
El hígado graso es una enfermedad cada vez más frecuente en México, ligada al aumento del sobrepeso, la diabetes y el sedentarismo.
Aunque no existe una edad exacta a partir de la cual deba haber alarma, especialistas señalan que el riesgo crece de manera significativa a partir de los 40 y 50 años, especialmente en personas con factores metabólicos como obesidad, hipertensión o antecedentes familiares.
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En sus primeras fases, el hígado graso suele ser silencioso y solo muestra síntomas cuando la acumulación de grasa y la inflamación han avanzado.
El riesgo se incrementa después de los 40 años
De acuerdo con la Secretaría de Salud y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la mayor incidencia de hígado graso y sus complicaciones aparece en personas de mediana edad. La prevalencia en adultos mexicanos oscila entre 49% y 50%, pero puede subir hasta 64% si se suman los casos leves. El riesgo se incrementa si existen antecedentes de diabetes tipo 2, obesidad abdominal, presión arterial alta o colesterol elevado.
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No obstante, quienes presentan obesidad, resistencia a la insulina o síndrome metabólico deben vigilar su salud hepática desde etapas más tempranas, incluso desde la adolescencia. El incremento de casos en niñas, niños y adolescentes se asocia con el aumento de obesidad en edades juveniles, lo que puede llevar a daño hepático irreversible y mayor riesgo de cirrosis o cáncer en la vida adulta, según reporta la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y la NASPGHAN.

Síntomas iniciales: los primeros signos pueden pasar inadvertidos
La enfermedad suele ser asintomática en sus primeras fases. Los primeros síntomas, si llegan a aparecer, incluyen fatiga persistente y molestia leve o dolor en la parte superior derecha del abdomen. Algunas personas experimentan:
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- Cansancio inexplicable.
- Dolor difuso que puede irradiarse hacia la espalda o el hombro derecho.
- Náuseas leves y pérdida de apetito.
En la mayoría de los casos, estos síntomas no son específicos y pueden atribuirse a otras causas, por lo que el diagnóstico suele hacerse por estudios de laboratorio o ultrasonido realizados por otro motivo.
Síntomas de alarma: etapas avanzadas del hígado graso
Cuando la condición progresa y se desarrolla inflamación severa (esteatohepatitis) o cicatrización (fibrosis/cirrosis), pueden aparecer signos más graves como:
- Ictericia: coloración amarilla en piel y ojos.
- Hinchazón: retención de líquidos en abdomen y tobillos.
- Picazón intensa en la piel.
- Orina oscura y heces claras.
La Secretaría de Salud y el IMSS recomiendan buscar atención médica inmediata si surgen estos síntomas, pues indican daño hepático avanzado.
Factores de riesgo: obesidad, diabetes y síndrome metabólico
Entre los principales factores asociados al desarrollo del hígado graso están la obesidad, la resistencia a la insulina, el consumo elevado de alimentos ultraprocesados, la falta de ejercicio y los antecedentes familiares de enfermedad hepática. La Secretaría de Salud destaca que entre 60% y 80% de los pacientes con diabetes tipo 2 en México también presentan hígado graso, lo que complica el manejo de ambas condiciones.
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Otros factores que incrementan el riesgo incluyen síndrome de ovario poliquístico, hipotiroidismo, apnea obstructiva del sueño y ciertos medicamentos. Además, el riesgo cardiovascular se incrementa de manera importante en quienes padecen hígado graso, siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad en estos pacientes.
Diagnóstico y prevención: la importancia de estudios preventivos
El diagnóstico del hígado graso suele hacerse mediante ultrasonido hepático y pruebas de función hepática. El IMSS recomienda realizar estudios de laboratorio y ultrasonido en personas con obesidad, diabetes o antecedentes familiares de enfermedad hepática, incluso si no presentan síntomas.
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Para el diagnóstico definitivo en casos de duda o sospecha de daño avanzado, la biopsia hepática es el estándar de oro, aunque solo se reserva para situaciones específicas.
¿A qué edad debo preocuparme?
La vigilancia debe iniciar en la población general a partir de los 40-50 años, pero quienes tengan obesidad, diabetes, hipertensión o antecedentes familiares deben hacerlo desde mucho antes, incluso en etapas juveniles. La detección y el tratamiento temprano posibilitan revertir la enfermedad en la mayoría de los casos.
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Recomendaciones para reducir el riesgo
Las autoridades de salud y asociaciones de hepatología sugieren:
- Mantener un peso saludable mediante dieta balanceada y ejercicio regular.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Realizar chequeos médicos periódicos, especialmente si existen factores de riesgo.
- Solicitar pruebas de función hepática si hay antecedentes de diabetes, obesidad o enfermedad hepática.
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