
En el mundo del narcotráfico, donde la comunicación es clave para mantener el control y la operación de las organizaciones, Ismael “El Mayo” Zambada, ex líder del Cártel de Sinaloa, logró mantenerse como una figura casi intangible.
Hasta la actualidad no existe una sola grabación conocida de su voz, un hecho que subraya su habilidad para evadir a las autoridades y consolidarse en su momento como uno de los narcotraficantes más buscados del mundo. Este detalle, revelado en la serie de Netflix “Los más buscados del mundo” (2020), pone de manifiesto las estrategias que permitieron a Zambada García operar durante más de cinco décadas sin ser capturado.
De acuerdo con el periodista especializado en narcotráfico Jesús Esquivel, quien participa en la serie, “El Mayo” evita el uso de teléfonos y limita al máximo su comunicación verbal, incluso en reuniones de alto nivel dentro de su organización criminal. Esquivel explicó que, en estos encuentros, Zambada rara vez hablaba y, cuando necesitaba dar órdenes, lo hacía de manera indirecta, llamaba a un colaborador fuera del lugar de la reunión y le dictaba las instrucciones en privado.
“El Mayo sabe que si pasa mucho tiempo al teléfono podría ser su final”, reveló el periodista Jesús Esquivel.

El líder que opera desde las sombras
La estrategia de silencio absoluto que caracterizó al capo oriundo de El Álamo, Sonora, no solo se limita a las reuniones, sino que también se extiende a las interacciones cotidianas dentro del cártel.
Según Esquivel, los subordinados de Zambada García tenían prohibido mencionar su nombre, lo que refuerza aún más su anonimato y dificultaba cualquier intento de las autoridades por rastrearlo. “No hay nada contra el Mayo. No hay una grabación de su voz”, afirmó el periodista.
La serie de Netflix también recoge el testimonio del abogado William Purpura, defensor de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, quien describe a Zambada como un hombre extremadamente inteligente. Según Purpura, durante años, El Mayo utilizó al Chapo como intermediario, lo que le permitió mantenerse en un segundo plano mientras consolidaba su poder dentro del Cártel de Sinaloa. Esta táctica contribuyó a su capacidad para eludir la captura durante décadas, además de otorgarle una ventaja efectiva contra sus enemigos y las autoridades.

Un legado de discreción y control
Durante más de cinco décadas, la falta de evidencias directas contra Ismael “El Mayo” Zambada dificultó considerablemente su aprehensión, evidenciando las debilidades de los métodos convencionales para enfrentar al crimen organizado. Fue hasta el 25 de julio de 2024 que tras ser traicionado se concretó su captura en El Paso, Texas, a los 76 años de edad, marcando un momento histórico en la lucha contra el narcotráfico.
La DEA ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares por su localización cuando el gobierno de Estados Unidos lo buscaba por su papel clave en el trasiego de diversas drogas, entre ellas cocaína, metanfetamina, heroína y fentanilo, así como por cargos que incluyen conspiración para asesinato, lavado de dinero y delitos vinculados a estructuras criminales transnacionales.
Zambada logró evadir durante años cualquier forma de rastreo mediante una estrategia basada en el sigilo y la no dependencia de dispositivos tecnológicos, lo que pone en tela de juicio la eficacia de las tácticas empleadas para desarticular redes ilícitas.
Tras su arresto, los representantes legales de Ismael Zambada hicieron pública una carta firmada por el propio capo, donde ofrece su versión de los hechos ocurridos el día de su aprehensión. A diferencia de otros jefes criminales que fueron localizados por errores o apariciones públicas, su caso refleja la complejidad de enfrentar a figuras que operan con total discreción, obligando a las autoridades a revisar sus métodos frente a un adversario que evita toda exposición.
En el documento, Zambada asegura que fue engañado para asistir a una supuesta reunión en las afueras de Culiacán. Según su relato, ahí se encontraría con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y con Héctor Melesio Cuén, ex alcalde de la capital sinaloense. El encuentro, orquestado por Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo, tenía como fin mediar en conflictos entre figuras políticas locales. No obstante, al llegar al sitio, fue privado de su libertad y trasladado en una aeronave privada a territorio estadounidense. “Es mentira que me haya entregado o cooperado de forma voluntaria”, afirma en la carta.
El arresto marcó el fin de la libertad para uno de los grupos criminales más influyentes del narcotráfico en México. La detención del hombre que se mantuvo al margen del protagonismo mediático representa un golpe simbólico al mito del narcotraficante invisible.
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