
Cada diciembre, la escena del árbol navideño adornando casas mexicanas cobra fuerza. Lejos de convertirse en una rutina, la costumbre de armarlo unía a familias y generaba dinámicas que hoy sobreviven en la memoria colectiva.
Desde hace muchos años poner el árbol de Navidad representaba un acto de encuentro, creatividad casera y momentos compartidos.
Testimonios recogidos por Infobae México ilustran cómo esta costumbre ha evolucionado y qué significaba para quienes crecieron viendo surgir el pino en la sala.
Si bien para muchos la imagen tradicional incluye luces, esferas y una atmósfera festiva, lo cierto es que la manera de vivir esta tradición dependía del contexto y las posibilidades de cada hogar.
Ausencias, recuerdos borrosos y realidades distintas
Para Eliazú Falcón, la memoria no guarda un recuerdo claro de haber armado el árbol navideño.
“Sinceramente, no recuerdo haber puesto un árbol de Navidad. Quizá sí había árbol, pero que lo hayamos puesto, no. Quizá yo ni lo puse… así como que rodeado el árbol y poniéndolo entre todos, no, no lo recuerdo”, relata para Infobae México.

En diferentes casas mexicanas, el pino podía estar presente como adorno inevitable, aunque no necesariamente como un ritual compartido. La ausencia de una costumbre familiar revela que el significado del árbol no era igual para todos.
Árboles, manualidades y creatividad casi artesanal
Otras experiencias muestran una dinámica marcada por la inventiva. Zulema González compartió que en su familia no había dinámicas de regalos o árboles navideños:
“El arbolito que primera vez pusimos fue uno que mi expareja nos regaló. Era de ramas todavía que se ponían por separado y se atornillaban. Hicimos en esa ocasión esferas con lentejuelas ensartadas. Nos quedaban los dedos todos abollados… Las esferas eran tan pesadas que el árbol se veía muy chistoso y era un árbol blanco, lo recuerdo”.
La experiencia de González permite entender que armar el árbol implicaba horas de trabajo manual, recursos limitados, pero también un ejercicio de creatividad y convivencia poco usual.

Cuando todo era en familia
El acto de poner el árbol y escribir la carta a los Reyes Magos eran ocasiones para la unión familiar. Elvia Olguín Carrillo recuerda:
“El árbol se ponía en familia, todos juntos. La cartita se hacía también en familia, la mamá te dirigía, se sentaba contigo”.

En la misma línea, Guadalupe Diego Martínez detalla el carácter colectivo de la fecha: “El árbol de Navidad se ponía en familia. Realizaba las cartas para pedirle a los Reyes Magos”.
La tradición del árbol se articulaba alrededor de la guía de las figuras maternas, de la conversación entre hermanos y de la ilusión de aquellas cartas, por las noches, frente a un pino que no tenía nada de automático ni de efímero.
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