
Durante años, las máquinas tragamonedas clandestinas estuvieron instaladas a la vista de todos en tiendas de abarrotes, tortillerías y pequeños negocios de Culiacán. Eran conocidas como “jugadas” o “habichuelas” y, de acuerdo con testimonios y reportes periodísticos, algunas eran operadas bajo el control de grupos criminales.
El inicio de la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, en septiembre de 2024, modificó ese escenario. Los minicasinos que durante años funcionaron prácticamente sin obstáculos comenzaron a convertirse en objetivos de ataques armados y, posteriormente, en blanco de operativos de las autoridades.
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“Juan”, nombre utilizado para proteger la identidad de un comerciante, recuerda que antes de abandonar su negocio recibió la propuesta de instalar dos maquinitas a cambio de entregar un porcentaje de las ganancias.
La rechazó porque sospechaba que se trataba de un negocio “turbio” y tenía miedo de las consecuencias.
Las visitas, sin embargo, se hicieron cada vez más agresivas. A mediados de 2023, los hombres que le habían ofrecido las máquinas regresaron y le hicieron saber que aceptar el negocio era lo mejor para él y para su establecimiento.
Ese día decidió cerrar su tienda y mudarse.

Las maquinitas estaban por todo Culiacán
En aquel momento, relata, prácticamente en todo el bulevar Agricultores, al suroriente de Culiacán, había tiendas, tortillerías y pequeños comercios que tenían máquinas tragamonedas.
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Hombres llegaban en camionetas, descargaban los equipos y posteriormente regresaban periódicamente para recoger las ganancias. Una parte menor quedaba para el propietario del establecimiento.
El comerciante asegura que algunos de quienes rechazaron instalar las máquinas fueron amenazados. Para otros negocios, permitir su colocación también representaba una especie de protección frente a posibles asaltos, debido al control territorial que ejercían los llamados “punteros”.
Las máquinas eran utilizadas por niños, jóvenes y adultos, quienes permanecían frente a las tiendas intentando obtener dinero mediante juegos de azar.
Aunque su operación estaba prohibida por la Ley Federal de Juegos y Sorteos, permanecieron durante años en distintos puntos de la capital sinaloense.

En algunos establecimientos, además, el juego se combinaba con la venta de drogas.
La guerra convirtió a los minicasinos en objetivos
El panorama cambió después de septiembre de 2024, cuando comenzó la confrontación entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza.
Los establecimientos con maquinitas clandestinas, señalados como parte de un negocio operado por una facción del Cártel de Sinaloa, comenzaron a ser atacados.
Los agresores dispararon contra locales o domicilios donde funcionaban “jugadas” o “habichuelas” en sectores como Agricultores, 21 de Marzo, Margarita, 10 de Mayo, 5 de Mayo, Villa Bonita, Providencia, Huizaches, CNOP, Francisco I. Madero, Alturas del Sur, Prados del Sur y La Aurora, entre otros.
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En algunos de estos ataques hubo personas heridas y asesinadas, incluidos menores de edad y mujeres.
De las tienditas a los ataques: así "destapó" la narcoguerra el negocio de las maquinitas
Culiacán concentra más de la mitad de los decomisos de minicasinos clandestinos en Sinaloa
Decomisos de máquinas tragamonedas por estado (2025)
Haz clic en cada barra para ver el detalle.
El crecimiento de los decomisos, año con año
Alterna entre años para ver la evolución nacional de máquinas aseguradas.
Colonias de Culiacán con ataques a "jugadas" o "habichuelas"
El testimonio de un comerciante
Las agresiones se extendieron durante 2024 y 2025 hacia otros municipios, entre ellos Mazatlán, Navolato y Eldorado.
Para mediados de 2025, cuando la crisis de violencia llevaba poco más de un año, buena parte de estos negocios prácticamente había desaparecido. Los establecimientos que continuaban operando de manera clandestina también se convirtieron en posibles objetivos.
Incluso algunos casinos que funcionaban legalmente fueron atacados o incendiados en Culiacán, entre ellos Circus, en Villa Universidad, además de Flamingos y Tropicana.
Sinaloa concentró 61.5% de las máquinas aseguradas en 2025
La violencia terminó por exhibir un negocio que, según los testimonios y registros periodísticos, había operado durante años en distintos puntos de Sinaloa.
Las autoridades comenzaron entonces a realizar cateos y operativos para asegurar las máquinas.

En diciembre de 2024, el entonces secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, Gerardo Mérida Sánchez, reconoció que los operativos contra las llamadas “jugadas” habían comenzado aproximadamente tres meses después del inicio de la guerra.
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Los datos de la Secretaría de Marina muestran el tamaño que alcanzó el fenómeno.
Durante 2025, la Semar aseguró mil 629 máquinas tragamonedas en todo México. De esa cantidad, mil 002 fueron decomisadas en Sinaloa, equivalente al 61.51% del total nacional.
El resto correspondió a Nayarit, con 206; Michoacán, con 185; Sonora, con 95; Veracruz, con 87; Baja California Sur, con 47, y Colima, con siete.
En 2024, cuando comenzó la confrontación entre las facciones del Cártel de Sinaloa, la Marina había asegurado 309 máquinas en el país: 266 en Sinaloa y 43 en Sonora.
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En lo que va de 2026, la cifra nacional reportada es de 89 equipos.
El contraste es significativo: antes de la guerra entre Chapitos y Mayos, la Semar no reportaba decomisos de minicasinos en Sinaloa ni en otras entidades.
Culiacán concentra más de la mitad de los decomisos
Los operativos continuaron durante 2025. De acuerdo con una revisión de registros periodísticos, fuerzas estatales y federales han asegurado mil 643 máquinas tragamonedas en Sinaloa desde diciembre de 2024.
Culiacán concentra 52.59% de los equipos asegurados durante el periodo de la guerra.
El mayor decomiso ocurrió el 14 de junio de 2025, cuando autoridades realizaron un cateo en una bodega de la colonia Lázaro Cárdenas y localizaron 242 máquinas tragamonedas clandestinas.
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Los registros disponibles muestran que antes de la narcoguerra hubo pocos operativos federales relacionados con estos equipos. El Ayuntamiento de Culiacán realizaba algunos aseguramientos cuando encontraba máquinas funcionando sin autorización en el exterior o interior de tiendas y otros establecimientos.
La Ley Federal de Juegos y Sorteos establece que la Secretaría de Gobernación es la facultada para ordenar y coordinar el decomiso de máquinas tragamonedas, mientras que las fiscalías federal y estatales realizan los cateos y aseguramientos con apoyo de las corporaciones de seguridad.
Así, lo que durante años permaneció como un negocio visible en las calles de Culiacán terminó quedando expuesto por la propia guerra criminal: las maquinitas pasaron de ser parte del paisaje cotidiano de los barrios a convertirse en objetivos de grupos armados y, posteriormente, en uno de los principales focos de los operativos de las autoridades.
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