
La tercera edición del Festival de Cine de Sundance 2026: CDMX llega a la Ciudad de México en un momento en que el cine independiente parece recuperar una de sus funciones más urgentes: despertar conciencia crítica. No se trata solamente de proyectar películas fuera del circuito comercial, sino de abrir un espacio donde las imágenes vuelven a intervenir en las discusiones públicas sobre migración, comunidad, violencia, autoritarismo y resistencia. En América Latina, Sundance no puede ser leído únicamente como una extensión internacional de un festival estadounidense. Su presencia en México tiene otra densidad: ocurre en una región donde las fronteras no son líneas abstractas, sino experiencias cotidianas de espera, expulsión, miedo y sobrevivencia.
Por eso resulta tan potente que una de las películas más relevantes de esta edición sea Everybody to Kenmure Street, del director Felipe Bustos Sierra, documental que obtuvo en Sundance el World Cinema Documentary Special Jury Award for Civil Resistance. La película reconstruye una protesta ocurrida en mayo de 2021 en Pollokshields, un barrio multicultural del sur de Glasgow, cuando agentes del Home Office británico intentaron detener y deportar a dos hombres de origen sij. La operación ocurrió en la mañana de Eid, en una comunidad con fuerte presencia musulmana, lo que muchos vecinos interpretaron como una provocación directa. En pocos minutos, la noticia circuló por redes, chats vecinales y organizaciones comunitarias. Un activista se metió debajo de la camioneta migratoria, abrazó el eje del vehículo y se negó a moverse. Luego llegaron decenas, después cientos de personas. Rodearon la camioneta durante horas hasta impedir la deportación.
PUBLICIDAD
Lo extraordinario del documental de Bustos Sierra es que no convierte la protesta en una postal heroica ni en un mito romántico. La muestra como una coreografía social: vecinos que no necesariamente se conocían, personas que salieron en pijama, madres, jóvenes, migrantes, activistas, comerciantes, habitantes comunes de un barrio que de pronto entendió que la política no estaba en el Parlamento, sino en la calle. La película tiene un desenlace poco frecuente para un documental político: una conclusión alegre. Dos personas iban a ser arrancadas de su comunidad y, gracias a la presión colectiva, fueron liberadas.
En entrevista, el propio Felipe Bustos Sierra subraya algo fundamental: la policía no supo cómo responder ante una multitud que no estaba ejerciendo violencia. Esa frase revela uno de los núcleos políticos de la película. El poder está acostumbrado a administrar el choque, la amenaza, el enfrentamiento. Sabe cómo narrar al manifestante violento, al enemigo público, al desorden. Pero se desorienta cuando una comunidad aparece como un cuerpo colectivo, pacífico, persistente y moralmente legítimo. En Everybody to Kenmure Street, la multitud no destruye; protege. No incendia; rodea. No agrede; impide que el Estado se lleve a sus vecinos.
PUBLICIDAD

Ahí está la relevancia más profunda del filme: demuestra que el activismo no es una abstracción sentimental. Sirve. Tiene consecuencias materiales. En la entrevista, Bustos Sierra insiste en que la protesta puede tener un resultado legítimo en beneficio de los migrantes. No se trata de una consigna ingenua, sino de una constatación histórica: dos hombres estaban a punto de ser deportados, una comunidad se interpuso, y ambos pudieron regresar a su barrio. La película no pregunta si la solidaridad es bonita; pregunta si estamos dispuestos a asumir su costo.
La conexión con México y América Latina es inevitable. Aquí también la migración ha sido administrada muchas veces como problema de seguridad antes que como drama humano. México es país de origen, tránsito, destino, espera, contención y deportación. Tapachula, en Chiapas, se ha convertido en uno de los símbolos más claros de esa contradicción: una ciudad-frontera donde miles de personas migrantes quedan suspendidas entre trámites, controles, precariedad y la imposibilidad de avanzar hacia el norte. La frontera, en ese sentido, no siempre aparece como muro; también puede aparecer como demora, vigilancia, cansancio y administración burocrática del movimiento. La figura de la camioneta del Home Office en Glasgow dialoga con otra imagen conocida en nuestro continente: los retenes migratorios, las estaciones de detención, las deportaciones aceleradas y el miedo a ser separado de una comunidad.
PUBLICIDAD

