
Martha Andrea Camacho Espinoza, teniente de navío del Servicio de Sanidad Naval y licenciada en Enfermería Naval, ocupa un puesto clave en el buque escuela Cuauhtémoc, conocido como el “Embajador y Caballero de los Mares”.
Este velero, insignia de la Secretaría de Marina Armada de México, no solo es una escuela de formación para los cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar, sino que también se convierte en un espacio único donde las labores médicas a bordo plantean retos extraordinarios como el de cirugías en altamar.

“Soy la oficial encargada de la estación de enfermería en la sección sanitaria, brindando cuidados asistenciales al personal de cadetes y tripulación mientras navegamos”, explica la teniente Camacho mientras el velero se traslada de Salina Cruz, Oaxaca, al Puerto de Acapulco, Guerrero.
Su misión ejemplifica la versatilidad de este espacio médico adaptado para consultas, atención de emergencias, cirugías e intervenciones quirúrgicas.
Aunque es un lugar pequeño y modesto, la atención médica dentro del buque cuenta con un equipo multidisciplinario compuesto por siete especialistas en áreas como medicina general, traumatología, anestesiología, cirugía, ortopedia, odontología y psicología.

“Atendemos desde cuadros gripales e infecciones gastrointestinales hasta cirugías complejas”, detalla en entrevista con Infobae México la enfermera naval.
Entre las intervenciones realizadas durante su último recorrido en 2024, en donde el buque escuela ancló en 14 puertos y visitó 11 países de tres continentes, destaca la primera extirpación de vesícula biliar (colecistectomía) en la historia del Cuauhtémoc, llevada a cabo mientras navegaban entre Tahití y Acapulco.

En esta cirugía participaron un cirujano, dos ayudantes, un anestesiólogo, la teniente como enfermera y un circulante, todo en medio de las dificultades meteorológicas y la constante oscilación del mar.
Para minimizar los riesgos, cuenta la teniente, el comando del buque modifica el curso buscando zonas más estables, utilizando radar y GPS para asegurar las condiciones óptimas de la intervención quirúrgica.

El área de sanidad del buque refleja las complicaciones a las que está sujeta su personal, pero también la capacidad que tienen de atención a los 275 tripulantes, entre ellos, cadetes de cuarto año de la Heroica Escuela Naval Militar que zarparán el próximo 6 de abril del Puerto de Acapulco para visitar países de Europa durante ocho meses.
Todo el equipo médico es portátil, desde las máquinas de anestesia hasta el instrumental quirúrgico estéril. Las intervenciones requieren preparación minuciosa: la habitación se desinfecta durante una hora antes de ser utilizada, y posteriormente, el procedimiento médico puede realizarse.

La rutina diaria de la teniente Camacho y su equipo incluye atender consultas, realizar maniobras de seguridad con el personal en cubierta, actividades deportivas organizadas con los cadetes y turnos de guardia de cuatro horas para garantizar una atención médica constante.
Incluso su tiempo de descanso está dirigido al fortalecimiento del vínculo entre tripulantes y cadetes, organizando actividades recreativas como picnics, música en cubierta y baile.
El ambiente a bordo no está exento de riesgos. Entre los accidentes más recurrentes destacan fracturas por caídas causadas por el movimiento constante del buque.

“Antes de subir al Cuauhtémoc, recibimos un curso de maniobra y seguridad en buques de vela. Se nos enseñan todas las medidas preventivas, como el uso obligatorio de arneses y guantes", explica la enfermera naval, enfatizando la estricta supervisión para minimizar peligros en altamar.
Con 13 años de carrera en la Marina y dos años a bordo del Cuauhtémoc, el camino de la teniente Camacho ha sido una mezcla de desafíos y logros. Originaria de Chiapas, es la primera en su familia en incorporarse a la Marina.
“De niña veía al personal militar con sus uniformes, y sentía una gran admiración”, relata. Hoy, con sus logros, asegura que su familia está llena de orgullo. Aunque admite que la distancia pesa, porque sólo ve a su familias una vez al año. Sin embargo, dice, la dedicación a su trabajo y la representación que hace de México en el mundo son su mayor satisfacción.

A lo largo de su servicio en el Cuauhtémoc, la teniente Camacho ha visitado nueve países y 12 puertos en un solo viaje.
“Siempre hay un mexicano esperando con la bandera de nuestro país; llena de emoción saber que alguien de casa nos recibe en cada lugar”.
Una vez en tierra, la tripulación participa en ceremonias de bienvenida, realiza convivencias con militares de otros países y promueve intercambios culturales.
“A nuestra llegada, la música mexicana a todo volumen y los desfiles en trajes típicos se convierten en un distintivo que representa a México”, añade.
Más allá de los desafíos que supone la vida en el velero, la teniente Martha Andrea expresa un profundo sentido de compromiso al hablar de su labor: “Estar aquí es un orgullo; como parte del Cuauhtémoc, somos la imagen de México ante el mundo", finalizó.
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