Un perro fue abandonado durante la pandemia del COVID en una zona rural de Tailandia. Según reportan los vecinos del área, nadie pudo tocarlo en años debido a su comportamiento agresivo.
Durante todo este tiempo, la comunidad trató de ayudarlo dejándole comida y, en algunos casos, medicinas. A pesar de estos esfuerzos, “el canino permanecía en un estado de agonía profunda, con un sufrimiento tan evidente que conmovía a quienes lo observaban”, según relató el rescatista animal Niall Harbison a través de una publicación en sus redes sociales.
El responsable del rescate señaló que el proceso fue complejo y que le llevó varias horas lograr acercarse al can , pues a pesar de que intentaron sedarlo mezclando la medicina en su comida, no funcionó.
Después de múltiples intentos y un gran esfuerzo, finalmente lograron capturar al animal. Para protegerse, comentó que fue necesario utilizar guantes de soldador y actuar con cautela, ya que el can lanzaba mordidas violentas como reflejo de su estrés y miedo para su propia protección.
De la agresividad al primer gesto de confianza tras su tratamiento

El equipo veterinario logró finalmente sedar al perro mediante una aguja administrada a través de la jaula, un procedimiento imprescindible debido a la agresividad extrema que mostraba.
La fuerza y fiereza del animal fueron tan intensas que, Niall Harbison, comentó que “seis personas tuvieron que intervenir en distintos momentos para poder trasladarlo”.
Mientras permanecía bajo sedación, los veterinarios aprovecharon para realizar una limpieza exhaustiva de su piel y orejas, además de extraer muestras de sangre que permitieran evaluar su estado general de salud.
Al llevarlo al refugio de Happy Doggo para que pudiera descansar, los rescatistas pronto advirtieron que el animal presentaba graves problemas de salud: “Su condición física era delicada y sus signos vitales eran preocupantes, pero con el tratamiento adecuado eran problemas que podían ser corregidos”, señaló Harbison.
Sin embargo, lo más sorprendente ocurrió cuando el rescatista se sentó a grabar un video y el can , por voluntad propia, se acercó y comenzó a apoyarse en él, “como si estuviera pidiendo ayuda”, recordó con emoción.
A pesar de su apariencia inicialmente ruda y su expresión seria, que le valieron el apodo de “Lil Al Pacino” en referencia al famoso actor y su papel como un pequeño gánster en películas clásicas, este canino no es en absoluto un animal agresivo o peligroso, ya que detrás de ese aspecto había un ser vulnerable, que sufría y se encontraba en un estado de completa agonía y abandono.
La reacción de la comunidad ante el rescate

Los usuarios en redes sociales expresaron su profundo reconocimiento y admiración por el trabajo realizado en el rescate y cuidado del perro, muchos valoraron no solo el esfuerzo físico, sino el amor y la paciencia que implican estas labores en condiciones difíciles con comentarios como:
“Se puede ver el alivio en sus ojos. Gracias por darle la oportunidad que merece, este pequeño ha cambiado su vida para mejor” o “Gracias a ustedes, verdaderos ángeles en la tierra. Deberían estar orgullosos del trabajo que hacen, día tras día, especialmente en condiciones tan difíciles”.
Otros internautas destacaron la transformación emocional del animal, comentando: “Miren su rostro y esos ojos llenos de alivio. Ya lo he adoptado en mi corazón. Esta historia es un poderoso recordatorio de que cuando una persona actúa con agresividad y aparente inaccesibilidad, suele ser porque está asustada y atravesando un profundo sufrimiento”.
Estas voces reflejan la empatía, la solidaridad y la esperanza que despierta la recuperación de un ser que, tras años de dolor y abandono, comienza una nueva vida gracias a la dedicación incansable de sus rescatistas.
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