Tu hijo abre los ojos y busca el celular: estas son las señales que los papás deben tomar en cuenta

Revisar redes sociales o videojuegos como primera actividad del día puede afectar la rutina, el descanso y la concentración de niños y adolescentes

Un hombre recostado en una cama sostiene un teléfono inteligente junto a una mesa de noche con libros y una taza.
Un joven recostado en su cama observa la pantalla de un teléfono celular momentos después de abrir los ojos. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En México y el mundo, el teléfono celular se consolida como el principal puente de acceso a internet, comunicación y entretenimiento, sin embargo utilizar este dispositivo a menor edad podría causar efectos en niñas, niños y jóvenes adolescentes.

En el país, 84.6% de la población de 6 años y más usa los teléfonos celulares, mientras que 97.3% de quienes navegan en internet se conecta mediante un smartphone, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025.

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Esta presencia facilita la comunicación inmediata entre dos o más personas, pero también altera las rutinas familiares y horas de descanso, sobre todo entre niños y adolescentes para quienes el dispositivo concentra redes sociales, videojuegos, videos y conversaciones por chats.

El control de los celulares se ha vuelto un reto para los papás, no por el afán de eliminar el uso de los teléfonos, sino evitar que desplace el sueño, la convivencia, la actividad física y las responsabilidades escolares de sus hijos.

¿Qué puede indicar que los menores revisen el celular apenas despiertan?

Un hombre recostado en una cama estira el brazo para tocar la pantalla encendida de un teléfono celular colocado sobre una mesa de noche.
Un joven recostado en la cama extiende el brazo para apagar la alarma de su teléfono móvil (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando un niño o adolescente abre los ojos y busca el celular no significa, por sí solo, que tenga una adicción o un problema de salud mental. Es una conducta que puede responder a una rutina aprendida: el teléfono funciona como despertador, concentra mensajes de amigos, tareas escolares, videojuegos, videos cortos y redes sociales.

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El punto de atención para los papás aparece cuando esa necesidad de revisar la pantalla desplaza actividades básicas, impide el descanso o provoca malestar si el teléfono se encuentra fuera de disposición.

La escena suele empezar desde la noche anterior. Muchos menores de edad dejan el celular junto a la cama con motivo de una alarma, para responder mensajes o mirar contenidos antes de ir a dormir. El teléfono queda al alcance durante la madrugada y se convierte en el primer estímulo al despertar.

Por tanto, la mañana no inicia con tomar el desayuno, conversar en casa o preparar la mochila para asistir a la escuela, sino con verificar sus notificaciones, observar videos, ver sus conversaciones o navegar por las redes sociales.

La evidencia disponible relaciona el uso de dispositivos cerca de la hora de dormir y durante la noche con malos resultados de sueño. Estudios revisados por especialistas señalan asociaciones con: acostarse más tarde, dormir menos horas, tardar más en conciliar el sueño y presentar cansancio durante el día.

El problema no se limita a la luz de la pantalla, también influye la actividad, por ejemplo: una discusión en un chat, la presión por responder, un videojuego competitivo, noticias que generan preocupación o el deseo de mirar nuevos videos pueden inquietar a los menores cuando deberían descansar.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), recomiendan que los niños de 6 a 12 años tienen que dormir entre 9 y 12 horas cada día y para adolescentes de 13 a 18 años, la recomendación es de 8 a 10 horas. La institución plantea que los límites nocturnos para el uso de tecnología y dejar los teléfonos fuera de la recámara pueden favorecer un descanso suficiente.

El hábito de mirar el celular al despertar puede ser una continuación de ese uso nocturno. Si un adolescente se desvela por estar conectado, es posible que despierte cansado, posponga levantarse y use el teléfono como una forma de distraerse del sueño, el estrés o las obligaciones del día.

Revisar el celular no sería entonces el origen único del problema, sino parte de un ciclo: el dispositivo retrasa el descanso, el menor amanece con cansancio y vuelve a recurrir a la pantalla desde los primeros minutos del día.

Una de las razones más frecuentes de mirar el teléfono móvil recién despiertan los niños o adolescentes, es la expectativa de encontrar algo nuevo, es decir, recibir actualizaciones, mensajes, “likes”, videos recomendados y notificaciones de juegos que ofrecen recompensas rápidas e impredecibles.

