Yaxchilán, la zona arqueológica maya en Chiapas a la que sólo se puede llegar por lancha

El acceso a este sitio en México requiere trasladarse por carretera hasta Frontera Corozal y luego tomar una lancha durante 30 a 40 minutos por el río Usumacinta, sin rutas terrestres directas disponibles

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Un collage vertical muestra un relieve maya de piedra a la izquierda y un atardecer sobre un río con árboles en la orilla a la derecha.
Ubicada en la orilla sur del río Usumacinta, en el municipio de Ocosingo, sobre la frontera entre México y Guatemala, la zona arqueológica no tiene acceso por carretera. Para llegar, los visitantes deben trasladarse hasta Frontera Corozal —a 164 kilómetros de Palenque por la Carretera 307— y abordar una lancha de motor que navega entre 30 y 40 minutos río adentro (INAH)

Yaxchilán, la ciudad maya que solo se alcanza por el río Usumacinta, permanece en pie entre la espesura de la Selva Lacandona en Chiapas, como uno de los testimonios más completos del Clásico Tardío maya. Sus 120 edificios, cientos de inscripciones jeroglíficas y dinteles esculpidos en piedra caliza narran más de cinco siglos de una dinastía que compitió con las grandes potencias de su era.

Ubicada en la orilla sur del río Usumacinta, en el municipio de Ocosingo, sobre la frontera entre México y Guatemala, la zona arqueológica no tiene acceso por carretera. Para llegar, los visitantes deben trasladarse hasta Frontera Corozal —a 164 kilómetros de Palenque por la Carretera 307— y abordar una lancha de motor que navega entre 30 y 40 minutos río adentro. La alternativa es una avioneta desde Palenque, Ocosingo, Tuxtla Gutiérrez o Tenosique.

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INAH/Yaxchilán

Frontera natural como fortaleza

Primer plano de un relieve en piedra caliza con dos figuras antropomorfas de perfil, vestimenta detallada, tocados y ornamentos
La ciudad alcanzó su mayor expansión entre los años 600 y 800 d.C., período que los arqueólogos denominan Clásico Tardío. En ese lapso se convirtió en una capital regional que dominó sitios menores como Bonampak y sostuvo rivalidades prolongadas con Piedras Negras, Tikal y Palenque (INAH/Yaxchilán)

Yaxchilán —cuyo nombre prehispánico era Pa’Chan, “Cielo Divino”— fue fundada alrededor del año 300 d.C. Su posición geográfica no era casual: el río Usumacinta rodea casi por completo el asentamiento, que ocupa el vértice de un meandro en herradura, lo que le otorgó una defensa natural ante sus rivales.

La ciudad alcanzó su mayor expansión entre los años 600 y 800 d.C., período que los arqueólogos denominan Clásico Tardío. En ese lapso se convirtió en una capital regional que dominó sitios menores como Bonampak y sostuvo rivalidades prolongadas con Piedras Negras, Tikal y Palenque. La dinastía se extinguió a principios del siglo IX y la selva fue absorbiendo la ciudad.

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Más de 400 años de construcción en piedra

Sol redondo, cielo anaranjado, nubes rosadas, río con reflejo solar brillante, orilla con árboles silueteados
Lo que distingue a Yaxchilán del resto de las zonas arqueológicas mayas es la densidad de su registro escrito: 124 textos distribuidos en 30 estelas, 21 altares y 59 dinteles. (INAH/Yaxchilán)

Los 120 edificios identificados en el área nuclear del sitio son el resultado de más de cuatro siglos de actividad constructiva. Se distribuyen en tres conjuntos: la Gran Plaza, paralela al río; la Gran Acrópolis, en una cuesta elevada; y la Pequeña Acrópolis, accesible por un sendero selvático. De ese total, 50 estructuras están abiertas al público.

Lo que distingue a Yaxchilán del resto de las zonas arqueológicas mayas es la densidad de su registro escrito: 124 textos distribuidos en 30 estelas, 21 altares y 59 dinteles. Esas inscripciones no son decorativas; documentan alianzas, guerras, rituales y la genealogía de sus gobernantes con una precisión que los arqueólogos aún descifran.

Los gobernantes que tallaron su historia

Primer plano de un tronco de árbol con raíces anchas. Detrás, un edificio antiguo de piedra entre césped y vegetación densa. Logotipos de Cultura e INAH
Un edificio prehispánico de piedra con escalinatas y columnatas se alza en un claro de césped, flanqueado por la selva y un gran árbol. (INAH/Yaxchilán)

Tres figuras dominan la narrativa dinástica de Yaxchilán. Escudo Jaguar I reinó entre 681 y 742 d.C. y consolidó el poder regional de la ciudad. Le sucedió Pájaro Jaguar IV, quien gobernó de 752 a 768 d.C. y ordenó la construcción del Edificio 33 de la Gran Acrópolis, considerado por los especialistas una de las obras arquitectónicas más logradas del mundo maya. En su interior se conserva una escultura decapitada del propio gobernante.

El Edificio 23, también del período de Escudo Jaguar I, albergaba los dinteles 24 y 25, que representan rituales de extracción de sangre y visiones ceremoniales. Ambas piezas fueron retiradas a finales del siglo XIX y hoy se exhiben en el Museo Británico. El dintel 26, de la misma serie, se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México.

Selva, comunidad y acceso controlado

Edificio de piedra antiguo con relieves y vegetación en sus muros, rodeado de una densa selva. Una escalera de piedra se observa a la izquierda
El Edificio M-049, una estructura de piedra con elementos ornamentales, se yergue entre la densa vegetación de la antigua ciudad maya de Yaxchilán, México. (INAH/Yaxchilán)

La inaccesibilidad del sitio ha sido, paradójicamente, su mejor protección. Al estar inmerso en la Selva Lacandona y alejado de obras de infraestructura, Yaxchilán conserva un entorno selvático que otros grandes sitios mayas perdieron hace décadas. Ha sido declarado monumento natural y cultural.

El ingreso está regulado por dos instancias. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas cobra 120 pesos mexicanos por persona por el acceso a la zona natural protegida. La comunidad indígena chol, que administra parte del sitio, cobra otros 80 pesos. Antes de llegar al embarcadero, los visitantes deben pasar dos retenes comunitarios donde está prohibido tomar fotografías.

Algunos mayas lacandones continúan realizando peregrinaciones a Yaxchilán para llevar a cabo rituales a sus dioses, en el mismo lugar donde sus antepasados construyeron templos hace más de mil 700 años.

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