¿Se puede registrar algo que se vuelve viral? El caso del pato Merlín abre debate sobre propiedad intelectual en internet

El sistema jurídico mexicano ofrece distintas vías para resguardar la creatividad, las marcas y los personajes virales

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Pato Merlín
Pato Merlín

El caso del pato Merlín ha puesto en el centro del debate nacional un tema cada vez más relevante en la era digital: la protección jurídica de los fenómenos virales. La imagen de este ave, que conquistó a miles de usuarios en redes sociales, motivó diversas solicitudes de registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI), desatando preguntas sobre los límites y alcances de la propiedad intelectual en el entorno virtual mexicano.

La controversia surgida por los intentos de apropiación legal de la imagen del animal y su posible explotación comercial ha revelado la importancia de definir quién puede reclamar derechos sobre personajes o elementos que alcanzan popularidad en internet. Frente a este fenómeno, especialistas destacan la necesidad de que las creaciones y activos digitales cuenten con una estrategia de protección adecuada para evitar disputas y aprovechar oportunidades económicas.

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Según Guillermo Roura Pérez y Esmeralda Zamora Becerra, expertos en Propiedad Intelectual de la Universidad Iberoamericana (IBERO), el sistema jurídico mexicano ofrece distintas vías para resguardar la creatividad, las marcas y los personajes virales, no solo a grandes corporaciones, sino también a personas creadoras, organizaciones y emprendedores.

¿Qué elementos se pueden proteger y cómo?

Actualmente existen varias figuras jurídicas disponibles. Entre las más utilizadas figuran los derechos de autor y las marcas comerciales, pero también destaca la “reserva de derechos al uso exclusivo”, un mecanismo específico que permite proteger aspectos únicos de personajes, ya sean físicos o psicológicos. Esta diversidad legal hace posible que cada creador diseñe un esquema de protección según la naturaleza y finalidad de su invención.

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El interés empresarial por asociarse con fenómenos virales responde a la búsqueda de ventajas competitivas: la viralidad otorga reconocimiento instantáneo, genera conversación pública y despierta emociones en el público, algo difícil de lograr con campañas tradicionales. En el caso de Merlín, las empresas no solo ven un personaje, sino una comunidad digital, una narrativa y un símbolo de empatía que puede traducirse en valor de marca.

Pato Merlín
Pato Merlín

Sin embargo, la espontaneidad con que surgen estos fenómenos puede jugar en contra de quienes los originan. Muchas veces, quienes crean el contenido no dimensionan su potencial económico hasta que otras personas ya han iniciado trámites de registro. Por eso, los expertos recomiendan actuar con rapidez: identificar el elemento susceptible de protección, elegir la figura legal adecuada y presentar la solicitud ante Indautor o el IMPI. Iniciar el trámite no garantiza protección automática; es necesario que las autoridades evalúen la procedencia del registro y solo tras la resolución favorable se pueden ejercer plenamente los derechos.

Retos, ética y recomendaciones para creadores

La viralidad puede ser fortuita, pero la protección legal requiere planificación. Tanto creadores independientes como pequeñas empresas deben buscar asesoría jurídica especializada para aprovechar las herramientas disponibles en el sistema de propiedad intelectual. El caso Merlín demuestra que no solo se trata de explotar comercialmente un personaje, sino también de reconocer el esfuerzo creativo y el valor cultural detrás de cada fenómeno popular.

Es fundamental mantener una visión ética, recordando que el pato Merlín es un ser vivo y no un simple producto. Lo que puede registrarse son representaciones gráficas, diseños, mercancías o personajes inspirados en él, siempre respetando su bienestar. El sistema contempla mecanismos de defensa ante controversias por registros similares, y la existencia de pruebas sobre el primer uso puede ser decisiva en disputas legales. Así, el fenómeno Merlín deja una lección sobre la importancia de anticipar la protección intelectual en tiempos de digitales.

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