
En el corazón del centro histórico de San Luis Potosí se encuentra el enigmático Callejón de las Manitas. Este estrecho pasaje, de apenas unos metros de ancho, guarda entre sus paredes unas misteriosas huellas de manos pequeñas que han alimentado durante siglos una rica variedad de leyendas y relatos populares.
San Luis Potosí, conocida por su arquitectura colonial y su Patrimonio de la Humanidad, es hogar de múltiples sitios de interés histórico y cultural. Sin embargo, pocos lugares son tan intrigantes como el Callejón de las Manitas.
Este sitio, ubicado cerca de la Plaza de Armas y otros monumentos históricos, ha sido objeto de fascinación tanto para los residentes locales como para los turistas que visitan la ciudad.
El origen de las manitas
Entre las diversas leyendas acerca del origen de las manitas, la más conocida es la que involucra al sacerdote Antonio Gómez González. Documentada por el historiador Manuel Muro en su obra “Miscelánea Potosina”, esta leyenda ha perdurado en el imaginario colectivo de la ciudad.
En los registros históricos se menciona que el 13 de enero de 1851, en una casa ubicada a un lado del entonces Hospital Militar (que hoy es el Museo Federico Silva), ocurrió un trágico asesinato. La casa se encontraba en el callejón que entonces era conocido como De la Alfalfa, en el barrio del mismo nombre.
El sacerdote, quien era catedrático de latín en el Colegio Guadalupano Josefino (hoy edificio central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí), estaba hospedado junto a dos mozos, Manuel Salas de 18 años y Cruz Castañeda de 17. Los tres habían salido de la ciudad en noviembre del año anterior rumbo a San Miguel de Allende y posteriormente a Tierra Nueva, donde el sacerdote recibió una considerable cantidad de dinero (cien pesos oro).

La noche del 13 de enero de 1851, Manuel Salas llegó al hospital militar pidiendo ayuda, alegando que había encontrado a su amo herido. Soldados y serenos acudieron al lugar, encontrando al sacerdote tirado en un charco de sangre. Tenía un golpe en la mejilla derecha y trece puñaladas, cinco de ellas en la espalda.
La noticia del crimen se propagó rápidamente por la ciudad, y dada la relevancia del personaje asesinado, el Juez Primero de Letras se encargó de la investigación. Los sirvientes fueron detenidos junto a otras dos personas, los encargados de la casa donde ocurrió el asesinato.
Días después, al parecer bajo presiones y posiblemente tortura, los jóvenes confesaron ser los autores del asesinato. Explicaron que el sacerdote los trataba mal y decidieron vengarse. Uno de ellos compró un puñal para cometer el crimen, no sin antes dejarlo inconsciente al pegarle con un garrote.
Los jóvenes escondieron el dinero y el arma asesina y luego regresaron a la casa para alertar a las autoridades sobre el “descubrimiento” del cuerpo.
A pesar de sus edades, ambos jóvenes fueron condenados a la pena de muerte bajo el “método del garrote”, una brutal ejecución donde eran atados a un poste y asfixiados lentamente con una corbata metálica. Ya muertos, sus manos fueron amputadas y clavadas en el muro del escenario del crimen con un letrero que decía “Por sacrílego crimen”.
El dueño de la casa donde se clavaron las manos de los jóvenes protestó, y el gobierno tuvo que comprarle la propiedad. Con el tiempo, surgió la leyenda: quienes pasaban por el callejón decían ver unas fantasmales manos clavadas en la pared. Desde entonces, el lugar es conocido como el Callejón de las Manitas.
Otras leyendas

Otra de las historias más aceptadas en la cultura popular sugiere que las huellas pertenecen a niños que trabajaban en la construcción de la ciudad en la época colonial. Se dice que, como despedida, estos niños impregnaron sus manos en las paredes.
Otra leyenda menos conocida pero igual de intrigante sugiere que las huellas son el resultado de apariciones espectrales que han hecho su presencia durante las noches. Los lugareños cuentan que se trata de almas en pena atrapadas en el callejón, cuyas manos se imprimieron en las paredes como una forma de comunicarse con el mundo de los vivos.
Hoy en día, el Callejón de las Manitas es un popular destino turístico. Los visitantes son atraídos tanto por la curiosidad que despiertan las huellas como por la belleza arquitectónica que lo rodea. El callejón es parte de un rico tejido urbano que incluye edificios históricos, iglesias y plazas, todos ellos testigos de la historia de San Luis Potosí.
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