
En el marco de la Marcha del Orgullo LGBT+ 2024 que hoy se realiza en la Ciudad de México, no está por demás recurrir a la historia para ser conscientes de la lucha que se ha dado desde hace décadas en éste ámbito para llegar hasta donde estamos.
Bajo dicho contexto, en México, existe un término, ya NO tan recurrente, afortunadamente, con el cual se señalaba ofensivamente a los homosexuales. En las familias era típico señalar o decir fulano o sutano es “Joto”; en el mejor de los casos “Jotito”, como una forma de suavizar el asunto al referirse a ellos.
Contexto
Un 29 de septiembre de 1900, por órdenes de Porfirio Díaz, fue erigida la cárcel más mítica y segura -en su tiempo-, La Penitenciaría del Lecumberri, un diseño de Antonio Torres Torrija, Antonio M. Anza y Miguel Quintana, en el cual se implementaron los sistemas constructivos más modernos de la época, con estructuras de acero recubiertas de piedra, muros de mampostería; siguiendo un estilo ecléctico que evoca en su fachada a las fortalezas infranqueables.
Se trata de una estructura que trascendió hasta nuestros días, la cual es posible apreciar, sólo que ahora es un inmueble perteneciente al Gobierno Federal bajo el nombre del Archivo General de la Nación (AGN), el cual ha albergado sucesos históricos nada honorables.
El también conocido como el “Palacio Negro”, desde su construcción y hasta el 27 de agosto de 1976, año en que dejó de fungir como reclusorio, acogió hechos históricos como el asesinato del entonces presidente y vicepresidente Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, respectivamente, quienes a solicitud de Victoriano Huerta, fueron abatidos con disparos en la cabeza cuyos cadáveres fueron enterrados en la parte trasera del edificio, el 9 de febrero de 1913.
De igual modo, personajes como Pancho Villa; el escritor José Revueltas, el pintor David Alfaro Siqueiros; Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky; así como el novelista Álvaro Mutis; Francisco Guerrero “El Chalequero”, conocido como el primer asesino serial en México; y el cantante Juan Gabriel, cumplieron sentencias; así como decenas de estudiantes detenidos del Movimiento del ‘68 terminaron siendo torturados y asesinados ahí.

El origen
De igual modo, se sabe de historias y eventos tétricos en su interior, por abusos de toda índole, violación a los derechos humanos y condiciones insalubres impensables; un lugar construido para 900 presos, pero que llegó a tener hasta 7 mil internos hacinados en celdas de dos por tres metros, que llegaban a tener hasta treinta reclusos cada una, quienes dormían de pie amarrándose de los barrotes para evitar caerse.
Fue así, en ese contexto, que los condenados que eran ingresados al Lecumberri eran destinados a módulos organizados alfabéticamente según sus crímenes, y aquellos encarcelados por presuntos “escándalos morales” eran ubicados en el módulo “J”, de ahí el término “joto” para referirse a los homosexuales del lugar.
El término, nada honroso, fue uno de los adjetivos que trascendió fuera de los muros del inmueble llegando al vox populi, para “nombrar”, “denominar”, “clasificar”, “catalogar”, “encasillar” de una forma nada honrosa y despectiva a aquellos cuyas preferencias sexuales al igual que los pensamientos son propiedad y decisión de cada persona.
¡Viva el orgullo Gay!

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