
La euforia por el Mundial se manifiesta en las calles de México con celebraciones multitudinarias, cánticos y muestras de júbilo colectivo.
Las plazas y avenidas se llenan de personas que, ondeando banderas y vistiendo los colores nacionales, comparten una emoción que trasciende lo deportivo y se convierte en una vivencia comunitaria.
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Sin embargo, sin duda esta pasión se ha visto desbordada e incluso ha tenido desenlaces trágicos, como los dos atropellamientos que se han registrado en diferentes puntos del país.
Estos hechos, así como destrozos y otros fenómenos que se han vivido estos días de Mundial, han abierto la puerta a la reflexión sobre el festejo masivo, sus consecuencias, limites y razones psicológicas y sociales de existir.
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Al respecto, diversos especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México hablan sobre estos fenómenos sociales.

La búsqueda de comunidad en la euforia futbolera
La UNAM, la Copa Mundial de la FIFA 2026 y las celebraciones de la selección mexicana explican por qué cientos de miles de aficionados han salido a las calles de Ciudad de México y otras urbes del país: no se trata de un hecho excepcional, sino de una forma de pertenencia colectiva que se activa cuando una nación se reconoce en una fiesta común.
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Así lo explican especialistas como José Luis Treviño, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, en un artículo de la Gaceta UNAM: “el fútbol es el único fenómeno de masas que reúne a tantas personas en un mismo sentimiento” y añade que “la identidad nacional se refuerza mediante estos rituales de pertenencia, donde el individuo “deja de ser uno solo para ser parte de un todo”.
En este sentido, la celebración colectiva responde a una profunda necesidad de sentirse parte de una comunidad.
La respuesta a la euforia futbolera, de acuerdo con el investigador, está en la estructura misma de los torneos internacionales. Los equipos compiten bajo una bandera, usan símbolos patrios y entonan himnos nacionales, elementos que fortalecen la identificación emocional de los aficionados.
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Por su parte, Sergio Varela Hernández, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y especialista en sociología y antropología del deporte, sostuvo que estas manifestaciones responden a una necesidad humana de celebración en comunidad.
El académico explicó que, desde la sociología, estos episodios pueden leerse como espacios de reunión social donde las personas comparten emociones, refuerzan vínculos y reafirman sentimientos de pertenencia.“
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Las competencias deportivas internacionales se construyen a partir de países que se enfrentan simbólicamente en una cancha. Eso genera sentimientos de pertenencia muy fuertes”, afirmó el académico.
Además, añadió que los deportes están muy cerca del sentimiento nacionalista y que un Mundial activa mecanismos de identificación colectiva vinculados con la idea de México como nación.
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El Mundial como refugio frente a la soledad cotidiana
Por otro lado, la efervescencia futbolera permite que las personas se reconozcan entre sí a través de la emoción compartida, creando vínculos temporales pero intensos.
En este sentido, el festejo por el Mundial también puede funcionar como un mecanismo de evasión de la realidad.
De acuerdo con Treviño, la vida diaria puede estar llena de preocupaciones, carencias o dificultades, y la celebración masiva “brinda la oportunidad de olvidar, aunque sea por unas horas, los problemas personales y sociales”.
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Esta suspensión de la rutina y de la lógica racional abre paso a un estado de ánimo donde prevalece la emoción sobre la razón.
La euforia colectiva, sostiene Treviño, “es una válvula de escape ante la presión social y económica”, permitiendo que la sociedad se desahogue a través del júbilo compartido.
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El desbordamiento emocional y el riesgo de violencia
No obstante, a pesar de la felicidad y el sentimiento de comunidad, la exaltación de los ánimos puede derivar en episodios de violencia, como los que se han registrado en los últimos días.
Hugo Sánchez Gudiño, profesor de la Facultad de Psicología, señala que la intensidad emocional de los festejos deportivos puede desbordarse, ya que “algunas personas viven el triunfo o la derrota como una cuestión personal y reaccionan con conductas agresivas”.
Sánchez Gudiño afirma que la violencia en estos contextos surge de la necesidad de reafirmar la identidad del grupo y de la falta de canales adecuados para expresar la emoción. La multitud, en su efervescencia, puede perder el control y dar paso a comportamientos que, fuera del contexto futbolístico, serían inaceptables.
De este modo, la celebración en comunidad durante el Mundial se convierte en un fenómeno social que revela tanto el deseo de pertenencia y evasión como los riesgos inherentes a la pasión colectiva, donde la alegría puede transformarse en violencia cuando la emoción supera los límites de la razón y el autocontrol.
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