Saludar a tu perro de manera intensa al llegar a casa es el principal incentivo de mal comportamiento, según especialistas

Especialistas en comportamiento animal recomiendan reducir la intensidad de esos recibimientos y premiar las conductas tranquilas

Un hombre sostiene unas llaves junto a una puerta abierta mientras un perro se alza sobre dos patas en la entrada de una casa.
Un perro salta sobre sus patas traseras para recibir a un hombre que ingresa a su vivienda a través de la puerta principal. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Saludar a tu perro con demasiada efusividad puede enseñarle que los saltos, los ladridos y la agitación son la forma de conseguir atención.

Especialistas en comportamiento animal recomiendan reducir la intensidad de esos recibimientos y premiar las conductas tranquilas para evitar que la excitación se convierta en un hábito.

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El problema no es mostrar afecto. Los perros necesitan vínculo, atención y contacto con sus familias. La diferencia está en el momento y la forma. Gritos, movimientos rápidos, caricias intensas y frases repetidas con tono alto pueden elevar la activación del animal justo al entrar a casa.

Muchos perros saltan para acercarse al rostro de las personas. También lo hacen porque el saludo suele terminar con contacto, palabras o juego.

Desde su perspectiva, brincar funciona: obtiene una respuesta. La conducta se repite porque recibe una recompensa, incluso si la persona intenta bajarlo con las manos o le dice que no.

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Una mujer arrodillada en el suelo junto a una puerta abierta sujeta a un perro de pelaje dorado erguido sobre sus patas traseras.
Una mujer arrodillada junto a la puerta principal de su vivienda abraza a su perro mientras el animal se apoya sobre ella. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los saltos pueden consolidarse como una forma de pedir atención

Un recibimiento ruidoso puede reforzar una secuencia que comienza antes de abrir la puerta. El perro escucha pasos, anticipa la llegada de una persona, corre, ladra, mueve la cola y salta. Si al final recibe abrazos, caricias o juego, aprende a asociar esa activación con una consecuencia agradable.

El riesgo aumenta cuando las reglas cambian según la persona. Un integrante de la familia puede permitir que el perro salte “porque es cariñoso”, mientras otro intenta corregirlo. Esa inconsistencia vuelve más resistente el comportamiento, pues el animal seguirá intentando hasta encontrar a alguien que responda.

Los especialistas de VCA Animal Hospitals explican que una reacción negativa también puede resultar gratificante si el perro busca interacción.

Empujarlo, hablarle, mirarlo o tomarlo de las patas puede convertirse en atención. El animal no necesariamente distingue entre una felicitación y un regaño; identifica que brincar provoca contacto.

Los saltos también pueden representar un riesgo. Un perro grande puede tirar a un niño, a una persona mayor o a alguien con movilidad limitada.

Un perro pequeño puede arañar piernas, ensuciar ropa o asustar a una visita. La conducta puede parecer inofensiva en casa, pero provocar conflictos cuando llegan desconocidos.

Un perro con patas enlodadas salta sobre una mujer con abrigo en una casa, ante un hombre y una mujer que sostienen bebidas.
Un perro con las patas llenas de lodo salta sobre una mujer que sostiene una copa de vino durante una reunión en el recibidor de una vivienda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La excitación no siempre significa que el perro está cómodo

La energía alta durante el saludo no siempre equivale a felicidad.

Algunos perros brincan porque están sobreestimulados, ansiosos o tienen dudas frente a la interacción. Por eso conviene observar su lenguaje corporal antes de tocarlo.

Alejarse, bajar la cabeza, echar las orejas hacia atrás, detenerse, mirar a otro lado o intentar hacerse pequeño pueden indicar incomodidad.

En esos casos, insistir con abrazos, besos o caricias puede aumentar el estrés. Los especialistas recomiendan permitir que el perro se acerque por decisión propia y respetar sus pausas.

Una recepción calmada ayuda a que el animal conserve el control. Entrar sin hacer ruido, dejar las cosas, esperar unos segundos y saludar con voz baja reduce la intensidad del momento. La atención puede llegar después, cuando el perro tiene las cuatro patas en el piso.

No se trata de ignorarlo durante horas ni de volver frío el vínculo. La meta consiste en separar el cariño de la agitación. El perro puede recibir afecto, juego y contacto, pero conviene que estas recompensas aparezcan cuando muestra una conducta que la familia quiere repetir.

Retrato frontal, manos sosteniendo cabeza de perro, fondo neutro claro, expresión calmada, luz suave, conexión emocional. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Retrato frontal de unas manos humanas sosteniendo con suavidad la cabeza de un perro, creando una composición emotiva y serena bajo una luz suave y un fondo neutro claro. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Premiar la calma enseña una alternativa al salto

La recomendación general es definir qué debe hacer el perro en lugar de saltar. Puede quedarse con las cuatro patas en el piso, sentarse, esperar junto a una puerta o ir a un tapete.

La conducta elegida debe ser sencilla y practicarse primero en momentos sin visitas ni distracciones.

La American Veterinary Society of Animal Behavior sostiene que los métodos basados en recompensas son los más adecuados para el adiestramiento y para modificar problemas de conducta y recomienda los siguientes consejos:

  • Ignora el salto inicial. Al llegar, evita hablarle, verlo fijamente o acariciarlo si está brincando o muy alterado.
  • Premia la calma de inmediato. En cuanto tenga las cuatro patas en el piso, diga “bien” y dale una caricia, premio o atención tranquila.
  • Pide una conducta alternativa. Enséñale a sentarse antes de saludar. Practícalo también cuando no llegas a casa.
  • Entra sin hacer una fiesta. Usa un tono bajo y movimientos lentos. Evita saludos efusivos que aumenten su emoción.
  • Espera unos segundos. Si se acelera, aléjate o cruza los brazos. Retoma el saludo cuando vuelva a tranquilizarse.
  • Practica llegadas cortas. Sal de casa uno o dos minutos y vuelve. Repite varias veces para que aprenda que tus llegadas no son un evento extraordinario.
  • Dale actividad antes de esperarte. Un paseo, juego de olfato o juguete rellenable puede reducir la energía acumulada antes de tu llegada.
  • Pide apoyo a quienes viven contigo. Todas las personas deben seguir la misma regla: atención solo cuando el perro está tranquilo.
  • No uses castigos físicos ni gritos. Pueden elevar la ansiedad o confundirlo. La constancia funciona mejor.
  • Avanza poco a poco. Al principio, premia uno o dos segundos de calma; después aumenta el tiempo antes de saludarlo.
Infografía con ilustraciones de un hombre y un perro que incluye textos explicativos sobre cómo lograr saludos tranquilos en el hogar.
Una infografía de Infobae detalla pautas de adiestramiento canino para evitar que los perros salten y se alteren al recibir a las personas en el hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El entrenamiento requiere que todas las personas de la casa actúen igual. Las visitas también deben saber que no deben alimentar el salto con risas, empujones o caricias.

En perros que se alteran mucho, una correa, una reja o un espacio separado pueden evitar que practiquen la conducta mientras aprenden otra forma de recibir a la gente.

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