El menor no sabe si encontrará un mensaje importante o un contenido atractivo y esa incertidumbre puede reforzar el impulso de desbloquear la pantalla una y otra vez hasta encontrar algo novedoso.

También existe una razón social. Para muchos adolescentes, los grupos de mensajería y los medios sociales son espacios donde se organizan tareas, pláticas y relaciones con sus pares. Algunos sienten que si no responden de inmediato se perderán de una conversación, una broma o una situación relevante dentro de su grupo. Esa presión por mantenerse disponible puede trasladarse a la primera hora de la mañana.

Un hombre en la cama toma un teléfono móvil encendido junto a un reloj digital y un vaso de agua.
Un joven acostado en su cama sostiene su teléfono móvil (Imagen Ilustrativa Infobae)

En otros casos, el celular sirve para evitar emociones incómodas. Un menor puede ocupar el dispositivo para no pensar en un examen, una discusión familiar, problemas con compañeros o la dificultad de comenzar la jornada.

Los celulares ofrecen una vía inmediata para distraerse. Esto no permite concluir que exista un trastorno, pero sí abre una conversación sobre el estado de ánimo, la escuela y el descanso. El diseño de muchas plataformas también favorece que el tiempo se prolongue.

Los videos se reproducen de forma subsecuente, las aplicaciones envían avisos y los contenidos se adaptan a los intereses del usuario. Un adolescente puede tomar el celular con la idea de revisar la hora y permanecer conectado 20 o 30 minutos sin advertirlo. Cuando esto ocurre todos los días, puede modificar la rutina familiar y generar retrasos para desayunar, bañarse, vestirse o salir de casa.

Efectos que podrían aparecer en niños o adolescentes durante el día

Un niño sentado en una cama deshecha mira la pantalla iluminada de un teléfono móvil, junto a un libro abierto y un vaso de agua.
Un niño utiliza su teléfono celular tras abrir los ojos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los primeros efectos a detectar es el cansancio. Si el teléfono forma parte de una rutina nocturna prolongada, el menor de edad puede dormir menos de lo necesario. Esto suele reflejarse en dificultad para despertar, somnolencia durante las clases, necesidad de dormir por las tarde o irritabilidad desde las primeras horas del día. También pueden surgir problemas de concentración.

Dormir poco afecta la atención, la memoria y la capacidad para organizar tareas. Un niño o adolescente que revisa redes sociales, videos o mensajes apenas abre los ojos, puede iniciar el día con múltiples estímulos y llegar a la escuela con la mente dispersa.

No hay una regla que indique que toda revisión matutina del celular genera bajo rendimiento escolar, pero cuando coincide con falta de sueño, retrasos y pesadez para cumplir responsabilidades, conviene revisar el patrón completo.

El estado de ánimo es otra señal que los papás deben tomar en consideración. Algunos menores reaccionan con enojo, frustración o ansiedad si no encuentran el celular, si no tienen conexión o si los padres les piden dejar el teléfono. La irritación ocasional no equivale a dependencia. La preocupación incrementa cuando la respuesta es intensa, repetitiva y afecta la convivencia familiar.

El uso temprano del teléfono celular también puede restar espacio a actividades que ayudan a empezar el día con mayor orden: ir a bañarse, desayunar, acomodar sus útiles, conversar con la familia o simplemente levantarse con tiempo de sobra.

En hogares con horarios apretados, esos minutos pueden convertirse en discusiones recurrentes. El problema no es únicamente el aparato, sino que los niños no logran detenerse cuando necesita hacerlo.

Una revisión sistemática sobre adolescentes encontró que el uso de celular alrededor de la hora de dormir y la presión por mantenerse activo, se relacionan con una menor duración y peor calidad del sueño. El documento advierte que la evidencia tiene limitaciones y que no permite atribuir todos los problemas de salud mental a las pantallas, pero sí identifica al sueño como un factor relevante.

Señales que los papás deben tomar en consideraciones

Un hombre y una mujer sentados en un sofá observan a un joven que sostiene y mira fijamente la pantalla de un teléfono móvil.
Papá y mamá miran a su hijo con el celular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los padres de familia pueden fijarse en la frecuencia, el tiempo de uso y las consecuencias. No se trata de vigilar cada movimiento del hijo ni de revisar sus conversaciones privadas sin motivo, sino de identificar si la tecnología desplaza aspectos necesarios de su vida cotidiana.

