 mejor) como puede ser trotar, correr, pedalear, nadar, bailar, y cualquier tipo de ejercicio sostenido de forma continua por un período de tiempo de más de media hora. Y obviamente, sumar ejercicios de fuerza para fortalecer el abdomen, pero sin limitarse a esa zona del cuerpo: la idea es mejorar la fuerza de forma general y no sólo la parte que nos perturba estéticamente.

Correr puede ser la solución. Un ejemplo práctico: una mujer de condición física aceptable, podría gastar aproximadamente entre 100 y 150 calorías en una sesión de abdominales de media hora, pero durante ese mismo tiempo trotando o corriendo seguramente consuma el doble o el triple. Por esto, será muchísimo más fácil bajar la panza o reducir las zonas del cuerpo corriendo que haciendo abdominales. Ahora, ¡atención! Si uno está muy excedido de peso, correr podría ser agresivo para las articulaciones, en ese caso será mejor caminar o elegir cualquier actividad sin impacto. Sea como sea, el ABC es el siguiente: alimentación equilibrada y balanceada en calorías y nutrientes + actividad cardio regular + ejercicios de fuerza. Comprometiéndose realmente con las tres cosas, los buenos resultados llegan rápido.

Por Carolina Rossi, entrenadora nacional de Atletismo, ISDE, entrenadora IAAF y corredora / www.carolinarossi.com.ar