Solos contra todos: la lucha de “Los Nueve de Little Rock”, los estudiantes negros que enfrentaron la discriminación en una escuela

Tenían entre 15 y 16 años cuando, el 4 de septiembre de 1957 quisieron comenzar las clases en una escuela secundaria de Arkansas, Estados Unidos, donde hasta entonces solo habían estudiado los blancos. Fueron amenazados por una turba y la Guardia Nacional no los dejó entrar. Aun así, decidieron pelear y esa actitud marcó un hito en la lucha por los derechos civiles

Little Rock
El gobernador de Arkansas y la Guardia Nacional intentaron impedir la entrada de los alumnos afroamericanos (AP)
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En 1999, al recibir la Medalla de Oro del Congreso en reconocimiento a su lucha contra el racismo, la discriminación y la desigualdad dentro y fuera de los Estados Unidos, Minnijean Brown recordó el proceso que vivió cuando se encontró frente a un combate que no esperaba y cuya importancia histórica estaba lejos de imaginar: “Yo solamente me dije: ‘es una escuela grande, está en mi barrio. Está ahí mismo. Tengo que asistir’. Todos estábamos contentos. Sabíamos que Little Rock Central High School ofrecía muchas más asignaturas y arte dramático y oratoria y tenía canchas de tenis y un precioso estadio de enorme tamaño. Por eso quise ir. No imaginaba el revuelo que eso iba a causar, pero una vez que me vi en medio de todo eso mi decisión fue seguir adelante y pelear”, dijo.

Cuando la galardonaron se cumplían 42 años del día en que ella y otros ocho adolescentes negros de 15 y 16 años se enfrentaron a un sistema de discriminación racial para defender su derecho a una educación igualitaria. Eran seis mujeres y tres varones valientes y decididos dispuestos a librar una batalla desigual pero decisiva en la historia estadounidense. Corría septiembre de 1957 y tres años antes la Corte Suprema estadounidense había declarado inconstitucional la segregación escolar. La ley decía que negros y blancos podían asistir juntos a la misma escuela, pero en los estados del sur eso en la práctica era letra muerta.

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Los nueve adolescentes que en 1957 desafiaron la segregación racial en Little Rock, Arkansas: Minnie Brown, Elizabeth Eckford y Ernest Green en la parte superior; Thelma Mothershed, Melba Pattillo y Gloria Ray en el medio; Terrence Roberts, Jefferson Thomas y Carlotta Walls en la fila de abajo de la imagen (AP)

Ese año las clases comenzaron como siempre en la Little Rock Central High School, en Arkansas, un colegio secundario al que asistían casi dos mil alumnos. Hasta entonces todos habían sido blancos, pero el miércoles 4 de septiembre esos nueve chicos afroamericanos quisieron entrar. Nadie les había impedido inscribirse, porque era su derecho, pero poder atravesar las puertas del edificio y asistir a las clases era otro cantar.

“Los negros”, como les decían despectivamente, se llamaban Melba Pattillo, Ernest Green, Elizabeth Eckford, Minnijean Brown, Terrence Roberts, Carlotta Walls, Jefferson Thomas, Gloria Ray y Thelma Mothershed y solo querían ejercer un derecho. Frente a ellos, para impedírselo, se pararon no solo la mayoría de los alumnos y profesores de la escuela sino actores mucho más poderosos, como el gobernador de Arkansas, el demócrata Orval Faubus, y las tropas de la Guardia Nacional. Otros habrían retrocedido, pero decidieron dar la pelea.

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La lucha que protagonizaron “Los Nueve de Little Rock” marcó un momento bisagra en la lucha por los derechos civiles en un sur estadounidense donde por entonces no solo los afroamericanos eran segregados en las escuelas, sino que debían utilizar entradas separadas en tiendas y establecimientos y no podían acceder a cines ni restaurantes destinados exclusivamente a blancos ni beber de las mismas fuentes de agua en parques y jardines públicos.

Solos contra todos

Luego de que en 1953 la Corte Suprema estadounidense dictó su fallo contra la segregación escolar de 1953, la Junta Escolar de la ciudad de Little Rock, en Arkansas, adoptó un plan de integración gradual, conocido como el Plan Blossom, que establecía que la desegregación comenzaría en el otoño de 1957 en la Central High School y se extendería a los otros establecimientos en los años siguientes.

