
El abandono animal representa una de las formas de maltrato más profundas y con efectos a largo plazo en la vida de los perros. Más allá de la visión tradicional de que solo los seres humanos poseen emociones complejas, hoy la ciencia reconoce que los perros tienen una vida emocional rica y, por lo mismo, también pueden sufrir traumas intensos al perder a su cuidador y su entorno conocido.
Tomando en cuneta la voz de especialistas como la profesora Sofía R. Viniegra de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, cuya información publicó en UNAM Global, ha explicado cómo el abandono impacta a nivel físico, emocional y social a los perros que lo padecen.
En primer lugar, la ruptura repentina del vínculo entre el perro y su cuidador deja una huella profunda en el animal. Este lazo no solo implica la provisión de comida y resguardo, sino que constituye la base de su estabilidad emocional y de su sentido de pertenencia.

Cuando el referente humano desaparece de manera abrupta, el perro queda vulnerable y experimenta altos niveles de ansiedad, confusión y estrés. La incertidumbre sobre su entorno y la pérdida del soporte emocional generan un estado de alarma que, lejos de desaparecer, puede extenderse durante semanas o meses.
Los efectos emocionales del abandono suelen presentarse de formas diversas. El perro puede mostrar apatía, dejar de comer o perder interés en el juego y la socialización. A menudo, este comportamiento pasivo se confunde con calma, pero en realidad puede tratarse de un cuadro depresivo. Los canes presentan una inhibición conductual marcada, permaneciendo quietos o desmotivados, sin responder a estímulos que antes resultaban atractivos.
Además de los aspectos emocionales, el impacto fisiológico también es considerable. El estrés crónico derivado del abandono puede desencadenar alteraciones en el sistema inmunológico del perro. Bajo estas condiciones, el animal se vuelve más susceptible a infecciones, enfermedades y parásitos, ya que la inmunosupresión reduce su capacidad de defensa ante el entorno.

Desde el punto de vista social, el abandono conlleva una fractura que afecta la capacidad del animal para confiar en humanos y otros animales. Los perros, por naturaleza, son sociales y dependen de la interacción y el establecimiento de rutinas para sentirse seguros. No solo buscan compañía para jugar o comer, sino también para organizar su día a día, regular sus emociones y aprender conductas adaptativas.
No obstante, la especialista declara a UNAM Global que los perros pueden rehabilitarse si reciben apoyo adecuado. El acompañamiento profesional, la atención veterinaria y la intervención etológica, junto con un entorno humano estable y afectuoso, pueden revertir en buena medida los daños provocados por la experiencia traumática.
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