
En la actualidad, se sabe que el listado de las personas más ricas de México está encabezado por el magnate mexicano de ascendencia libanesa, Carlos Slim Helú, quien según el último listado dado a conocer en la revista estadounidense especializada en temas financieros Forbes, cuenta con una fortuna de USD 81 mil 200 millones.
Después de él, destacan otras otras personas como Germán Larrea y Ricardo Salinas Pliego. Sin embargo, antes de que existiera un conteo de Forbes para saber quiénes eran las personas más ricas de México y el mundo, durante la primera mitad del siglo XX, existió una persona que no era originaria del país, y que llegó a ser el más acaudalado de México.
Se trata de William Oscar Jenkins, un empresario estadounidense que vivió en el país desde principios del siglo pasado.
Jenkins llegó a México en 1901, cuando apenas tenía 23 años y unos cuántos dólares en los bolsillos. Todo comenzó como un viaje turístico con su esposa Mary Street Jenkins, para conocer el estado norteño de Nuevo León, específicamente su capital, Monterrey.

Sin embargo, lo que sería un viaje para pasear, se convertiría en su residencia por el resto de su vida. Y es que en Monterrey encontró empleo en una empresa de ferrocarriles, y después, en una compañía minera.
En 1905 se mudó al centro del país, en el estado de Puebla. Ahí, se asoció con otros extranjeros para crear una pequeña fábrica textil. Este, sin saberlo, sería el principio de una gran fortuna que acumularía hasta su muerte.
Al inicio de la Revolución Mexicana, en 1910, el estadounidense, aprovechando los precios bajos de familias que querían huir de la guerra, compró haciendas, mansiones y terrenos. Además, ofrecía prestamos con intereses muy altos. Al concluir la primera etapa de las batallas, Jenkins vendió a precios muy elevados muchas de sus propiedades.
Para ese momento, Jenkins ya era conocido por su gran fortuna, y en 1919 fue secuestrado, sin embargo, cuando fue liberado, fue acusado de fingir su secuestro para conseguir una gran cantidad de dinero, y fue encarcelado acusado de perjurio e intimidación de testigos.
Este incidente provocó un conflicto diplomático entre México y Estados Unidos, donde algunas personas plantearon anexar parte del territorio de su vecino para compensar el agravio del magnate.
Luego de su secuestro, el magnate estadounidense compró todas las plantaciones de caña de azúcar del poblado de Atencingo, Puebla, donde se encontraba el ingenio más importante del país, sin embargo, el presidenta Lázaro Cárdenas nacionalizó la propiedad, por lo que el magnate decidió probar suerte en el cine.
En pocos años, logró ser dueño del 80% de las salas cinematográficas de México, e incluso, apoyó con capital a varias películas. Además, ingresó al negocio de los bancos, adquiriendo la institución financiera más grande de la época: el Banco del Comercio (Bancomer).
El crecimiento de la fortuna de Jenkins siempre estuvo rodeado por la polémica. Aunque el magnate estadounidense ayudó a reconstruir la economía del país tras la Revolución, esto no lo hizo de a gratis. Los personajes que surgieron del movimiento armado, necesitaban dinero de empresarios como él, para ganar las elecciones. Y los empresarios, a su vez, necesitaban el respaldo de los políticos para aumentar su fortuna.

Aunque este tipo de relaciones eran comunes entre los empresarios mexicanos de la época, Jenkins fue particularmente hábil en ese terreno. Por ejemplo, en Puebla, respaldó con miles de dólares a los hermanos Maximino, Manuel y Rafael Ávila Camacho, que eran miembros destacados del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), antecesora del actual Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El dinero se entregó de manera irregular, a través de préstamos personales o financiamientos en especie, algo prohibido en México a los extranjeros. Pero esta inversión rindió frutos cuando Manuel Ávila Camacho llegó a la presidencia de 1940 a 1946; Maximino fue gobernador de Puebla entre 1937 y 1941 y luego su hermano Rafael ocupó el mismo cargo, de 1951 a 1957. Fue precisamente en este periodo cuando Jenkins logró llegar a la cima de su fortuna.
Además, Jenkins fue fundador de la Universidad de Las Américas Puebla, y creo la Fundación Mary Street Jenkins. Murió de un paro cardiaco el 4 de junio de 1963, en la ciudad de Puebla.
A su muerte decidió no dejar herencia a sus hijos, y mandó toda su fortuna a la fundación que lleva el nombre de su esposa, sin embargo, en 2021 se dio a conocer que hay una disputa por el dinero de dicha fundación.
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