
Un equipo internacional liderado por Victor N. Rivas, Dayna A. Goldsmith y Joshua A. Stern de la Universidad Estatal de Carolina del Norte ha identificado por primera vez una variante genética asociada a la miocardiopatía hipertrófica en perros, específicamente en una familia de Golden Retrievers.
El hallazgo, publicado en agosto de 2025 en la revista Circulación: Medicina Genómica y de Precisión (Circulation: Genomic and Precision Medicine), representa un avance relevante tanto para la salud animal como para la investigación de enfermedades cardíacas humanas, ya que hasta ahora no se había descrito ninguna mutación genética vinculada a esta patología en caninos.
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La miocardiopatía hipertrófica es una enfermedad cardíaca caracterizada por el engrosamiento anormal de la pared del ventrículo izquierdo, lo que tiene el potencial de provocar insuficiencia cardíaca, arritmias y muerte súbita. Aunque es común en humanos y gatos, y se ha documentado en otros mamíferos, su aparición en perros es rara y su base genética permanecía desconocida.
En las personas, por ejemplo, más de mil 500 mutaciones en genes relacionados con el sarcómero explican la enfermedad, mientras que en los felinos domésticos sólo se han identificado tres variantes, todas específicas de ciertas razas.
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¿En qué consistió la investigación?

El estudio se originó tras el fallecimiento de tres cachorros de Golden Retriever, todos menores de dos años y pertenecientes a la misma familia. De acuerdo con la información proporcionada en la publicación, las necropsias revelaron signos clásicos de miocardiopatía hipertrófica: crecimiento del tamaño de los miocitos cardíacos, fibrosis intersticial y desorganización de las fibras musculares.
Debido a ello, los investigadores sospecharon un origen genético y realizaron secuenciación completa del genoma a los tres cánidos afectados, sus padres, cuatro hermanos no afectados, cuatro medio hermanos y un Golden Retriever anciano sin problemas cardíacos, sumando un total de 14 animales.
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El análisis genético identificó sólo una variante que segregaba con la enfermedad, una mutación en el gen TNNI3, la cual codifica la troponina I cardíaca, una proteína esencial para la contracción muscular del corazón. Esta mutación provoca el cambio de alanina por valina en la posición 198 de la proteína.
Dicha variante no se detectó en una base de datos de 2.771 perros de 364 razas diferentes, ni en un grupo adicional de 45 Golden Retrievers sanos y no emparentados, lo que dio paso a la hipótesis de que se trataba de una mutación exclusiva de esta familia.
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Para confirmar la asociación, el equipo realizó pruebas genéticas adicionales en parientes y en una cohorte de control. Todos los caninos afectados eran homocigotos para la mutación, mientras que los padres y algunos hermanos eran portadores pero no presentaban síntomas.
Según la información consultada, ningún animal fuera de la familia mostró la mutación en ambas copias del gen ni signos de la enfermedad, así, los autores concluyeron que la herencia sigue un patrón autosómico recesivo en donde solo los animales con dos copias de la mutación desarrollan la patología.
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El estudio también incluyó análisis histológicos y de inmunofluorescencia en el tejido cardíaco, pero aunque los corazones de los perros afectados mostraban las alteraciones estructurales típicas de la enfermedad, no se observaron anomalías evidentes en la localización o expresión de la proteína mutada en el sarcómero.
Los investigadores detallan que “la variante representa la primera mutación asociada a miocardiopatía hipertrófica descrita en cualquier especie canina, y su identificación abre la puerta a modelos traslacionales, cribado genético y prevención temprana de la enfermedad en la raza”.
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Implicaciones para la salud canina y humana

En el ámbito veterinario, el hallazgo permitirá desarrollar pruebas genéticas para identificar portadores y evitar la reproducción entre ellos, reduciendo así la incidencia de la enfermedad en Golden Retrievers.
Dado que la mutación parece estar restringida a una familia, pero algunos de sus miembros han sido utilizados como reproductores populares, el riesgo de diseminación dentro de la raza existe, por ello, los autores recomiendan que los portadores solo se crucen con animales libres de la mutación y que se realicen pruebas a los descendientes destinados a la cría.
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En el contexto de la investigación biomédica, este modelo canino ofrece una oportunidad para estudiar la miocardiopatía hipertrófica en un animal de gran tamaño y con una fisiología más cercana a la humana que la de los modelos murinos.
Hasta ahora, los gatos con mutaciones en el gen MYBPC3 constituían el principal modelo animal natural, pero las diferencias genéticas y fenotípicas limitaban su aplicabilidad. En contraste, la mutación identificada en TNNI3 en cánidos se asemeja a variantes patogénicas descritas en humanos, lo que refuerza su valor como modelo traslacional.
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Entre las limitaciones del estudio, los autores señalan el carácter familiar y restringido de la mutación, lo que impide generalizar los resultados a toda la población canina. Además, no se descarta la existencia de otros factores genéticos modificadores que puedan influir en la expresión de la enfermedad. La investigación tampoco pudo demostrar de forma funcional el efecto de la mutación, ya que todos los perros afectados habían fallecido antes del descubrimiento.
De acuerdo con los especialistas, el siguiente paso será ampliar la búsqueda de la mutación en poblaciones más amplias de Golden Retrievers y otras razas, así como realizar estudios funcionales para esclarecer el mecanismo por el cual la variante de TNNI3 causa la enfermedad.
Así, este descubrimiento, además de aportar una herramienta para la prevención de una enfermedad devastadora en perros, también puede contribuir a entender mejor la miocardiopatía hipertrófica en humanos y a desarrollar nuevas terapias.
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