Del Mundial de futbol al Mundial de las ciudades: el reto climático de México

El Foro Urbano Mundial de 2028 pondrá a prueba la capacidad de la Ciudad de México para convertir sus compromisos urbanos y ambientales en mejoras reales para sus habitantes

Egresada de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del CIDE y estudiante de la maestría en Geography of Environmental Risks and Human Security de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) y la Universidad de Bonn, Alemania
Egresada de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del CIDE y estudiante de la maestría en Geography of Environmental Risks and Human Security de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) y la Universidad de Bonn, Alemania
Guardar

El 11 de junio de 2026, la Ciudad de México inauguró la Copa Mundial de la FIFA, el torneo de futbol más importante del mundo, que México organiza junto con Estados Unidos y Canadá hasta el 19 de julio. Tan solo en los cinco partidos disputados en la capital mexicana se registraron más de 400 mil asistentes.

Dos años después, la Ciudad de México se prepara para recibir otro encuentro de alcance internacional: el 14.º Foro Urbano Mundial, previsto para 2028. Esta vez, el desafío no será organizar una competencia deportiva, sino demostrar que los grandes eventos pueden dejar un legado capaz de mejorar la vida de quienes habitan las ciudades.

PUBLICIDAD

La Semana de Acción México por el Clima y la Naturaleza, celebrada del 5 al 9 de octubre de 2026, permitió anticipar parte de ese desafío. En su segunda edición, esta iniciativa reunió a gobiernos, organismos internacionales, empresas, academia, organizaciones civiles, comunidades y juventudes para intercambiar conocimientos, construir alianzas y promover soluciones frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un contexto en el que los encuentros climáticos se han consolidado como espacios de cooperación internacional, México abrió una conversación que trascendió los compromisos ambientales: ¿cómo transformar las propuestas en políticas públicas y soluciones concretas que lleguen al territorio?

PUBLICIDAD

Pero ¿qué es exactamente el Foro Urbano Mundial? Convocado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), organismo que promueve el desarrollo urbano sostenible y el acceso a una vivienda adecuada, es uno de los principales encuentros internacionales dedicados al futuro de las ciudades.

Establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2001 y celebrado cada dos años desde 2002, el foro constituye un espacio técnico y político, sin facultades legislativas, en el que gobiernos, ciudadanía, academia y sector privado intercambian experiencias y construyen propuestas en torno a la vivienda, la movilidad, la desigualdad, la planificación urbana y la sostenibilidad.

Su dimensión es considerable. En mayo de 2026, más de 21 mil personas de 162 países participaron en su decimotercera edición, celebrada en Bakú, Azerbaiyán. Después de encuentros en ciudades latinoamericanas como Río de Janeiro y Medellín, el foro regresará a la región en 2028.

Durante las conversaciones de la Semana del Clima, Fernanda Lonardoni, responsable de ONU-Hábitat para Mesoamérica y Cuba, destacó dos condiciones fundamentales para aprovechar esta oportunidad: que la ciudadanía se sienta parte del proceso y que el encuentro deje un legado.

La Ciudad de México cuenta con reconocimiento internacional, pero el reto va más allá de atraer visitantes y concentrar la atención mediática. La oportunidad consiste en aprovechar esa visibilidad para fortalecer políticas públicas, impulsar proyectos y consolidar acuerdos que permanezcan mucho después de que concluya el evento.

Imagen FNQ3JXRRORCZREDPIEPEZT4ORA

La capital tiene una historia que contar. La Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad, firmada en 2010, fue resultado del trabajo de movimientos urbanos y organizaciones sociales que defendieron una urbe más justa, incluyente y participativa. Ese antecedente demuestra que las discusiones sobre el derecho a la ciudad no comienzan con la llegada de un foro internacional: son parte de una lucha sostenida por quienes buscan transformar su entorno.

Hoy, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, impulsa las Utopías, centros comunitarios que ofrecen servicios de cuidados, cultura, deporte y recreación, con el propósito de acercar oportunidades a distintas comunidades.

Por su parte, Julia Álvarez Icaza Ramírez, titular de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), encabeza acciones vinculadas con la conservación ambiental. Ambas líneas de trabajo muestran cómo las políticas urbanas pueden articular el bienestar social y la sostenibilidad.

Sin embargo, los desafíos de la capital no terminan en sus límites administrativos. Basta observar su zona metropolitana: no es lo mismo vivir en una zona céntrica que trasladarse todos los días desde Chalco, en el Estado de México, para llegar al trabajo, la escuela o los servicios de salud. Las desigualdades también se manifiestan en el acceso a la vivienda, el transporte y los servicios públicos.

Atender estas brechas exige mecanismos efectivos de coordinación entre gobiernos. Los problemas urbanos y ambientales no reconocen fronteras administrativas, por lo que las soluciones tampoco pueden diseñarse de manera aislada.

Esta necesidad de cooperación estuvo presente durante la Semana del Clima, que contó con la participación de Óscar Rébora Aguilera, secretario de Ecología y Medio Ambiente de Quintana Roo y presidente de la Asociación Nacional de Autoridades Ambientales Estatales; Raúl Lozano Caballero, secretario de Medio Ambiente de Nuevo León, y representantes del sector ambiental de Jalisco.

Su presencia recordó que la acción climática no puede depender únicamente de las grandes capitales. Requiere la colaboración de los gobiernos federal, estatales y municipales para traducir los compromisos en medidas concretas que respondan a las necesidades de cada territorio.

El calor urbano ofrece un ejemplo claro de esta urgencia. La plataforma Cool Cities Lab, del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), permite identificar zonas expuestas a temperaturas extremas y analizar posibles soluciones en ciudades como la Ciudad de México, Monterrey y Hermosillo, así como en otras urbes latinoamericanas, entre ellas Buenos Aires. Herramientas de este tipo pueden contribuir a orientar la planeación urbana, priorizar intervenciones y reducir los riesgos para la población más vulnerable.

La necesidad de anticiparse a los fenómenos extremos también quedó de manifiesto con el aluvión que afectó a Santiago de Chile el 8 de octubre, tras intensas precipitaciones. Episodios como este evidencian la importancia de contar con infraestructura adecuada, sistemas de prevención y planes de ordenamiento territorial que incorporen los riesgos climáticos.

La resiliencia urbana no consiste únicamente en responder a las emergencias, sino en reducir las condiciones que hacen a las comunidades más vulnerables.

El Foro Urbano Mundial llegará en un momento decisivo: apenas dos años antes de 2030, el horizonte establecido por las Naciones Unidas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Entre ellos destaca el Objetivo 11, que plantea la necesidad de lograr ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.

México tiene la oportunidad de convertir su exposición internacional en aprendizaje colectivo. Me gustaría que en 2028 encontráramos a más juventudes, comunidades y gobiernos locales al frente de las conversaciones, y que las experiencias construidas desde los territorios tuvieran tanta visibilidad como los grandes proyectos internacionales.

Si algo nos dejó la Semana del Clima fue la certeza de que existen conocimientos, iniciativas y propuestas para enfrentar los desafíos urbanos y ambientales. Lo que todavía hace falta es una hoja de ruta que conecte esas ideas con las necesidades cotidianas de quienes habitan el territorio, con responsabilidades claras, mecanismos de seguimiento y resultados que puedan evaluarse.

El verdadero éxito del Mundial de las ciudades no debería medirse únicamente por el número de asistentes o la proyección internacional, sino por las oportunidades, los espacios públicos y las soluciones que permanezcan después. Porque una ciudad no se transforma por recibir al mundo, sino por mejorar la vida de quienes la habitan.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD