
México se encuentra entre los países que más desperdician alimentos en el mundo, situación que representa un desafío tanto para la economía como para el medio ambiente.
Luis Fernando González Martínez, académico de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (COUS) de la UNAM, advirtió que si todos los desechos alimentarios a nivel global se agruparan, conformarían un territorio con dimensiones comparables a las de un país y ocuparían el tercer lugar como emisor de gases de efecto invernadero.
De acuerdo con el documento “Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en México”, publicado por el Banco Mundial en el 2013, en el país se desaprovecha anualmente el 28.7% de las tortillas, el 43.1% del pan blanco, el 35.4% de la carne de res, el 37.2% del arroz, el 38.7% del pescado, el 48.7% del camarón, el 43.1% de la leche y el 40.2% de la carne de puerco.
El investigador subraya que resulta paradójico que, pese a tener el segundo banco de alimentos más grande, México se mantenga entre las naciones con mayores niveles de desperdicio.
González Martínez, también profesor de la Facultad de Economía, precisa la diferencia entre pérdida y desperdicio de alimentos, señalando que la pérdida se produce desde la cosecha y hasta que el alimento llega al mostrador de las tiendas, mientras que el desperdicio ocurre en los almacenes y en los hogares, cuando los productos ya están disponibles para el consumo. Ambos representan recursos y dinero que terminan en la basura.
El economista señala que a nivel mundial cerca del 30% de los comestibles producidos se tira cada año.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el 14% de los alimentos, con un valor estimado en 400 mil millones de dólares, se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que el 17% se desperdicia en la fase de distribución y entre los consumidores finales.
González Martínez advierte que los desechos alimentarios, al descomponerse, generan metano, un gas con mayor potencial contaminante que el dióxido de carbono. Estas emisiones contribuyen al calentamiento global y a fenómenos climáticos extremos, como sequías e inundaciones.
Datos del Banco Mundial muestran que cada año el desperdicio de alimentos en México produce cerca de 36 millones de toneladas de CO2, cantidad similar a las emisiones de 16 millones de automóviles. Además, cada minuto se llenarían de comida cuatro tráileres de basura.
Para enfrentar el problema, González Martínez recomienda planificar mejor las compras y la preparación de alimentos, almacenar los productos correctamente, comprar frutas y verduras de temporada y locales, reutilizar ingredientes, y separar los residuos orgánicos para producir composta.
Estas acciones, afirma, pueden ayudar a reducir el impacto del desperdicio alimentario y avanzar hacia una mayor sustentabilidad.
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