Agua en crisis: ciudades mexicanas que recibieron al Mundial 2026 padecen escasez tras millonarias inversiones

Privatización de pozos, contaminación de agua potable y afectación en ríos, algunos de los principales conflictos en CDMX, Guadalajara y Monterrey

REUTERS/Raquel Cunha
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Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara recibieron inversión pública para adecuar su infraestructura rumbo al Mundial 2026, sin embargo, los conflictos por el agua persistieron en las tres sedes mexicanas todavía meses después del evento deportivo, de acuerdo con los hallazgos preliminares del proyecto de investigación “Ciudad en juego”, de la Universidad Iberoamericana.

El estudio, desarrollado durante un año y medio, documentó las consecuencias sociales y ambientales de las obras vinculadas con el torneo. Las investigadoras e investigadores sostuvieron que los recursos se concentraron en zonas y servicios dirigidos al turismo, mientras las necesidades de las colonias cercanas a los estadios quedaron sin una respuesta de fondo.

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Los resultados se presentaron los días 24 y 25 de septiembre en el Centro de Exploración y Pensamiento Crítico de la IBERO, ubicado en Avenida Revolución 1291, en la colonia Los Alpes, alcaldía Álvaro Obregón. El coloquio reunió a especialistas de México, Canadá y Estados Unidos.

Las tres sedes mantuvieron conflictos distintos por el agua

La doctora Mónica Streule advirtió que el agua apareció como un tema constante en las tres ciudades que recibieron partidos del Mundial 2026. Cada caso tuvo rasgos propios, pero los problemas se mantuvieron pese a las adecuaciones urbanas y los recursos destinados a la competencia.

En la Ciudad de México, el conflicto se concentró en la privatización de pozos. En Monterrey, las preocupaciones se relacionaron con la afectación de ríos. Guadalajara enfrentó denuncias por contaminación en el agua que llegó directamente a las viviendas.

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Streule precisó que estos problemas no surgieron a partir del Mundial. “El tema del agua es recurrente en los tres casos”, afirmó la investigadora. Las fallas ya estaban presentes antes de que las ciudades fueran consideradas sedes, pero las obras ejecutadas tampoco las resolvieron.

La investigadora sostuvo que las inversiones no se orientaron a corregir las carencias cotidianas de quienes vivieron en las zonas intervenidas. “Ahora, con toda la inversión que se ha hecho en las ciudades sede, no se han atendido esos problemas, y lo que se ha hecho en infraestructura está muy dirigido a los usos de turismo”, explicó.

Las obras alrededor de los estadios no partieron de los residentes

El doctor Roger Magazine Nemhauser señaló que los proyectos construidos alrededor de los estadios debieron definirse mediante un diálogo directo con los residentes. Esa consulta, afirmó, no ocurrió de forma suficiente.

La falta de participación vecinal dejó fuera a quienes enfrentaron los efectos de las obras, desde cambios en la circulación y el acceso a servicios hasta la presión sobre el agua. Para los especialistas, la planificación urbana no podía limitarse a las necesidades de visitantes, patrocinadores o asistentes a los partidos.

Magazine Nemhauser también identificó un aumento en los precios de boletos y servicios asociados con el torneo. Esa dinámica redujo las posibilidades de acceso de la población local a los partidos que se jugaron en sus propias ciudades.

El investigador describió el esquema de la FIFA como un modelo extractivista deportivo de negocios. Bajo esa lógica, los patrocinadores comerciales concentraron los beneficios económicos, mientras los gobiernos locales asumieron el gasto en infraestructura con recursos públicos.

La inversión, añadió, no tuvo una recuperación proporcional para las administraciones locales. El cuestionamiento no se dirigió sólo a la organización de los partidos, sino al destino de los fondos y a la permanencia de los beneficios para las comunidades después de la competencia.

Persistieron pozos privatizados e inundaciones cerca del Estadio Azteca

En las colonias cercanas al Estadio Azteca, la investigación de Streule identificó algunos asuntos que recibieron atención durante las obras vinculadas con el Mundial. Pese a ello, permanecieron conflictos que afectaron a los habitantes de la zona.

Uno de ellos fue la privatización de un pozo. Otro fueron las inundaciones recurrentes durante la temporada de lluvias. Ambos temas siguieron presentes pese a la preparación del área para recibir partidos del torneo.

La investigadora cuestionó que la atención se concentrara en las semanas que rodearon a la competencia. “No se vio mucho de lo que pasó antes, menos lo que ha pasado después del Mundial, como si estos problemas hubieran desaparecido”, advirtió.

El proyecto “Ciudad en juego” buscó mantener la discusión sobre el agua, la infraestructura y las consecuencias para los residentes de las sedes mexicanas. Durante el coloquio también se presentó un estudio sobre las condiciones laborales de trabajadores de limpieza durante el Mundial en Los Ángeles.

La investigación planteó que las obras mundialistas debían evaluarse más allá de la competencia y de los servicios para visitantes. En Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, los conflictos por el agua permanecieron como una deuda para las autoridades responsables de la infraestructura pública.

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