
El 23 de marzo de 1994 marca uno de los episodios más sombríos en la historia política de México, con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República. Este trágico evento no solo dejó una huella imborrable en la memoria colectiva del país, sino también en la vida personal de su familia, en especial de su esposa, Diana Laura Riojas.
En aquel entonces, Diana Laura se encontraba en Tijuana junto con su amiga, la periodista Norma Meraz, cuando recibió la devastadora noticia. Meraz, testigo de primera mano, relató en su momento a la revista Proceso cómo fueron las horas y los días siguientes al asesinato de Colosio Murrieta.
Norma Meraz, exesposa de Arturo Montiel, relata que Diana Laura se enteró del asesinato de Luis Donaldo Colosio a través de Beto Villaescuza, un amigo cercano del candidato, quien le informó que a Colosio le habían disparado en la cabeza y en el estómago.
Su reacción inmediata fue de urgencia y preocupación, lo que la llevó a salir corriendo hacia el hospital junto con su amiga. A su llegada al hospital, Diana Laura se enfrentó a la angustiante espera y al proceso de tratar de salvar la vida de su esposo, donde su fe y esperanza se manifestaron en la oración constante.
Al ser informada de la muerte de su esposo, su dolor se intensificó. En la narración se alude a que la viuda de Colosio entró a la habitación y salió con su vestimenta manchada de sangre, pues había abrazado el cuerpo inerte de su esposo.

Las pertenencias de Luis Donaldo Colosio terminaron guardadas en una modesta bolsa de plástico blanco según se relata. Esta bolsa contenía ropa, zapatos y la chamarra de Colosio. Posteriormente, estas pertenencias fueron trasladadas y guardadas en un mueble de madera dentro de la oficina que Diana Laura ocupaba en el edificio Uno de la sede del PRI, ubicado en Insurgentes Norte. Eventualmente, Diana Laura se llevó estas pertenencias a su casa.
Adicionalmente, se menciona que Diana Laura solicitó al general Domiro García Reyes, responsable de la seguridad del candidato, el reloj y la navaja de Luis Donaldo que pertenecían a su hijo. El general accedió a la petición, sin embargo, tales objetos nunca llegaron a manos del hijo de Colosio, conforme lo confirmó él mismo años después.
Diana Laura enfrentó el desafío emocionalmente devastador de comunicarle a su hijo la muerte de su padre. Aunque el texto no proporciona detalles específicos sobre el momento exacto o las palabras que usó para darle la noticia a Luis Donaldo Colosio Riojas, se hace mención a que su madre instruyó que apagaran la televisión al niño y no lo llevaran a la escuela al día siguiente, sugiriendo su intención de protegerlo inicialmente del doloroso alcance de las noticias y probablemente prepararlo para recibir la noticia en un entorno más controlado y seguro.
Por otro lado, también se menciona su actitud con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

En el relato de Norma Meraz al medio antes citado se cuenta que cuando el presidente Salinas quiso ofrecer sus condolencias a través de una llamada telefónica, Diana Laura tomó el tiempo necesario antes de responder, asegurándose de tener claras sus peticiones relativas al sepelio de su marido.
Estableció condiciones específicas para el funeral y el homenaje, entre ello le pide que no cremen el cuerpo de su esposo, que el PRI le rinda un homenaje, ordena que no aparezcan ni Manuel Camacho Solís ni José Córdoba Montoya ―dos personajes que siempre mostraron su oposición a la designación de Colosio como candidato presidencial―, entre otras cosas.
El traslado de los restos de Colosio al Distrito Federal y posteriormente a Magdalena de Kino fue acompañado por la familia, amigos cercanos, y colaboradores del candidato. Diana Laura tuvo oportunidad de pronunciar unas palabras durante la ceremonia ante la tumba, donde expresó que a su esposo lo habían matado “las balas del odio”, destacando la emoción y la fortaleza en su discurso, así como su dolor por la pérdida.
La amiga de la familia cuenta que tiempo después la viuda de Colosio le compartió una anécdota en la que le contaba cómo su hijo Luis Donaldo, consciente del impacto del asesinato, le pregunta si sabía quién podría prestarles 10 mil pesos. Al cuestionarlo por qué éste le dijo que era para pagarle a Mario Aburto (el asesino convicto) y averiguar quién había mandado a matar a su papá.

