
En la religión católica la tercera aparición de la Virgen de Guadalupe ocupa un lugar especial por el mensaje que transmitió y por el momento de tensión que vivía Juan Diego ante la duda del obispo fray Juan de Zumárraga. Aquel domingo 10 de diciembre de 1531, alrededor de las tres de la tarde, el mensajero regresó al cerro del Tepeyac buscando la señal que demostraría la autenticidad de los encuentros previos.
La historia relata que al mostrarse nuevamente, la virgen le habló con cercanía y le pidió volver al día siguiente para entregarle la prueba que el obispo exigía: una señal capaz de disipar dudas y abrir paso a la construcción de un templo en su honor. Juan Diego escuchó el encargo con humildad, consciente de la responsabilidad que llevaba sobre sus hombros.
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Sin embargo, el plan cambió, la salud de su tío Juan Bernardino empeoró gravemente aquella noche y el deber familiar lo llevó a no acudir al encuentro pactado. Su ausencia en la cita prometida marcaría un nuevo momento importante en la serie de apariciones que definirían la devoción guadalupana.
Un mensaje de fe para Juan Diego

De acuerdo con los relatos conservados por la Basílica de Guadalupe, aquel encuentro del 10 de diciembre estuvo cargado de palabras que buscaban afianzar el espíritu del mensajero y la del obispo. La virgen le aseguró que la señal solicitada sería entregada a su debido tiempo y que el obispo acabaría por creer en su testimonio, disipando cualquier sospecha o desconfianza.
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Estas fueron sus palabras —según documentos de la Diócesis de Querétaro— “Hijo mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has impedido; ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo”.
Él partió a cumplir con sus responsabilidades familiares, sin imaginar que ese imprevisto de salud abriría paso a uno de los episodios más recordados en la narrativa de la fe guadalupana: la cuarta aparición, en la que la virgen demostraría su poder una vez más.
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Un legado que moviliza a millones cada diciembre

Cinco siglos después, ese fragmento de historia sigue vivo en la memoria colectiva. Cada año, entre el 10 y el 12 de diciembre, millones de peregrinos de México y otras regiones del continente recorren caminos enteros para llegar a la Basílica de Guadalupe, situada en la alcaldía Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México.
Los devotos arriban con ofrendas, flores, veladoras y promesas cumplidas o por cumplir. Muchos viajan días enteros para agradecer favores, pedir por sus familias o renovar su fe frente a la imagen que marca una de las identidades espirituales más grandes del país.
Este 2025 no será la excepción, la llegada masiva de fieles dará nuevamente testimonio de que las apariciones en el Tepeyac no solo pertenecen al pasado, sino que siguen encendiendo esperanza, devoción y comunidad en millones de corazones.
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