Primera de tres partes
Al-Saadi el Gadafi, mejor conocido como Saadi Gadafi, es el tercer hijo de Muamar el Gadafi, dictador que mantuvo el poder de Libia por 42 años hasta el día de su captura y ejecución a manos de las fuerzas militares opositoras con ayuda de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 2011.
Antes de la caída del régimen de su padre, era conocido en Libia como el hijo futbolista del dictador, pues desde su niñez había mostrado interés en el balompié y demostró estar dispuesto a todo para lograr su sueño de convertirse en una estrella del deporte.
Para abonar a los objetivos de su hijo, el entonces mandatario lo nombró en 1998 presidente de la Federación Libia de Fútbol (FLF), el organismo encargado de realizar los campeonatos de liga y copa, así como los partidos de la selección nacional en sus distintas categorías. Sin embargo, el joven, de 25 años, no estaba contento con un trabajo de escritorio, lo que quería era brillar dentro de la cancha.
La decepcionante carrera del capitán libio
En un acto inédito dentro del fútbol libio y en contra de las normas de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), el hijo del dictador se enlistó como jugador y capitán en las filas del Al-Ahly Trípoli de la primera división de Libia en 2001, sin dejar su ca
rgo como autoridad del fútbol de su país, siendo la primera vez que un futbolista en activo es dirigente de la federación de fútbol en la que compite.
Sin embargo, su paso por ese club fue breve, ya que ante la superioridad del equipo rival, el Al-Ittihad Trípoli, Gadafi optó por comprarlo, jugar ahí y autoproclamarse capitán del equipo, logrando ser campeón de acuerdo a los registros consultados por el sitio especializado en estadísticas del futbol Transfermarkt.
La gestión del hijo del dictador como presidente del fútbol libio estuvo marcada por graves acusaciones de represión y autoritarismo, pues se le acusó de la desaparición y destrucción del estadio de un club en Bengasi debido a que sus aficionados protestaron en la cancha y pidieron su renuncia de la federación, según información de la cadena mexicana TV Azteca.
Por otro lado, de acuerdo con información del diario El País, Gadafi intentó impulsar a la Selección Nacional de Libia contratando al técnico campeón del mundo Carlos Bilardo y pagándole 750 mil dólares (15 millones 37 mil pesos mexicanos) a Diego Armando Maradona para darles charlas tácticas a los seleccionados libios, aunque al final la inversión no trajo éxitos deportivos.
Aún con todo el poder del fútbol libio, el hijo del dictador tenía una cuenta pendiente, pues soñaba con disputar un partido de la Champions League, por lo que el 9 de enero de 2002 La Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA) informó que la empresa de la familia Gadafi LAFICO (Libyan Arab Foreign Investment Company), adquirió un 7,5% de las acciones de la Juventus de Turín con el fin de que Saadi pudiera disputar encuentros con el club italiano. Sin embargo, el entrenador Marcello Lippi se opuso a ello y solamente le permitió entrenar con el equipo en algunas ocasiones.
Un año después, el capitán libio logró fichar con el club italiano Perugia para jugar la serie A, aunque según información del sitio Transfermarkt sólo disputó 15 minutos contra la Juventus, y otros dos partidos en 3 años ya en otros equipos como el Udinese y la Sampdoria.
Tras no conseguir sus objetivos en 7 años de carrera como futbolista, se retiró en 2007 de cualquier actividad relacionada al deporte y pasó a integrarse en las Fuerzas Armadas de Libia con el rango de teniente coronel.
Su frustrada llegada a México y arresto

Luego de la caída del régimen de su padre, Saadi buscó escapar de Libia, en primera instancia pensó en llegar a México para vivir junto a su familia con identidades falsas en una residencia en las playas de Bahía de Balderas en Nayarit, en el Océano Pacífico.
Pero su plan fue descubierto y truncado por los servicios de inteligencia mexicanos en un operativo que llamaron “Operación Huésped” según informó en 2011 el entonces secretario de gobernación, Alejandro Poiré.
Luego del fracaso de su exilio en México, el exfutbolista huyó hacia Níger donde se mantuvo oculto hasta que en 2014 las autoridades del país africano lo entregaron al nuevo gobierno libio.
De regreso a su país, fue encarcelado tras ser acusado del asesinato del exfutbolista y entrenador libio Bashir al Rayani, delito que quedó impune durante su gestión en el futbol libio, pero que lo mantuvo preso hasta 2021 cuando fue absuelto de sus cargos según información de la cadena de televisión euronews.
Al salir de prisión el exfutbolista huyó a Estambul, Turquía donde partiría hacia otro país, a día de hoy su paradero es desconocido.
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