La letra del plan permitía a los estudiantes inscribirse o transferirse de cualquier escuela donde su “raza” fuera minoritaria. De esa manera, se buscaba garantizar que las “escuelas de negros” permanecieran racialmente segregadas, porque se creía que muy pocos o ningún estudiante blanco elegiría asistir a una escuela donde predominaban los alumnos negros. Se creía, también, que lo mismo ocurriría a la inversa, aún en el marco de la lucha por los derechos civiles. Sin embargo, el 4 de septiembre, primer día de clases, los nueve chicos inscriptos se presentaron en la escuela. No pudieron entrar porque una turba se los impidió y, en lugar de garantizarles el derecho, el gobernador Faubus envió tropas de la Guardia Nacional con la excusa de protegerlos, pero en realidad para obligarlos a volver a sus casas. Aquí las cifras son contundentes: fueron movilizados 270 soldados para sacar del medio a nueve chicos negros.

Little Rock
La imagen muestra a varios de los estudiantes de los Nueve de Little Rock (Little Rock Nine) llegando a la secundaria Central High School en Little Rock, Arkansas, en septiembre de 1957, escoltados por soldados federales de la 101.ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos

Elizabeth Eckford llegó sola al campus, en la intersección de las calles 14 y Park, donde se encontró con un furioso grupo de manifestantes segregacionistas que la abucheó. Intentó entrar por la puerta principal, pero los guardias la obligaron a salir por la calle. Caminando sola, rodeada de la multitud, finalmente llegó al extremo sur de Park Street y se sentó en un banco a esperar el ómnibus urbano que la llevaría al trabajo de su madre. “Intenté ver una cara amable entre la multitud, alguien que tal vez pudiera ayudarme. Miré a una anciana y me pareció una cara amable, pero cuando la volvió a mirar, me escupió”, contó años después.

Otros de “los Nueve” llegaron el mismo día y se reunieron en la esquina sur, o de la calle 16, donde ellos y un grupo integrado de ministros locales que estaban allí para apoyarlos también fueron rechazados por los guardias. Tuvieron que abandonar el campus escolar en medio de amenazas de linchamiento por parte de vecinos, padres y alumnos, y se produjeron disturbios de protesta. La turba de supremacistas blancos les tiró piedras y amenazó con matarlos si volvían a verlos cerca del establecimiento.

Little Rock
La escuela era una olla a presión y manifestantes segregacionistas se congregan frente a la Little Rock Central High School para impedir el ingreso de los estudiantes negros

La orden de un juez

Impedidos de entrar a la escuela, durante las dos semanas siguientes los chicos se quedaron en sus casas y trataron de mantenerse al día con las clases gracias a los materiales que algunos profesores les acercaron. Pero estaban decididos a volver y lo lograron cuando un juez federal le ordenó al gobernador Faubus que dejara de interferir y retirara a la Guardia Nacional. Así, el 23 de septiembre, custodiados por policías locales, los nueve pudieron entrar a la escuela.

La multitud reunida afuera del colegio los insultaba y coreaba: “¡Dos, cuatro, seis, ocho / No nos vamos a integrar!”. También agredió a los periodistas negros que se acercaron para cubrir la noticia. Adentro las cosas no fueron mejor: los nueve chicos pudieron sentarse en sus clases, pero solo para soportar los insultos y apretadas de sus “compañeros” blancos. Llevaban tres horas dentro del colegio cuando la policía de Little Rock, temiendo que la multitud la sobrepasara y entrara a la escuela, los retiró del lugar.

Mientras tanto la ciudad parecía una olla a presión a punto de estallar, con divisiones profundas y escaramuzas entre la población blanca y negra, a pesar de que cientos de policías trataban de mantener el orden o, por lo menos, evitar que la situación entrara en una espiral mayor de violencia.

Cuando lo informaron de la situación, el presidente Dwight D. Eisenhower describió los disturbios como ”vergonzosos” e intervino directamente en la crisis desplegando la División Aerotransportada 101 para garantizar el orden y, también, la seguridad de los chicos en la escuela. La Guardia Nacional de Arkansas quedó bajo el mando de las fuerzas militares federales, con una tropa de 1.200 soldados, y el gobernador de Arkansas y sus maniobras segregacionistas quedaron bloqueadas.

