
La crudeza de las confesiones de Yolanda Andrade y Mauricio Ochmann sobre sus luchas contra el alcoholismo ilustra hasta dónde pueden llegar las pérdidas personales y profesionales asociadas a las adicciones.
En una reciente emisión del programa Montse & Joe, ambos abordaron con franqueza no solo los excesos y mentiras que caracterizaron sus etapas más oscuras, sino las consecuencias de larga duración que persisten mucho después de la sobriedad.
En el caso de Yolanda Andrade, el impacto del alcohol en su salud ha sido persistente, afectándola en diversos ámbitos en los que aún hoy enfrenta desafíos médicos graves tras más de 15 años en sobriedad.
Una de las revelaciones más contundentes llegó en la voz de Mauricio Ochmann, quien narró su experiencia al intentar dejar el alcohol antes de ingresar a una clínica de rehabilitación.

Según relató al programa Montse & Joe, su acercamiento inicial a Alcohólicos Anónimos no estuvo acompañado de un compromiso real: “Cuando me metí a la clínica de ahí en adelante he estado limpio. Yo intenté parar primero yendo a AA, fui al grupo y estuve once meses, pero con el freno puesto, nunca hice el programa, nada más era como con pura… contenido, conteniendo. Sí subía (a tribuna) y mentía, engañaba, once meses y a los once meses, antes de cumplir doce, me fui a celebrar tres años”.
Esta cita da cuenta de la complejidad emocional y la resistencia al cambio que suelen acompañar estos procesos. Además de haber iniciado su consumo de bebidas alcohólicas a los ocho años, Ochmann detalló que a los trece ya tenía una ingesta constante y también experimentó con otras sustancias.
El relato de Yolanda Andrade reconstruye desde lo cotidiano el deterioro causado por el alcohol. Con su estilo directo y con el humor que la caracteriza, narró cómo llegó a perder vuelos por permanecer bebiendo en el aeropuerto:
“Se me fue dos veces el avión. Me quedé en la cantina del aeropuerto”. Y amplió: “Dije: ‘ay, todavía hay tiempo’. Vi que se iba el avión despegando. Dije: ‘En la madre’, tenía que voltear y pagar y decía, ‘no puede ser’. Cerraron la puerta y le dije ‘señor, por favor’, y yo lloraba y todo. ’Se murió mi papá’, y ya se había muerto antes. Súper pendejo, tengo que esperarme y tomar el avión mañana”.

Otra frase expone el grado de dependencia que vivía en ese tiempo: “Yo iba peda al AA. Güey, hablaban de puro alcohol y se te antoja”. A nivel de salud, las consecuencias del abuso fueron extremas para Yolanda Andrade.
Durante su etapa más crítica, alcanzó a consumir hasta dos botellas diarias y terminó hospitalizada por insuficiencia hepática crónica, várices esofágicas y hemorragias digestivas, según reveló en Montse & Joe.
Después de tres pasos por centros de rehabilitación, hoy acumula más de 15 años libre de alcohol. La dimensión de su proceso cobra relevancia adicional porque Andrade actualmente enfrenta Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que ha incidido de forma severa en su calidad de vida.
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