
Gundy tenía cinco meses cuando su madre fue atropellada por un automóvil en el valle Hunter de Nueva Gales del Sur, Australia. Milagrosamente, el joven marsupial sobrevivió en la bolsa de la hembra y pronto fue auxiliado por Judith Hopper, miembro del Rescate de Fauna Silvestre (Hunter Wildlife Rescue).
“Los pequeños pueden vivir en el marsupio durante varios días, así que, para cualquiera que vea un cadáver [de wombat] y se detenga a revisarlo… podemos salvar a la cría”, explicó para la Australian Broadcasting Corporation (ABC).
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De acuerdo con National Geographic, la especie suele dar a luz a un solo bebé que nace ciego, sin pelo y pesa apenas dos gramos, el cual permanece dentro de la bolsa entre ocho o nueve meses, pero incluso después de salir, puede regresar a ella en busca de refugio o alimento, dependiendo del ejemplar adulto durante un año o más.
En un inicio, Gundy no presentaba lesiones visibles, pero Hopper notó que algo andaba mal con su coordinación. Posteriormente, una evaluación realizada por el oftalmólogo veterinario Kelly Caruso confirmó que el marsupial carecía de la vista.
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“Es un caso un tanto singular porque los ojos no parecían terribles, pero las pruebas mostraron que no había reflejos ni respuestas”, indicó el especialista para ABC. “Creemos que tiene una degeneración de la retina debido a la falta de oxígeno, o un mal comienzo de vida... Ese proceso patológico no le ha permitido tener visión”, continuó.
Así, ante dicho diagnóstico, la opción de reinsertarlo en su hábitat fue descartada. “Liberarlo en la naturaleza sería bastante catastrófico para él”, señaló Caruso.
Una nueva vida en el santuario Walkabout

Tassin Barnard, directora del santuario Walkabout en la costa central de Nueva Gales del Sur, ofreció un hogar permanente a Gundy. “Siempre hay alguien desesperado que podemos incluir, generalmente un animal rescatado que no puede regresar a su hábitat natural”, comentó.
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En poco tiempo, el marsupial de corta edad se convirtió en una atracción popular del parque. “Era inusual porque amaba el contacto humano... la vida para un wombat ciego podría no ser muy buena”, dijo Barnard. “Pero él ama a la gente, ama los abrazos, ama los mimos”.
La guardabosques Lauren Murphy ha estado a cargo de su cuidado desde su llegada al santuario. Según la información difundida por ABC, lo pasea diariamente con un arnés para perros como parte de una rutina diseñada para mantenerlo activo y ayudarle a conocer su entorno.
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“Como Gundy aún es joven, caminará entre tus piernas como si fueras su madre, así que tendrás que caminar junto a él para guiarlo”, explicó la mujer.
Aunque ha mejorado su sentido de orientación, el wombat todavía choca contra algunos objetos o se cae de pequeñas cornisas. Además, el verano podría representar un nuevo desafío, pues “no suele parpadear porque sus ojos no funcionan y no puede ahuyentar las moscas”, agregó Murphy. “Vamos a tener que empezar a pensar en eso y en qué podemos hacer para ayudar”.
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La oportunidad que salvó su vida

Para Judith Hopper, quien rescató a Gundy, el hecho de que haya encontrado un lugar adecuado para vivir representa un final feliz dentro de lo posible. “No era en absoluto adecuado para ser liberado y el 99 por ciento de las veces estoy totalmente en contra de los wombats en cautiverio porque necesitan una gran cantidad de espacio”, afirmó.
“Odio verlos en zoológicos y cosas así, pero Walkabout Sanctuary es un lugar bastante especial. Ha sido un resultado realmente maravilloso para él... porque de lo contrario habría tenido que ser sacrificado”, concluyó para la ABC.
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Aunque no se cuenta con una cifra específica, los atropellos, junto con la pérdida de hábitat y el ataque de otras especies, representan una amenaza para los wombats, según la Fundación para la Conservación de los Perezosos (The Sloth Conservation Foundation).
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