
La transformación digital ha cambiado el panorama de las empresas, pero en medio de esta evolución tecnológica se sigue dando una realidad ineludible: el factor humano es el motor que define el éxito. En este contexto, los líderes tóxicos representan uno de los mayores frenos para el desarrollo y la innovación, ya que erosionan la confianza, desmotivan a los equipos y deterioran la cultura organizacional.
Un líder tóxico se distingue por comportamientos de microgestión, descalificación y control excesivo, donde el miedo y la desconfianza sustituyen la inspiración y la empatía. Estos comportamientos no solo afectan la salud mental y emocional de los colaboradores – generando altos niveles de estrés, ansiedad y desgaste – sino que además tienen un impacto directo en la productividad. Estudios de Gallup señalan que ambientes laborales donde predomina el mal liderazgo pueden costar a las empresas miles de dólares en rotación y pérdida de talento, dado que la falta de reconocimiento y la constante presión generan una mayor intención de renunciar.
En mi experiencia acompañando a empresas y personas, tanto de forma presencial, virtual e híbrida, he observado que la comunicación es la herramienta clave para transformar estos ambientes. La comunicación efectiva no se trata únicamente de transmitir información, sino de crear espacios de diálogo en los que cada integrante se sienta escuchado y valorado. Esto es fundamental para contrarrestar los efectos de un liderazgo tóxico, ya que cuando se fomenta la escucha activa y se practica el feedback constructivo, se puede revertir la espiral de desmotivación.
Además, es vital que Recursos Humanos se involucre activamente en identificar y gestionar estas conductas. Un área de RR.HH. comprometida debe crear canales confidenciales y fomentar programas de capacitación en liderazgo y habilidades blandas. He visto cómo implementar talleres y coaching en comunicación ha transformado líderes y convertido la toxicidad en oportunidades de crecimiento. Así, el proceso de comunicación para transformar tu mundo se materializa tanto en la interacción interna como en la proyección externa de la empresa.

El contraste entre un jefe autoritario y uno tóxico radica en la intención y la capacidad de empatizar. Mientras que el primero puede imponer una estructura rígida sin necesariamente dañar el ambiente si se acompaña de un propósito claro, el jefe tóxico desvirtúa cualquier intento de colaboración y, en su lugar, siembra la discordia. Las empresas que apuestan por un liderazgo humano y transparente logran no solo mejorar su clima laboral, sino también impulsar resultados sostenibles en el tiempo.
Dejar de ser tóxico es posible, pero requiere autoconciencia, entrenamiento y, sobre todo, una apuesta decidida por la comunicación que transforma. Tal vez por eso, porque sé que es posible, me apasiona acompañar a empresas y a sus líderes en este camino, integrando estrategias de comunicación interna y externa que fortalezcan la cultura organizacional y potencien el talento. Porque, al final, transformar la comunicación es transformar el mundo, y en un mercado tan competitivo como el actual, eso es lo que marca la diferencia.
* Verónica Salatino, CEO de Makana Comunicación & Coaching
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