En Estados Unidos, esos agentes son conocidos como ICE, siglas de Immigration and Customs Enforcement. Para muchas familias migrantes latinoamericanas, ICE no es una institución abstracta, sino una presencia de terror cotidiano: la puerta tocada de madrugada, la detención en el trabajo, la separación familiar, la amenaza de deportación. En Reino Unido, el Home Office cumple una función semejante dentro de otro marco institucional. En ambos casos, el Estado aparece como máquina de clasificación: decide quién pertenece, quién sobra, quién puede quedarse y quién debe ser expulsado.
Everybody to Kenmure Street nos obliga a mirar esa maquinaria desde abajo. No desde el lenguaje burocrático de la “gestión migratoria”, sino desde la experiencia del barrio. En la película, la comunidad funciona como una frontera ética. No una frontera que separa, sino una que protege. Frente al Estado que llega para extraer cuerpos considerados deportables, el barrio responde: de aquí no se los llevan.
PUBLICIDAD
La dimensión poscolonial del documental también es central. Glasgow aparece como una ciudad de tradición obrera, sindicalista, internacionalista y antirracista, pero al mismo tiempo marcada por una historia colonial que no puede borrarse. Esa tensión es importante porque recuerda que las sociedades europeas que hoy criminalizan migrantes fueron también beneficiarias de imperios, esclavitud, saqueo y desplazamientos globales. Bustos Sierra parece sugerir que la migración contemporánea no puede separarse de esas genealogías coloniales. Quienes llegan a Europa no aparecen de la nada; llegan desde historias largas de desigualdad, intervención, extractivismo, guerras y fronteras impuestas.
Esa lectura resuena profundamente en América Latina. Nuestros países también viven contradicciones similares: discursos de hospitalidad combinados con racismo, nacionalismo, clasismo y violencia institucional contra los migrantes. México puede denunciar el maltrato a sus ciudadanos en Estados Unidos y, al mismo tiempo, reproducir prácticas de contención contra migrantes centroamericanos, haitianos, venezolanos, cubanos o africanos en su propio territorio. Por eso la película no habla sólo de Glasgow. Habla de todas las comunidades que deben decidir si miran desde la ventana o bajan a la calle.
PUBLICIDAD

Uno de los momentos más fuertes de la entrevista con Felipe Bustos Sierra aparece cuando reflexiona sobre la legalidad de la protesta. El director señala que muchas personas pueden reconocer la moralidad de una protesta, pero no se suman hasta saber si es legal, hasta que alguna institución la aprueba. Y ahí aparece una paradoja poderosa: aquella protesta fue ilegal hasta que, de algún modo, se volvió legítima. Esa idea atraviesa la historia de las luchas sociales. Muchas conquistas democráticas nacen antes de ser autorizadas. Primero son vistas como desorden, exceso o amenaza; después, cuando la historia cambia de tono, se convierten en memoria cívica.
México conoce bien esa tensión. Las protestas feministas, las luchas de madres buscadoras, las resistencias indígenas, los movimientos estudiantiles, los defensores del territorio y las redes de apoyo a migrantes han sido muchas veces criminalizadas antes de ser reconocidas como necesarias. La legalidad no siempre llega primero. A veces la justicia aparece como interrupción. A veces, para que una causa sea escuchada, alguien tiene que bloquear una calle, rodear una camioneta, documentar un abuso, abrir una puerta o simplemente quedarse ahí.
PUBLICIDAD

Por eso Sundance CDMX importa. No sólo porque trae películas premiadas, sino porque permite que estas discusiones entren en el espacio cultural mexicano. En una época donde buena parte del entretenimiento busca neutralizar el conflicto, el cine independiente recuerda que mirar también es una forma de tomar posición. Everybody to Kenmure Street no ofrece una teoría abstracta de la resistencia; ofrece una escena concreta: una camioneta detenida por la fuerza moral de un barrio.
Al final, la frase de Bustos Sierra condensa el corazón de la película: “If we don’t turn up, nothing happens” (“si no aparecemos, no pasa nada”). Esa es quizá la lección más urgente del documental. La democracia no se defiende sola. La solidaridad no existe si permanece como idea privada. Y la protesta no siempre empieza cuando todo es seguro, legal o cómodo; a veces empieza cuando alguien decide que la expulsión de un vecino no puede ocurrir en silencio.
PUBLICIDAD
En un continente atravesado por migraciones, guerras, desplazamientos y nuevas formas de autoritarismo, Everybody to Kenmure Street recuerda algo elemental pero profundamente político: la comunidad todavía puede interrumpir la maquinaria del miedo. Y Sundance CDMX, al traer esta historia a México, nos deja una pregunta incómoda: cuando la camioneta llegue por nuestros vecinos, ¿vamos a mirar desde la ventana o vamos a bajar a la calle?
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Más Noticias
Jorge Álvarez Máynez celebra negativa de Jalisco y Nuevo León de adelantar fin del Ciclo Escolar: Se defienden los derechos
La polémica por la propuesta de la SEP creció en menos de 48 horas

Las madres veganas y todo lo que incomodan
La razón de muhos siempre fueron los animales, la crueldad y la incomodidad de entender que detrás de muchos productos cotidianos existe sufrimiento que normalmente preferimos no mirar

Decidir ser madre en México: ¿elección o mandato social?
La maternidad se ha romantizado, vinculándola a sacrificio y generando estereotipos sobre las mujeres

La nueva estrategia antidrogas de Estados Unidos apunta también al crimen digital
Ahora México es el epicentro operativo de una red criminal transnacional que combina laboratorios clandestinos, plataformas digitales, criptomonedas, sistemas de banca paralela y estructuras de mando con alcance global

La bebida nocturna natural que ayuda a revertir el hígado graso y a eliminar la grasa mientras duermes
Este remedio natural aprovecha compuestos que facilitan la eliminación de grasas mientras tu organismo cumple funciones metabólicas clave




