Cuántas tazas de café al día podrían reducir el riesgo de accidente cerebrovascular: lo que dicen los estudios

Las investigaciones sobre café y salud cerebral apuntan a una cantidad concreta de tazas diarias

Una infografía sobre el café muestra tres tazas humeantes, granos en el aire e íconos ilustrados con texto explicativo.
El consumo de tres a cuatro tazas diarias de café se asocia con una reducción del riesgo cardiovascular y metabólico. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El consumo moderado de café se asocia con una menor probabilidad de accidente cerebrovascular en adultos, especialmente del tipo isquémico.

Los estudios de cohorte y sus revisiones indican que el rango más favorable se ubica entre dos y cuatro tazas diarias, con un punto bajo de riesgo cerca de las tres o cuatro.

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La relación se observó durante seguimientos de varios años y podría vincularse con compuestos que influyen en los vasos sanguíneos, el metabolismo y la inflamación. No obstante, la evidencia describe asociaciones y no demuestra que el café prevenga por sí solo un ictus.

Las investigaciones disponibles proceden sobre todo de grandes cohortes de Estados Unidos, Europa, Japón y el Reino Unido.

Las conclusiones convergen en un mensaje prudente: para la mayoría de los adultos sin contraindicaciones, el café consumido dentro de límites moderados parece compatible con la salud cardiovascular.

Tres o cuatro tazas diarias concentraron la asociación más favorable

Un metanálisis de dosis-respuesta publicado en el American Journal of Epidemiology reunió 11 estudios prospectivos con 479.689 participantes y 10.003 casos de accidente cerebrovascular.

El trabajo evaluó cómo cambiaba el riesgo según la cantidad habitual de café consumida.

El análisis estimó que una taza diaria se asociaba con un riesgo relativo de 0,92 frente a no beber café. El resultado equivale a una reducción aproximada del 8% en términos relativos.

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Con dos tazas al día, el riesgo relativo descendió a 0,86. La disminución asociada alcanzó cerca del 14% frente a la categoría de referencia.

La estimación más baja correspondió a tres o cuatro tazas diarias, con un riesgo relativo de 0,83. Según esa síntesis, el grupo de consumo moderado presentó cerca de un 17% menos riesgo de ictus que quienes no bebían café.

Los autores del estudio, publicado por Oxford University Press en una revista académica de origen británico, detectaron una relación no lineal. El beneficio aumentó hasta el rango moderado y después perdió intensidad.

Con seis tazas, el riesgo relativo fue de 0,87. En quienes tomaban ocho tazas, el valor ascendió a 0,93 y el intervalo de confianza ya no permitió establecer una reducción estadísticamente concluyente.

Infografía sobre café e ictus con una ilustración de un cerebro dentro de un grano de café, recuadros con tazas y el logotipo de Infobae.
Relación entre el consumo diario de café y el riesgo de accidente cerebrovascular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los metanálisis coinciden en una reducción modesta del riesgo

Otra revisión de estudios de cohorte, alojada en PubMed Central, examinó nueve investigaciones prospectivas publicadas hasta 2011.

El repositorio pertenece a la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, aunque los trabajos incluidos procedían de distintas regiones.

Esa síntesis comparó a las personas situadas en la categoría de mayor consumo con aquellas que menos café tomaban. El riesgo relativo conjunto fue de 0,83, una cifra consistente con el resultado de la revisión de dosis-respuesta.

El mismo trabajo analizó de manera específica a quienes consumían cuatro o más tazas cada día frente a los grupos que bebían menos de una taza. La asociación volvió a inclinarse hacia un menor riesgo en el grupo de consumo más alto.

Una revisión sistemática posterior sobre café y enfermedad cerebrovascular, también disponible en PubMed Central, incorporó siete estudios de población sana.

Sus autores hallaron una reducción más discreta para el ictus total, pero identificaron una señal más marcada en el subtipo isquémico.

Un umbrella review publicado en la revista médica The BMJ integró metanálisis previos de múltiples resultados de salud. El análisis señaló que el consumo de hasta cuatro tazas se vinculaba con un 12% menos riesgo de accidente cerebrovascular.

La revisión evaluó información de más de cinco millones de personas para ese desenlace. Sus autores indicaron que el patrón general favorecía los consumos moderados, no la abstinencia total ni las cantidades muy elevadas.

Silueta de una persona sentada de espaldas frente a una pantalla iluminada que muestra múltiples placas de tomografías cerebrales.
El análisis señaló que el consumo de hasta cuatro tazas se vinculaba con un 12% menos riesgo de accidente cerebrovascular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La señal es más clara para el accidente cerebrovascular isquémico

El ictus isquémico ocurre cuando se bloquea una arteria que lleva sangre al cerebro. Es la forma más frecuente de accidente cerebrovascular y la que mostró una asociación más consistente con el café.

La revisión de cohortes sobre enfermedad cerebrovascular estimó un riesgo relativo cercano a 0,83 para el ictus isquémico. El resultado indicó una reducción asociada mayor que la observada para el ictus hemorrágico.

Otra revisión sobre café, cafeína y salud cardiovascular, publicada en la revista BMC Cardiovascular Disorders, también informó una asociación favorable para el subtipo isquémico.

El análisis no encontró una protección estadísticamente clara frente a la hemorragia intracerebral o la hemorragia subaracnoidea.

El estudio del UK Biobank, publicado en PLOS Medicine, siguió a 365.682 participantes del Reino Unido. La investigación encontró una relación no lineal entre el consumo de café, el de té y la aparición posterior de ictus.