Luis Donaldo y Diana Laura
Luis Donaldo Colosio y Diana Laura Riojas se conocieron en la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos, donde ambos realizaban estudios de posgrado. Su relación se consolidó durante este periodo, compartiendo ideales y compromisos hacia la política y la justicia social, lo que eventualmente los llevó al matrimonio.
La pareja tuvo dos hijos: Luis Donaldo Colosio Riojas y Mariana Colosio Riojas. El primero ha seguido una carrera en la política y el activismo, reflejando de alguna manera el legado político y social de su padre. Mariana Colosio Riojas, por otro lado, ha mantenido un perfil más bajo en comparación con su hermano. La familia ha vivido bajo la sombra del legado y la trágica muerte de Colosio, enfrentándose a los desafíos de preservar su memoria y continuar con sus ideales.
Diana Laura Riojas falleció a causa de cáncer el 5 de noviembre de 1994, meses después del asesinato de su esposo. Este periodo fue extremadamente difícil para ella, no solo por el duelo tras el trágico asesinato de Colosio, sino también por su batalla contra esta enfermedad. Su muerte significó una nueva pérdida para la familia Colosio Riojas y profundizó el impacto del legado dejado por los trágicos eventos de 1994.
Gobierno de AMLO intenta revivir el caso; Colosio Riojas pide indulto

En una solicitud sin precedentes, Luis Donaldo Colosio Riojas, actual alcalde de Monterrey e hijo de Luis Donaldo Colosio Murrieta ha solicitado al presidente Andrés Manuel López Obrador el indulto de Mario Aburto, el hombre condenado por el magnicidio de su padre. Esta petición surge en un contexto particularmente significativo, a casi tres décadas del evento que conmocionó la política mexicana y en vísperas de un nuevo ciclo electoral.
“Apelando a la compasión del presidente, yo diría que mejor indulte a Mario Aburto (...) que ponga un carpetazo final a este asunto, que permita que tanto mi familia como México sanemos”, expresó Colosio Riojas, marcando un gesto de reconciliación y cierre sobre uno de los casos más emblemáticos en la historia contemporánea de México. Esta declaración resuena en un momento donde la justicia y la memoria histórica se entrelazan con la política actual.
El llamado al indulto ocurre después de que, hace tres semanas, un juez desestimara pruebas presentadas por la Fiscalía General de la República (FGR) contra un presunto “segundo” atacante implicado en el asesinato, un giro que reavivó las teorías sobre la veracidad y complejidad del caso.
Según el comunicado de la FGR, “todas las pruebas aportadas (...) y en especial las de análisis de sangre, demuestran que en la ropa de dicho acusado se encontró el tipo de sangre de la víctima”, un argumento fundamental en la acusación que, sin embargo, no fue suficiente para sostener la hipótesis de múltiples agresores.

Mario Aburto, actualmente de 53 años, ha sido el único condenado por este crimen, ejecutado en un contexto político inestable durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Aunque Aburto admitió ser el ejecutor del asesinato de Colosio, las circunstancias y motivaciones detrás del acto han sido objeto de especulación y controversia, exacerbadas por la reciente decisión judicial de otorgarle un amparo que invalida su sentencia, bajo el argumento de que debió haber sido procesado con base en el Código Penal de Baja California y no con el federal.
La reacción de Colosio Riojas ante estas nuevas revelaciones es notable, sugiriendo que “dejar esto ya en manos de otra justicia, porque la justicia mexicana quedó a deber en su momento y hoy lo que queremos es vuelta a la página y construir algo nuevo”. Esta declaración destaca una disposición hacia la reconciliación y la sanación, tanto personal como colectiva, frente a las heridas abiertas por la violencia política.
Además, el alcance de esta petición en el ambiente político actual no pasa desapercibido. Colosio Riojas cuestionó el timing de estas revelaciones, sugiriendo motivaciones electorales detrás de las mismas: “Es meter ruido innecesariamente. ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué siempre en época electoral?”, una reflexión que pone en relieve cómo eventos del pasado siguen influyendo en el discurso político presente, especialmente en la antesala de elecciones presidenciales.
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