Los simios, conocidos por ser los parientes más cercanos del ser humano y sus comportamientos no dejan de sorprender a científicos e investigadores de todo el mundo. En un estudio reciente, expertos descubrieron que estos animales son capaces de bromear y juguetear igual que las personas, un claro signo de inteligencia social.
El estudio conducido por Isabelle Laumer, Investigadora del Instituto Planck de Comportamiento Animal, analizó interacciones sociales espontáneas ligeramente provocativas realizadas por los simios más jóvenes hacia los adultos mayores.
Los orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas participaron en comportamientos acompañados de características de juego. Los investigadores identificaron 18 comportamientos de burla distintos, los cuales buscaban provocar una respuesta. Todas estos impresionantes hallazgos aportan interesantes respuestas sobre las especies que tienen el mayor parentesco con los seres humanos.
Un comportamiento que nació hace 13 millones de años

El estudio publicado el 14 de febrero en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences reveló que los grandes simios como los orangutanes, bonobos, chimpancés y gorilas, aman realizar “burlas juguetonas” a los miembros más viejos de sus comunidades.
Los autores del estudio aclararon que el comportamiento de los simios, al igual que el de los seres humanos, es provocativo y burlesco. Los investigadores teorizaron que la conducta se pudo originar hace al menos 13 millones de años.
“Las burlas lúdicas, que están presentes en los bebés preverbales, comparten muchas de estas características cognitivas. Existe cierta evidencia de que los grandes simios pueden provocar de manera estructuralmente similar”, se lee en el artículo.
Los científicos notaron que todas las burlas trataban de llamar la atención, eran unilaterales, buscaban una respuesta, contaban con una repetición y elaboración escalada. Además, la mayoría ocurrieron en contextos relajados.
“Tienen una amplia variedad de formas y se diferencian del juego en varios aspectos por ejemplo, asimetría, bajos índices de señales y ausencia de ‘sujeciones’ finales, características de los gestos intencionales”, indicaron en el estudio.
Gracias a que notaron que las “burlas juguetonas” están presentes en todos los géneros de grandes simios, los científicos teorizaron que los prerrequisitos cognitivos para “bromear” evolucionaran en el linaje de los hominioideos hace al menos 13 millones de años.
Los investigadores teorizaron que, debido a que los bebés humanos son capaces de burlarse de otros incluso antes de aprender a hablar, los animales serían capaces de mostrar una conducta parecida.
Todos los simios estudiados mostraron un comportamiento que denotaba que actuaban como si supieran que estaban a punto de hacer algo que no tenían permitido, como extender la mano para tocar una estufa caliente, según relató Laumer al medio CNN.
El equipo internacional de investigadores analizó videos de interacciones sociales entre grandes simios habitantes de zoológicos de Leipzig, en Alemania y de San Diego, Estados Unidos.
“Hasta ahora, las burlas de los simios sólo se han estudiado sistemáticamente en chimpancés que viven en zoológicos y se han centrado únicamente en formas de burlas etiquetadas como ‘acoso’” , añadieron en el estudio.
¿En qué se diferencian las burlas de los juegos?

El equipo tuvo que aclarar las diferencias entre las burlas y los juegos. Para lograrlo, observaron que diferían en aspectos importantes: la asimetría, la incorporación de sorpresa y el uso poco frecuente de señales específicas de diversión como hacer caras.
“También debemos considerar la posibilidad de que los eventos de burla lúdicos sean solicitudes de juego fallidas”, indicaron los investigadores en el estudio.
Además, identificaron que cada gran simio contaba con una serie de gestos típicos de su especie utilizados para iniciar el juego, tales como levantar las manos, tocar la cara, dar cabezazos o realizar golpeteos en el pecho.
De acuerdo con CNN, los orangutanes se tiraban del pelo unos a otros debido a que su cabello es más largo que el de otras especies.
“Parece que debido a que el provocador observa de cerca y espera la reacción del objetivo, como si lo supervisara, tal vez sea algo como ‘¿hasta dónde puedo llegar antes de que algo malo suceda?’”, declaró Laumer al medio.
La investigadora en jefe declaró que en un futuro planean investigar las funciones de las burlas, que en los humanos se utilizan para probar los límites sociales y fortalecer las relaciones y extrapolar sus resultados a otros animales con cerebros grandes que viven en sistemas sociales complejos.
“Si lo encontramos, por ejemplo, en pájaros, digamos un loro o algo así, entonces sabríamos que ese comportamiento es algo que puede evolucionar de forma independiente”, concluyó Laumer.
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