Cuáles son los tres tipos de procrastinación y cómo combatirlos, según la UNAM

Una costumbre vista como inofensiva oculta riesgos emocionales y académicos cuya salida exige tomar consciencia y buscar apoyo

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Identificar el motivo detrás de
Identificar el motivo detrás de una pausa ayuda a romper el ciclo de evasión y a apostar por estrategias que fomentan el bienestar emocional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La procrastinación se ha consolidado como uno de los hábitos de mayor impacto en la vida académica y emocional de los estudiantes universitarios, llegando a generar consecuencias significativas como el aumento del estrés, ansiedad, culpa y, en casos graves, la deserción escolar.

Lejos de ser solo una costumbre inofensiva, posponer tareas importantes supone a corto plazo una sensación engañosa de alivio, pero a largo plazo agrava el malestar y refuerza un ciclo difícil de romper, según explicó Karla Paola Colin Mendiola, responsable de la Clínica de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México al medio Gaceta Digital UNAM.

En su análisis, Colin detalló que este fenómeno se manifiesta a través de pensamientos recurrentes como “después lo hago”, “todavía tengo tiempo” o “primero hago otra cosa”. Estas ideas suelen acompañarse de una tendencia compulsiva a dedicar el tiempo a actividades secundarias, cuya función es evitar el malestar que genera afrontar una tarea prioritaria.

Entre las consecuencias más graves enumeradas por la especialista se encuentra el bajo rendimiento académico, ya que quienes procrastinan pueden experimentar sentimientos de poca autoeficacia y verse atrapados en una espiral de postergaciones.

La procrastinación universitaria incrementa el
La procrastinación universitaria incrementa el estrés, la ansiedad y puede llegar a provocar deserción escolar, según la UNAM. (Imagen ilustrativa Infobae)

La procrastinación potencia malestar y puede derivar en deserción escolar

El efecto a corto plazo resulta engañoso porque, aunque alivia momentáneamente la ansiedad, no resuelve el problema subyacente y mantiene activa la inquietud por las tareas pendientes. “Ese efecto no es positivo, porque únicamente retrasa el malestar y refuerza el ciclo de postergación”, afirmó Colin a Gaceta Digital UNAM.

La especialista precisó que este comportamiento se relaciona con la falta de regulación emocional, así como con síntomas concurrentes de depresión y ansiedad. Muchas personas eligen actividades cuya recompensa es inmediata, como utilizar redes sociales o mirar series, para evadir responsabilidades que les resultan incómodas.

Colin subrayó la importancia de distinguir correctamente entre descanso y procrastinación, pues la diferencia fundamental está en la intencionalidad y en el resultado emocional: mientras el descanso genuino conduce a una mayor relajación, la procrastinación mantiene activa la preocupación y no proporciona un descanso real.

Especialistas de la Facultad de
Especialistas de la Facultad de Medicina UNAM asocian la procrastinación con falta de regulación emocional y síntomas de depresión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tres tipos de procrastinación y estrategias para gestionarla

Durante el taller “Procrastinación: ¡no lo dejes para mañana!”, que Colin impartió entre septiembre y octubre del año pasado, se identificaron tres variantes principales de este fenómeno:

-Procrastinación por evasión: evitar tareas por miedo al fracaso.

-Procrastinación por activación: posponer hasta el último minuto, cuando la presión obliga a actuar

-Procrastinación por indecisión: incertidumbre acerca de cómo o cuándo iniciar la tarea.

Para combatir estos patrones, Colin propuso una serie de estrategias basadas en la regulación emocional y la organización del tiempo.

Entre los métodos destacados se encuentra la respiración diafragmática, que consiste en inhalar profundamente usando el diafragma para reducir la tensión, y la relajación muscular progresiva, en la que se tensan y relajan sistemáticamente distintos grupos musculares para disminuir la ansiedad.

Otra técnica relevante es la denominada acción opuesta, que invita a llevar a cabo de forma deliberada aquello que se tiende a evitar, además de ejercitar el autoanálisis de pensamientos para identificar las creencias que sostienen la postergación.

En el plano organizativo, la especialista recomendó la matriz de Eisenhower, una herramienta que permite clasificar las tareas en función de su urgencia e importancia.

Mediante la división de una hoja en cuatro cuadrantes, pueden distinguirse las actividades urgentes e importantes de aquellas que no lo son, ayudando a priorizarlas y a evitar la saturación mental ante la indecisión.

Otra táctica es el método Pomodoro, que estructura el trabajo en bloques de 25 minutos de concentración plena seguidos de pausas cortas de cinco minutos.

“Primero, define la tarea que debes hacer; segundo, usa un temporizador y ajústalo a 25 minutos; en el tercer paso, debes concentrarte en hacer la tarea durante ese tiempo; al final, descansa cinco minutos y vuelve a empezar ya sea para continuar con la actividad que estabas haciendo o iniciar con una nueva”, explicó Colin en el taller.

La matriz de Eisenhower y
La matriz de Eisenhower y el método Pomodoro son estrategias recomendadas para organizar el tiempo y mejorar el rendimiento académico.

Experiencia personal: el impacto de la procrastinación y la recuperación

El relato de Paola Lizeth Gutiérrez Mora, estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAM, evidencia las consecuencias sociales y emocionales de la procrastinación. Recordó que durante la preparatoria solía posponer sistemáticamente sus tareas, sobre todo las grupales, situación que llevó a que sus compañeros desecharan su colaboración en proyectos conjuntos.

“La peor parte era cuando trabajaba en equipo porque mis compañeros siempre tenían que estar atrás de mí, apurándome, para que entregara lo que me correspondía de los proyectos. Yo los enviaba casi siempre a la mera hora y lo peor fue cuando me llegaron a sacar de los equipos y a decirme que ya no necesitaban mi colaboración”, compartió Gutiérrez Mora a Gaceta Digital UNAM.

Al experimentar frustración y enfado consigo misma tras no cumplir con sus deberes, reconoció que pensamientos como “ahorita lo hago” eran el preludio de actividades escapistas.

El proceso de recuperación comenzó tras asistir a terapia psicológica, donde identificó que su dificultad para cumplir era un síntoma relacionado con la ansiedad y la depresión. Tras recibir apoyo, participó en talleres de organización y aprendió técnicas para planificar sus actividades, lo que propició una mejora en su desempeño académico y sus relaciones sociales.

El hábito de posponer tareas
El hábito de posponer tareas genera baja autoeficacia y refuerza un ciclo difícil de romper en los estudiantes universitarios.(Imagen Ilustrativa Infobae)

“Si alguna alumna o alumno se siente con apatía o pereza de realizar sus deberes, tiene que pedir ayuda para identificar si está pasando por un fenómeno de procrastinación y entender que se puede superar. Cuando sean guiados, lograrán tener un mejor ánimo y desempeño académico. Es importante que no se rindan, porque siempre hay la posibilidad de transformar aquello que hoy pesa y convertirlo en una oportunidad para crecer”, concluyó Gutiérrez Mora en su intervención.