Con esas garantías, el 25 de septiembre los nueve chicos pudieron volver a la escuela. Las fotos que muestran a los adolescentes llegando a la Little Rock Central High School dieron la vuelta al mundo. Las tropas se quedaron durante todo el año escolar para garantizar que pudieran cursar sus estudios sin interferencias. “Los Nueve de Little Rock” habían ganado la batalla, pero la guerra continuó de manera brutal, porque los soldados podían acompañarlos a la escuela y garantizar que permanecieran allí, pero no podían impedir el acoso dentro de las aulas.

Un acoso constante

Aunque podían participar de las clases, muchos profesores y la mayoría de los estudiantes blancos los agredían o, en el mejor de los casos, los ignoraban. Tampoco les permitían participar de las actividades extracurriculares. Ocho de ellos soportaron estoicamente la situación, yendo a las aulas todos los días, aguantando las agresiones sin responderlas y aprobando los exámenes.

Little Rock
Los estudiantes pudieron volver al aula custodiados pero de todas maneras soportaron insultos de sus compañeros y en el mejor de los casos que los ignoraran

El caso de Minnijean Brown fue diferente: no toleró las agresiones y decidió responderlas. Primero fue suspendida y después expulsada por tomar represalias contra el acoso que sufría día tras día: primero tiró su comida sobre las cabezas de dos chicos blancos que la habían tomado como objeto de sus maltratos y después trató de “basura blanca” a otra chica que la había insultado. “No puedo aguantar todo lo que me hacen sin contraatacar”, explicó a los periodistas que le preguntaron sobre las razones de su expulsión. Minnijean se mudó a Nueva York y allí se graduó en la escuela secundaria New Lincoln en 1959.

Sus ocho compañeros siguieron en el colegio hasta el final del año escolar. El 27 de mayo de 1958, Ernest Green se convirtió en el primer graduado negro de la Little Rock Central High School y tuvo la satisfacción de que Martin Luther King asistiera a su ceremonia de entrega de diplomas. “Ha sido un año interesante, porque he aprendido mucho de primera mano sobre las relaciones humanas”, dijo, no sin ironía, el chico cuando le tocó dar su discurso.

Los demás no llegaron a graduarse en la escuela, porque ese mismo año el gobernador Faubus volvió a la carga en su ofensiva segregacionista y promovió una votación pública a favor o en contra de la integración. El resultado fue el que esperaba: hubo 19.470 votos contra la integración escolar y solo 7.561 a favor. Faubus ordenó entonces el cierre de todos los institutos de Little Rock, que recién pudieron reabrir sus puertas dos años después.

Pioneros de un cambio

Los otros chicos afroamericanos de Little Rock debieron terminar sus estudios secundarios por correspondencia o en otras escuelas fuera del país. Una de los Nueve, Elizabeth Eckford, se alistó en el ejército y allí obtuvo un diploma equivalente al de la educación secundaria. Quizás haya sido para ellos una derrota personal, pero su lucha le cambió la cara a la educación estadounidense.

Little Rock
Ernest Green se convierte en el primer graduado negro de la Little Rock Central High School el 27 de mayo de 1958, con Martin Luther King entre el público

La determinación “Los Nueve de Little Rock” ayudó a impulsar el movimiento por los derechos civiles en los estados del sur y contribuyó a la lucha contra la segregación en las escuelas públicas de todo el país. Se la considera un hito del combate contra el racismo, la discriminación y la desigualdad dentro y fuera de Estados Unidos. En 1964, su lucha quedó registrada para siempre en el documental Nueve de Little Rock, del director Charles Guggenheim, que fue galardonado con el Oscar.

Melba Pattillo, Ernest Green, Elizabeth Eckford, Minnijean Brown, Terrence Roberts, Carlotta Walls, Jefferson Thomas, Gloria Ray y Thelma Mothershed fueron distinguidos en 1999 con la Medalla de Oro del Congreso, el mayor reconocimiento que puede recibir un miembro de la sociedad civil estadounidense, y en diez años más tarde los nueve fueron invitados a asistir a la toma de posesión del presidente Barack Obama, el primer y único afroamericano en llegar a la Casa Blanca.

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