Algunas señales que pueden ameritar una intervención de los papás enfilan a continuación:

  • El menor se duerme muy tarde porque permanece con el celular.
  • Despierta de noche para revisar mensajes, redes o videojuegos.
  • Amanece cansado de forma frecuente y le cuesta levantarse.
  • Toma el teléfono antes de salir de la cama y pierde la noción del tiempo.
  • Llega tarde a la escuela o sale sin desayunar por permanecer conectado.
  • Se pone muy irritable o ansioso cuando no puede usar el dispositivo.
  • Deja de convivir, hacer ejercicio, cumplir con tareas o practicar actividades que antes disfrutaba.
  • Oculta el tiempo real que pasa conectado o miente para evitar límites.
  • Tiene conflictos repetidos en casa por el teléfono.
  • Baja su rendimiento escolar o se queda dormido en clase.

Qué pueden hacer los papás ante estos indicios por el uso del celular

Un hombre y una mujer sentados en un sofá observan a un niño que mira un teléfono celular en un sillón.
Unos padres sentados en el sofá de su vivienda observan a su hijo mientras el menor utiliza un teléfono inteligente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La primera medida es sacar el celular de la recámara durante la noche. Puede cargarse en una zona común de la casa y usar un despertador convencional. Esta decisión evita que el dispositivo quede disponible para navegar de madrugada y reduce la tentación de revisarlo antes de la hora de levantarse. El CDC sugiere considerar una hora límite para la tecnología y retirar esos aparatos de las habitaciones.

Las reglas funcionan mejor cuando incluyen a toda la familia. Si los adultos revisan mensajes durante la cena, usan el celular en la cama o contestan notificaciones a cualquier hora, será más difícil pedir a los hijos que adopten otra conducta.

Una norma colectiva puede ser mantener las recámaras sin pantallas durante la noche, no usar el celular en la mesa y esperar hasta después del desayuno para entrar a redes sociales, salvo llamadas o asuntos que sean de urgencia.

También conviene hablar con los hijos antes de imponer una prohibición. Preguntar qué revisa al despertar, por qué siente que debe hacerlo y cuánto tiempo permanece conectado permite entender si hay presión social, aburrimiento, ansiedad o una rutina automática.

El objetivo es construir acuerdos claros: a qué hora se deja el teléfono, dónde se carga, qué ocurre si hay tareas escolares y qué excepciones existen para emergencias. Una rutina de mañana puede ayudar a sustituir el impulso de tomar el celular.

Salir de la cama, abrir la cortina, tomar un vaso de agua, asearse, desayunar y preparar las cosas para salir son acciones sencillas que dan estructura. Para algunos adolescentes, escuchar música sin revisar redes, usar una alarma independiente o dejar listo el uniforme desde la noche anterior puede facilitar el cambio.

Es preferible evitar castigos desproporcionados o retirar el celular sin explicación durante periodos largos. Esa medida puede aumentar el conflicto y no enseña a regular el uso. Los límites deben ser consistentes, comprensibles y acordes con la edad.

Si se establece que el teléfono celular se carga fuera de la recámara a determinada hora, la regla se necesita llevar a cabo los siete días de la semana, esto incluye sábado y domingo, con ajustes razonables cuando haya situaciones especiales.

Cuándo pedir apoyo profesional

Un hombre y una mujer sentados en un sofá conversan con una especialista que toma notas cerca de un cuadro informativo.
Unos padres conversan con una terapeuta en una consulta sobre el uso excesivo del teléfono móvil en la infancia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los papás pueden consultar con un pediatra, psicólogo o especialista en sueño si el menor presenta insomnio persistente, somnolencia intensa durante el día, cambios marcados de ánimo, ansiedad, aislamiento, caída importante en el desempeño escolar o conflictos que la familia no logra manejar.

También es conveniente pedir orientación si el niño o adolescente usa el celular de madrugada de manera continua o si dejarlo provoca reacciones desproporcionadas. El celular al despertar no debe presentarse como una prueba automática de adicción.

Es una conducta que puede revelar falta de descanso, necesidad de conexión, presión social o dificultad para organizar la rutina. La clave para los papás está en mirar el conjunto: horas de sueño, estado de ánimo, responsabilidad, convivencia y capacidad de poner el teléfono a un lado cuando sea necesario.

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