De acuerdo con ese trabajo, las personas que consumían dos o tres tazas de café y dos o tres de té al día tuvieron un 32% menos riesgo de ictus frente a quienes no bebían ninguna de las dos infusiones.

El estudio se basó en información declarada por los participantes al inicio del seguimiento.

Los investigadores advirtieron que ese resultado no permite establecer causalidad.

La cohorte tampoco representa de manera exacta a toda la población británica, una limitación que debe considerarse al interpretar sus conclusiones.

Una mujer sostiene su mejilla con una mano junto a una ilustración de un cerebro humano que tiene una mancha roja luminosa en el centro.
De acuerdo con ese trabajo, las personas que consumían dos o tres tazas de café y dos o tres de té al día tuvieron un 32% menos riesgo de ictus frente a quienes no bebían ninguna de las dos infusiones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los compuestos del café podrían actuar sobre factores vasculares

Una revisión publicada en Stroke, revista científica de la American Heart Association, planteó varios mecanismos posibles. El café contiene cafeína, pero también polifenoles, ácidos clorogénicos, diterpenos y otros compuestos bioactivos.

Los autores señalaron que los polifenoles podrían contribuir a mejorar la función endotelial. El endotelio es la capa de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y participa en la regulación de su funcionamiento.

La revisión también describió potenciales efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Esos procesos son relevantes porque la inflamación crónica, la aterosclerosis y las alteraciones metabólicas participan en la aparición de enfermedad cardiovascular.

El café se ha asociado además con una menor incidencia de diabetes tipo 2 en estudios poblacionales. Como la diabetes eleva el riesgo de ictus isquémico, una mejor regulación de la glucosa podría intervenir de forma indirecta.

El método de preparación modifica algunos componentes de la bebida. La revisión en Stroke recordó que el café sin filtrar puede contener diterpenos capaces de elevar el colesterol LDL, mientras que las preparaciones filtradas reducen esa exposición.

Ninguno de estos mecanismos confirma por sí mismo que el café reduzca los accidentes cerebrovasculares. La explicación biológica sigue en estudio y los resultados deben interpretarse junto con las limitaciones de la evidencia observacional.

Dos manos con suéter tejido sostienen una taza gris llena de café negro humeante sobre un fondo difuminado de madera y plantas
El método de preparación modifica algunos componentes de la bebida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los límites de seguridad incluyen el rango analizado por los estudios

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, un organismo de la Unión Europea con sede en Italia, concluyó que hasta 400 mg diarios de cafeína procedente de todas las fuentes no generan preocupaciones de seguridad para la mayoría de los adultos sanos.

Ese umbral equivale aproximadamente a tres o cinco tazas de café filtrado, aunque la cantidad real de cafeína depende del tamaño de la porción, el tipo de grano y el método de preparación.

La EFSA indicó también que 100 mg de cafeína pueden afectar el sueño de algunos adultos si se consumen cerca de la hora de acostarse. Las alteraciones del descanso, el nerviosismo y las palpitaciones son factores que pueden obligar a disminuir la ingesta.

La American Heart Association sostuvo una posición similar en su declaración científica sobre cafeína y enfermedad cardiovascular.

La entidad estadounidense señaló que hasta 400 mg diarios suele ser una cantidad segura para la mayoría de los adultos.

La asociación añadió que diferentes investigaciones vincularon el consumo de dos a cuatro tazas diarias con menor riesgo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca y accidente cerebrovascular.

También destacó la importancia de evitar grandes cantidades de azúcar, crema o saborizantes.

En embarazadas, la EFSA establece un límite menor: hasta 200 mg diarios de cafeína procedente de todas las fuentes. Los datos de las cohortes generales no deben trasladarse sin más a esa población.

Una mujer bebe de una taza junto a tres tazas apiladas con manchas de café, con una gráfica azul de un cerebro sobre su cabeza.
Hasta 400 mg diarios de cafeína procedente de todas las fuentes no generan preocupaciones de seguridad para la mayoría de los adultos sanos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La asociación no reemplaza las medidas de prevención comprobadas

Los estudios de genética mendeliana introducen una reserva importante. Una revisión publicada por Cambridge University Press no encontró pruebas concluyentes de que el consumo de café tenga un efecto causal protector contra el ictus.

Este tipo de trabajos utiliza variantes genéticas relacionadas con la ingesta de café para reducir la influencia de variables como la dieta, el tabaquismo, el nivel socioeconómico o la actividad física. Sus resultados no confirmaron el beneficio causal sugerido por las cohortes.

La discrepancia puede tener varias explicaciones. El café podría ser un marcador de otros hábitos saludables o las herramientas genéticas empleadas podrían no representar de forma completa el consumo real de la bebida.

Por esa razón, los estudios no permiten afirmar que el café prevenga un accidente cerebrovascular. La formulación rigurosa es que el consumo habitual moderado se asocia con un riesgo menor en investigaciones observacionales.

El control de la presión arterial, el abandono del tabaco, la actividad física regular y una alimentación equilibrada siguen siendo las medidas con mayor respaldo para reducir la probabilidad de sufrir un ictus.

Para adultos sin restricciones médicas, el conjunto de la evidencia sitúa entre dos y cuatro tazas diarias el rango de café asociado con resultados más favorables. Aumentar el consumo por encima de ese nivel no mostró una protección adicional clara.

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