La localidad chilena que apagó la IA para volver a la conexión humana

Vecinos de Quilicura atendieron miles de consultas en una acción que combinó cooperación y sostenibilidad

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Quilicura planteó un nuevo enfoque
Quilicura planteó un nuevo enfoque sobre el consumo de agua vinculado a la inteligencia artificial (Quili AI)

El avance acelerado de la tecnología digital genera preocupaciones crecientes sobre su impacto ambiental y social. El consumo de recursos naturales, como el agua utilizada en el enfriamiento de servidores, y la tendencia a reemplazar la interacción humana por respuestas automáticas, plantean desafíos relevantes para las comunidades que buscan alternativas más sostenibles.

En esa línea, en la comuna chilena de Quilicura, un grupo de 50 vecinos decidió reemplazar, por un día, a la inteligencia artificial (IA) por lo que denominaron un “servidor humano”. La acción, impulsada por la Corporación NGEN bajo la iniciativa Quili.ai, buscó alertar sobre el consumo hídrico asociado al uso de tecnologías digitales.

Durante la experiencia, los participantes respondieron más de 25 mil preguntas que fuerno enviadas desde 68 países. Entre ellos, Japón, Finlandia y Emiratos Árabes Unidos.

Vecinos de Quilicura demostraron que
Vecinos de Quilicura demostraron que la conexión directa supera a la tecnología automatizada (Quili AI)

El costo invisible de la tecnología

El objetivo principal de la propuesta fue visibilizar el impacto ambiental de los sistemas automatizados. De acuerdo con estudios recientes, cada vez que una persona interactúa con un chatbot tradicional, el enfriamiento de los servidores puede implicar el gasto de entre 0,5 y 2 litros de agua por consulta.

Esta realidad motivó a la comunidad de Quilicura a ofrecer una alternativa: utilizar el conocimiento y la empatía de los propios vecinos para resolver dudas sin recurrir a la tecnología que demanda recursos naturales de forma constante.

Diversidad de perfiles, una base de datos viva

El “servidor humano” estuvo conformado por perfiles muy diversos. Participaron desde enfermeras y expertos en fútbol, hasta traductoras trilingües, adolescentes responsables de redes sociales y adultos mayores que compartieron recetas familiares.

La propuesta permitió procesar consultas que abarcaban desde recomendaciones turísticas, como visitar Viña del Mar o el Cajón del Maipo, hasta preguntas inesperadas sobre crianza, solicitudes de dibujos de gatos oinquietudes emocionales.

“La invitación no es a ir en contra de la tecnología, sino a entender que existe una huella hídrica detrás de cada clic. Hoy, si quiero una receta de queque, probablemente sea mejor preguntarle a la vecina que a la IA”, explicó Lorena Antimán, vocera de la iniciativa.

La experiencia en Quilicura gestionó
La experiencia en Quilicura gestionó más de 25.000 preguntas sin asistencia tecnológica automatizada (Quili AI)

Un experimento sobre la soledad digital

La jornada de Quilicura también sirvió para visibilizar otro fenómeno: la soledad asociada al mundo digital. A lo largo de ocho horas, cada vecino respondió en promedio más de 40 consultas, con conversaciones que se extendieron por unos 12 minutos y 40 segundos, mucho más que la duración habitual de una interacción con un sistema automatizado.

Las temáticas incluyeron cuestiones tan particulares como “cómo conocer a un latino emocionalmente responsable en Europa”. “Esto fue una desconexión que generó conexión. Volvimos a lo básico: ayudarnos más entre nosotros. Si nos duele algo, la respuesta no debería ser el autodiagnóstico digital, sino conversar con alguien real o acudir a un especialista”, destacó Antimán.

Impacto y reflexiones desde la comunidad

El experimento dejó sensaciones positivas entre los participantes. “Con la ayuda de todos logramos dejar la tecnología de uso superfluo para enfocarnos en lo relevante, evitando desgastes innecesarios”, remarcó Ricardo, uno de los vecinos y acuarelista.

La experiencia de Quilicura demostró que la inteligencia colectiva puede ser más eficiente y sostenible. Mientras un centro de datos puede utilizar millones de litros de agua por día, la comunidad optó por una solución basada en el diálogo directo y la cooperación.

Una alternativa sostenible frente al consumo digital

El “apagón” simbólico de la IA en Quilicura abrió el debate sobre los costos ambientales y sociales del uso intensivo de tecnologías digitales. La marca Quili.ai quedó asociada a una propuesta concreta de conciencia social y ambiental, apuntando a la importancia de repensar el modo en que se interactúa en la vida cotidiana.

El resultado refleja que, a veces, la respuesta más eficiente y sustentable está en preguntar al vecino y fomentar la conexión humana.