Estudio revela cómo impactan los discursos de odio digitales en la violencia y las masculinidades juveniles

La influencia de la “manósfera” capitaliza la frustración masculina y culpa a mujeres de los problemas de los hombres

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Joven sentado solo en una habitación oscura, mirando hacia abajo. Sombras de puños, armas y símbolos digitales distorsionados se proyectan en la pared a su alrededor.
Un joven se sienta solo, absorto en sus pensamientos, mientras su entorno refleja una compleja red de presiones sociales y amenazas simbólicas que lo rodean. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto de la violencia y las masculinidades tradicionales en la vida de millones de jóvenes mexicanos fue el eje de una conversación entre el antropólogo Nitzan Shoshan y el psicólogo Iván Salazar en el programa “Seguridad en comunidad”.

Bajo la conducción de Ernesto López Portillo, responsable del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana, los especialistas abordaron el modo en que la precariedad, la exclusión y la exposición a discursos extremistas digitales influyen en adolescentes y jóvenes, a menudo sumidos en una realidad hostil.

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El caso de Osmer H., un adolescente de 15 años en Michoacán que asesinó a dos profesoras, sirvió como punto de partida para explorar cómo los llamados “guiones culturales” de agresión masculina y el acceso a armas y mensajes radicales se convierten en detonantes de tragedias.

“La violencia como espectáculo y demostración de poder”, puntualizó Shoshan como un elemento en común a estos casos.

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Asimismo, señaló la existencia de “la sonrisa del perpetrador”, presente tanto en líderes políticos internacionales como en grupos criminales mexicanos, como una forma de exhibir la crueldad con orgullo o sentido de autoridad.

“En México ya está visto el uso de la crueldad como estrategia para producir miedo, terror y control”, indicó.

Cinco jóvenes de espaldas caminan por una calle urbana con grafitis; al lado derecho, pantallas desenfocadas proyectan luces azules y rojas.
Cinco jóvenes caminan por una calle urbana deteriorada con grafitis, mientras en primer plano desenfocado se insinúa la influencia de pantallas digitales y posibles discursos extremistas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Masculinidades, exclusión y el reto de las narrativas digitales

Reducir la violencia a una estrategia calculada resulta insuficiente. Existe un trasfondo emocional y cultural relacionado con la masculinidad tradicional, en la que mostrar fortaleza, dominación y ausencia de empatía se vuelve la norma.

En entornos marcados por la pobreza y la falta de perspectivas, muchos jóvenes ven el maltrato una vía para obtener reconocimiento, pertenencia o incluso ingresos.

Por otra parte, el investigador afirmó que la masculinidad funciona como un “dispositivo de poder” que enseña y refuerza conductas violentas, desde la familia hasta las organizaciones militares o delictivas. Alertando sobre la influencia de la “manósfera”, un entorno digital que capitaliza la frustración masculina y culpa a mujeres de los problemas de los hombres.

“Estas juventudes están desorientadas y precarizadas. La derecha les ofrece respuestas simples: el problema son las mujeres o los feminismos”, apuntó Salazar.

Ambos expertos insistieron en la urgencia de políticas públicas que aborden las raíces estructurales de la agresión, la inequidad y el abandono que afectan a la juventud. Entre las soluciones propusieron la alfabetización digital para identificar discursos de odio, educación emocional desde la infancia, más oportunidades educativas y laborales, y modelos de masculinidad basados en el cuidado y la empatía.

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