
Chespirito: Sin Querer Queriendo llegó a la plataforma Max y con ello también un renovado interés por cada detalle en la vida de Roberto Gómez Bolaños. El comediante es ampliamente conocido en todo América Latina gracias a la creación de personajes icónicos como El Chavo, sin embargo, poco se conoce de sus antepasados y la influencia que estos dejaron en su personalidad y carácter.
En el primer episodio emitido hasta el momento, de la mencionada serie streaming, se menciona apenas la presencia del padre de Roberto, como una figura ausente que ya falleció. No obstante, la historia de Francisco Gómez Linares es más profunda y trascendente que la de un simple recuerdo.
¿Quién fue Francisco Gómez Linares?

Francisco Gómez Linares desde joven, se destacó como un hombre de letras y creatividad, desempeñándose principalmente como pintor, dibujante e ilustrador. Su pasión por el arte lo llevó a trabajar en diversos proyectos culturales en México, y aunque no alcanzó la misma fama que su hijo, dejó una huella importante en su ámbito profesional y en su familia.
La influencia de Gómez Linares en su entorno se manifestó principalmente a través de sus pinceles y su sensibilidad artística, características que más adelante se reflejarían en la inclinación creativa de su hijo.
En el primer episodio de la comentada serie, tiene lugar un recuerdo de Roberto con su padre. Éste observa como su progenitor, con pincel en mano, se encuentra frente al lienzo. Cuando le pregunta con inocencia “¿De qué color es la risa", su padre sólo sonríe y le contesta: “Eres un artista”.
Con una perspectiva profesional alineada a la cultura visual y con gran habilidad para transmitir ideas mediante imágenes, el padre de Chespirito colaboró principalmente en medios impresos, como revistas y publicaciones tales como El Universal y El Continental.

Francisco se inclinó en esta época sobre todo por el dibujo minimalista, expresado sobre todo por el cubismo. Él mismo relató en una entrevista para el mismo periódico en el que trabajó que consideraba aquel estilo como “sencillo, llamativo, innovador para el anuncio” y que era fiel a la escuela cubista “con la sobriedad y simplicidad en las líneas y tenía un efecto más visible”.
La labor de Gómez Linares se tradujo en varias ilustraciones y anuncios publicitarios para los mencionados impresos, además de El Universal Ilustrado, una variante especial del conocido diario.
Este trabajo como ilustrador permitió que su obra llegara a un público amplio y que tanto él, como su familia, socializaran con círculos intelectuales y artísticos de la época.
De hecho, el padre de Chespirito también fue retratista, pero una de sus labores más especiales y recordadas, fue su colaboración con Martín Luis Guzmán, a quien le ilustró varias de sus publicaciones. Mismas que más tarde se convirtieron en la obra literaria El águila y la serpiente.
El padre de Chespirito

Francisco Gómez Linares contrajo matrimonio con Elsa Bolaños Cacho, una maestra y secretaria bilingüe de gran carácter y disciplina, quien también desempeñaría un papel crucial en la educación y crianza de sus hijos.
La pareja tuvo seis hijos, entre ellos Roberto Gómez Bolaños, quien nació el 21 de febrero de 1929 en Ciudad de México.
A pesar de ser una persona influyente en los años formativos de Roberto, la muerte de Gómez Linares ocurrió prematuramente, cuando su hijo tenía apenas seis años de edad.
Este hecho marcó profundamente a la familia y, según relatos del propio “Chespirito”, contribuyó a moldear su carácter y una mirada creativa que más tarde explotaría en su carrera artística. El vacío dejado por su padre fue, en parte, mitigado por las enseñanzas y el apoyo de su madre, pero también se dice que la ausencia paterna pudo estimular escenarios de reflexión que el escritor y comediante transformaría en sus obras.
En su autobiografía Sin querer queriendo, Roberto Gómez Bolaños se refiere a su padre en un breve fragmento: “Lo suyo era el arte en muchas de sus manifestaciones, pues aparte de pintar y dibujar, también cantaba, tocaba la mandolina, declamaba y, por si fuera poco, era un hombre culto, guapo, simpático, magnífico contador de chistes y habitual centro de atracción en fiestas y reuniones”.

Aunque la historia de Gómez Linares ha sido menos explorada en comparación con la de su hijo, su legado puede observarse en la sensibilidad artística y el humor que caracterizaron a las creaciones de Chespirito.
La capacidad para observar, entender y conectar con los sentimientos de los demás, elementos esenciales en el trabajo de Gómez Bolaños, podrían explicarse, al menos en parte, por el entorno generado por su padre, aun en el corto tiempo que convivieron.
Francisco Gómez Linares continúa siendo un nombre que, aunque en ocasiones eclipsado, forma parte central de la narrativa familiar de uno de los íconos más queridos de la televisión latinoamericana.
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