
Cuauhtémoc fue el último emperador mexica de la Gran Tenochtitlan. Y es que el final de la ciudad, y de la cultura como se conocía, se dio el 13 de agosto de 1521, cuando los invasores españoles lograron capturarlo. En total, fueron 11 los tlatoanis que lograron gobernar la gran ciudad de Tenochtitlan, desde su fundación en 1325 hasta su caída, en 1521.
Entre los gobernantes que estuvieron al frente del imperio, hubo de todo. Desde los que no lograron sobresalir ni pudieron conquistar más territorios para acrecentar el imperio, hasta los que fueron recordados como grandes gobernantes que llevaron a la gloria a la ciudad que se encontraba en medio del lago de Texcoco.
Uno de los que pertenecieron a estos últimos, de los que lograron sobresalir por el buen gobierno que tuvieron, fue precisamente el padre de Cuauhtémoc, que llevaba por nombre Ahuízotl. Él gobernó Tenochtitlan entre 1486 y 1502 y llevó al imperio mexica a alcanzar su mayor extensión.
Su nombre significa “el espinoso de agua”, y alude a un animal fantástico. También se puede traducir como “perro de agua”, principalmente por las características de su glifo formado por un mamífero asociado con una corriente de agua.
Y es que Ahuízotl intensificó el empuje expansionista de Moctezuma I, o Moctezuma Ilhuicamina, quien gobernó de 1440 a 1469, y quien había sentado las bases del poder azteca sobre la región, expandiendo su control alrededor de Tenochtitlan. Ahuízotl amplió el territorio azteca con conquistas hacia el este, el oeste y el sur, llegando el imperio azteca a su máxima extensión: el Estado abarcaba el centro y sur del actual México y el norte de Guatemala entre las costas atlántica y pacífica, y dominaba una región de unos diez millones de habitantes.

Ahuízotl era nieto de Moctezuma I, y recuperó el espíritu guerrero de éste, que había sido abandonado por años por sus sucesores. Sucedió en el trono a su hermano Tízoc, quien murió de manera misteriosa, muy probablemente envenenado por en un complot nobiliario, y pronto ganó reputación como un gran estratega militar. Él mismo encabezó muchas de las campañas militares, protagonizadas por largas marchas, ataques sorpresa y emboscadas, ganándose una fama de guerrero feroz y cruel entre sus enemigos y el respeto entre sus hombres, a los que solía acompañar en sus expediciones acampando con ellos, en lugar de quedarse en un palacio.
Para 1487 el tlatoani inauguró el Gran Teocalli o Templo Mayor, un episodio que contribuyó a aumentar su fama de cruel. La consagración del templo se convirtió en el mayor ritual de sacrificios de la historia azteca. Las fuentes cifran en no menos de 20 mil los prisioneros de guerra sacrificados, para saciar la sed de sangre del dios de la Guerra, Huitzilopochtli, en una hecatombe que duró cuatro días. Los cautivos, dispuestos en cuatro filas que alcanzaban varios kilómetros, subían las gradas del templo hasta el altar del sacrificio, en donde se llevaba a cabo el sanguinario ritual: mientras cuatro hombres inmovilizaban a las víctimas, varios sacerdotes y el propio Ahuízotl abrían el pecho de los prisioneros con el cuchillo ritual y les sacaba el corazón, aún latente. Luego de esto, los despeñaban por las gradas para que otros descuartizaran los cuerpos.
Las conquistas reportaron grandes beneficios a los mexicas, quienes obligaban a sus vecinos subyugados a mantener el Estado mexica a través de tributos y esclavos. Esta época también conoció un gran desarrollo comercial, que se llevó a cabo en paralelo a la expansión territorial. El propio monarca alentó las expediciones de los pochtecas, que eran comerciantes de artículos de lujo que hacían, a la vez, funciones de espía y proporcionaban al monarca información vital para la preparación de sus campañas militares. La vida en la corte se desarrollaba en medio del lujo y la opulencia sufragados por los pueblos vasallos. Tenochtitlan, que contaba con unos 300 mil habitantes, llegó a convertirse en la ciudad más poderosa de América.
Ahuízotl promovió algunas obras públicas en la capital, como la construcción del acueducto de Coyoacán para abastecer de agua a Tenochtitlan. Esta obra, que al parecer no estuvo bien planeada, causó una gran inundación que provocó la muerte del monarca en 1502, luego de golpearse la cabeza al tratar de ponerse a salvo de las aguas. Su sobrino, Moctezuma II, lo sucedió en el trono, y fue a él a quien los españoles le arrebataron el control de la capital.
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