Casi la mitad de la población enfrenta problemas para dormir en México: el insomnio eleva el riesgo de depresión y enfermedades cardiovasculares

Entre las recomendaciones para descansar mejor destacan: evitar el uso de dispositivos electrónicos en la cama, preferir cenas ligeras y establecer rutinas constantes de sueño

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Reloj despertador sobre una mesita de noche, iluminado a la izquierda por luz diurna y oscuro a la derecha con una cama visible.
Ciclo de sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

Especialistas y académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dieron a conocer los desafíos actuales vinculados a los trastornos del sueño, haciendo énfasis en la magnitud del problema a nivel mundial. Según una experta en Neurobiología, cerca del 45 % de la población en el país sufre algún tipo de dificultad para dormir, lo que repercute directamente en el bienestar físico y emocional de millones de personas.

La privación del sueño no solo afecta el estado anímico, sino que puede detonar síntomas depresivos y aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurológicas. Además, aunque la mayoría de los adultos requiere entre siete y ocho horas de descanso, hay quienes con cinco horas mantienen un estado saludable, pues las necesidades varían entre individuos.

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Por otro lado, el insomnio se relaciona con múltiples trastornos mentales, por lo que, mantener una buena higiene del sueño es fundamental para la prevención y el manejo de estos problemas. Entre las recomendaciones, destacan evitar el uso de dispositivos electrónicos en la cama, preferir cenas ligeras y establecer rutinas constantes de sueño.

Mitos sobre el descanso

Una de las especialistas aclaró que las necesidades de sueño cambian a lo largo de la vida. Un recién nacido duerme en promedio 16 horas por día, mientras que los niños de un año suelen descansar 14 horas, repartidas entre la noche y dos siestas diurnas. Para los infantes de cuatro años, el promedio baja a 10 horas de sueño nocturno y una siesta. En la adultez, la cantidad de horas necesarias disminuye, aunque la calidad del descanso suele mejorar. En la vejez, el patrón se fragmenta nuevamente y el sueño MOR (la fase donde el cerebro presenta mayor actividad) se reduce, afectando la memoria y favoreciendo la aparición de dificultades cognitivas.

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Infografía sobre el sueño con hombre durmiendo, cerebro y reloj. Ilustraciones de necesidades por edad, hábitos y estadística del 45% de la población.
Las necesidades de sueño varían con la edad y los hábitos, y se indica que el 45% de la población tiene problemas para dormir, sin una cifra universal de horas de descanso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La falta de descanso adecuado puede intensificar trastornos orgánicos y mentales, como la depresión, además de aumentar la propensión a enfermedades cardiovasculares y neurológicas. Los problemas de sueño, como la apnea, la narcolepsia o los desórdenes del ritmo circadiano, tienden a agravarse cuando no se atienden adecuadamente.

Factores como la edad y el estado de salud también influyen en la necesidad de dormir. Entre los mitos, se encuentra la idea de que se puede recuperar el sueño perdido durmiendo más al día siguiente, o que quienes roncan no descansan correctamente. De hecho, en ocasiones, el problema afecta más a la pareja que comparte la habitación.

¿Es necesario dormir ocho horas?

El debate sobre la cantidad óptima de horas de sueño se ha reavivado por nuevas investigaciones y opiniones de expertos. Aunque la recomendación general de dormir ocho horas está muy extendida, diversos especialistas advierten que no existe una cifra mágica que se aplique a todos. La calidad y la regularidad del descanso nocturno pueden ser tan determinantes como la cantidad, y los riesgos para la salud aumentan tanto cuando se duerme poco como cuando se exceden las horas recomendadas.

Cardiólogos y neurólogos coinciden en que, para la mayoría de los adultos, el riesgo de problemas de salud suele ser menor al dormir alrededor de siete horas. Algunos estudios señalan que descansar entre seis y siete horas de buena calidad y de manera constante es preferible a tener rutinas irregulares, incluso si suman ocho horas totales. Además, dormir menos de seis horas de manera persistente en edades avanzadas se ha asociado con un aumento del riesgo de demencia y otras enfermedades, aunque no se ha demostrado que sea la causa directa.

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