Saltarse el desayuno es uno de los hábitos más extendidos entre adultos en México y en el mundo.
La prisa, el ayuno intermitente o simplemente la falta de apetito matutino llevan a millones de personas a comenzar el día sin comer. Lo que pocos calculan es el precio que el cuerpo cobra por esa omisión.
El organismo pasa entre 8 y 10 horas sin recibir alimento durante la noche.
Al despertar, depende del desayuno para renovar sus reservas energéticas y activar los mecanismos que regulan el metabolismo, la concentración y el peso, advierte el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
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Saltarse esa primera comida no es un acto neutro: quienes lo hacen de forma habitual tienen 26% más riesgo de tener azúcar elevada en sangre, de acuerdo con un análisis científico publicado en la revista médica internacional Nutrients.
Sí afecta el peso, pero no de la manera en que se cree
Hay quienes omiten el desayuno con la idea de reducir calorías y adelgazar. La evidencia científica muestra que la ecuación es más complicada que eso.
La investigación de Nutrients, disponible a través del repositorio digital PubMed Central del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, analizó 9 estudios con más de 118 mil participantes, encontró que quienes se saltan el desayuno tienen un 10% más de riesgo de desarrollar síndrome metabólico frente a quienes desayunan regularmente.
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El síndrome metabólico es un conjunto de condiciones —obesidad abdominal, glucosa elevada, presión alta y colesterol alterado— que en combinación disparan el riesgo de diabetes y enfermedades del corazón.
Dicho de otro modo: es posible perder algunos gramos en la báscula, pero ganar un problema de salud mucho más serio en el proceso.
Obesidad, presión alta y azúcar elevada: los riesgos concretos
El mismo análisis desglosa los riesgos por componente. Quienes omiten el desayuno presentan 17% más probabilidad de acumular grasa abdominal, la más peligrosa desde el punto de vista cardiovascular porque rodea los órganos internos.
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La hipertensión también aparece en el radar: el riesgo sube 21% en personas que no desayunan.
La hiperglucemia —niveles elevados de azúcar en sangre, precursora de la diabetes tipo 2— registra el incremento más pronunciado: 26% más riesgo respecto a quienes sí consumen su primer alimento del día.
La dislipidemia, es decir, el desorden en los niveles de colesterol y triglicéridos, aumenta 13%.
Cada uno de esos indicadores, por separado, ya representa una señal de alerta. Juntos, configuran el síndrome metabólico.
Sin desayuno, el metabolismo entra en modo de alerta
Omitir el desayuno altera el ritmo del metabolismo. El cuerpo, que esperaba recibir combustible al despertar, activa mecanismos compensatorios: eleva la resistencia a la insulina, aumenta el tono del sistema nervioso simpático y desregula el ciclo hormonal que controla el hambre y la saciedad.
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El resultado práctico es conocido por quienes lo viven: hambre intensa a media mañana, antojos de alimentos altos en azúcar y grasa, y una tendencia a comer en exceso en las comidas siguientes.
El déficit calórico del desayuno rara vez se mantiene; en cambio, se traslada y se amplifica en la tarde o la noche.
Lo que recomienda el IMSS
El IMSS, a través de un comunicado, advirtió que omitir el desayuno puede provocar fatiga y mareos, sobre todo durante la actividad física.
Sus efectos son especialmente notorios en niños en edad escolar, cuyo rendimiento cognitivo depende directamente de recibir glucosa en las primeras horas del día.
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La institución recomienda no saltarse ninguna comida ni seguir dietas de adelgazamiento sin supervisión médica.
Propone distribuir la ingesta en cuatro o cinco comidas ligeras al día —en lugar de concentrar todo en una o dos— y asegurarse de que el desayuno incluya cereales con fibra, frutas, verduras y proteínas de calidad como huevo, leguminosas o carne magra.