
En la Navidad de 1990 la familia Tiede no recibió a Santa Claus con su traje rojo y su trineo tirado por renos. Quienes llegaron 48 horas antes de la Nochebuena fueron unos personajes siniestros que tiñeron ese paisaje idílico, de montañas bañadas con suaves copos blancos bajo el cielo azul y límpido del invierno, de color granate.
El sábado 22 de diciembre de 1990 los Tiede llegaron a su remota cabaña ubicada en un paraje montañoso cerca de Beaver Springs en Oakley, Utah, en los Estados Unidos. Era el momento más esperado del año. Diversión en la nieve, regalos y familia.
El cartel de entrada de la propiedad esgrimía el lema que los conducía hasta allí cada año: Tiede’s Tranquility (La tranquilidad de los Tiede). Sin vecinos cerca, aislada del ruido de las ciudades y rodeada de la calma perfecta de la naturaleza, era el lugar elegido para la tradicional celebración, en paz y con calma.
Nada de eso habría. Porque los planes de otros subvertirían los deseos y las vidas de los Tiede.

Mortal libertad condicional
La familia Tiede llegó a Utah desde California, donde vivían, dos días antes de Nochebuena. Eran cinco: Kaye Tiede (49), su marido Rolf Tiede (51), sus dos hijas Linae (20) y Tricia (16) y la madre de Kaye, Beth Potts (76). Una vez instalados decidieron salir hacia Salt Lake City, a unos 80 kilómetros, para hacer compras y buscar provisiones.
Unas horas más tarde, ya entrada la tarde, volvieron a la cabaña y bajaron del auto en dos tandas.
No podían saber que dentro los esperaban dos sujetos violentos que habían ingresado por la fuerza en su ausencia: Von Lester Taylor (25) y Edward Steven Deli (21). Ambos habían salido hacía muy poco en libertad condicional y estaban viviendo en un centro de reinserción con monitoreo permanente del que se habían fugado el 20 de diciembre, dos días antes. Desde entonces, muy bien armados, andaban robando y merodeando por la zona. Llevaban una Magnum .44 y un revólver calibre .38 especial y distintas municiones. Empezaron saqueando comida, dinero en distintas casas que hallaron vacías. Cuando observaron la cabaña de los Tiede en ese paraje remoto y sin testigos cerca decidieron que entrarían a ver qué hallaban.

Forzaron la puerta principal y comenzaron a revisarlo todo. En una cámara hallada en la casa, uno de ellos filma al otro sentado en el piso abriendo los regalos navideños. Con total tranquilidad Deli enfoca a Taylor mientras hablan despreocupadamente y comentan lo que van encontrando. Les gusta mucho un álbum de tarjetas de béisbol y fútbol americano. El arma de Taylor está a la vista del lente mientras abre el paquete que lleva escrito el nombre de Linae. Se ríen, disfrutan.
Ya lo tienen decidido: aguardarán la llegada de los habitantes de esa casa. Quieren más plata, más adrenalina, más de todo.
Durante ese tiempo de espera, Taylor se da el gusto de llamar a un amigo a quien le cuenta que anda con ganas de “dispararle a alguien”.
A las 15.30 la primera en entrar a la cabaña es Linae, la hija mayor del matrimonio. Nota luces prendidas y percibe que hay alguien. Desconcertada intenta avisarle a su madre y a su abuela que van detrás de ella, pero no hace a tiempo. Ellos actúan más rápido y apuntan a las tres mujeres. Kaye pregunta angustiada: ¿qué es lo que quieren? ¿por qué están aquí? Los intrusos se impacientan y directamente responden a balazo limpio. Kaye y Beth son derribadas a tiros. Kaye recibe tres disparos: dos en la parte superior de su cuerpo y un tercero, un perdigón, que le genera heridas superficiales en un brazo y en el cuello. Beth, otros tres, uno de los cuales va directo en su cabeza que explota salpicándolo todo. En menos de un par de minutos han sido ejecutadas delante de los ojos horrorizados de Linae. Taylor y Deli le dicen a la joven que coopere, que si lo hace no le pasará nada. La llevan a un dormitorio y la atan por las muñecas. Linae está en shock, acaba de presenciar la muerte de su madre y de su abuela. Es una pesadilla y no sabe qué planean estos asesinos. Quizá también la maten.

Taylor y Deli esperan a que los otros miembros de la familia suban hasta la cabaña. Tricia y Rolf no demoran demasiado en traspasar la puerta.
Taylor apunta a Rolf y le roba el dinero que lleva encima: 105 dólares. Luego sin mediar discusión alguna le dispara dos veces en la cara. Le tira con perdigones. Lo ve caer con la cara agujereada. Lo da por muerto. Toma un bidón con combustible del garaje y recorre por fuera la cabaña derramándolo. Luego, hace lo mismo por dentro. Finaliza arrojando más líquido sobre Rolf que está inmóvil en el piso.
Sacan a las jóvenes de la cabaña y la prenden fuego.
Llevan a los empujones a Tricia y a Linae hacia dos de las motos de nieve de la familia, les exigen que se suban y conduzcan. Taylor va tras una de ellas y Deli tras la otra. Las amenazan para que vayan lo más rápido que puedan. En el descenso se cruzan con un tío de ellas, Randy Zorn. Pasan rápido sin decirle nada. Ellas temen que de hacer algo estos sujetos también lo maten a él.
Randy se sorprende porque ese comportamiento no es típico de sus sobrinas. Piensa que tal vez están con unos novios.
Las dos extrañas parejas llegan hasta el auto de los Tiede y se suben. La fuga con rehenes ha comenzado de manera furiosa.

Finge estar muerto
Rolf está bañado en gasolina y con la cara desfigurada. Pero está vivo y consciente. Ha fingido estar muerto para detener el odio asesino. En realidad ha sobrevivido porque lo que le han disparado es un perdigón, y no ha tocado nada vital. Esa bala pensada para cazar aves le ha perdonado la vida. Su nivel de adrenalina le permite arrastrarse fuera del alcance de las llamas. Está gravemente herido y lo sabe, pero tiene que seguir adelante como sea. Encuentra su moto y logra subirse. Conduce camino abajo para buscar ayuda.
Llega a la cabaña de su cuñado Zorn, a quien le relata el espanto de lo ocurrido: “Me han disparado. ¡Mataron a Kaye y se llevaron a mis hijas!”. Llaman a la policía.
Zorn sabe que son dos las prioridades: encontrar a las chicas antes de que sea demasiado tarde y subir a Rolf a un helicóptero sanitario de inmediato.
Se inicia al poco rato una cacería por la montaña. No es época de celulares ni de gps avanzados. Aun así la policía no demora en hallar el auto de la familia y comienza la persecución desesperada. Los tiros policiales apuntan a detener el coche porque saben que dentro van las rehenes. Finalmente logran que pare y los rodean. Ha ocurrido un milagro: las chicas están ilesas.
Al mismo tiempo Rolf es trasladado por aire al Hospital Universitario de Salt Lake City donde comienzan a tratarlo por sus heridas en el rostro y las quemaduras.

Apelaciones interminables
Un grupo de la policía se dirigió a la cabaña donde encontraron un desastre. También hallaron la videocámara de los Tiede con las imágenes de los homicidas abriendo paquetes. Los tienen detenidos, no hay mucho más que investigar.
Ambos asesinos fueron acusados de homicidio agravado, intento de homicidio y secuestro.
Taylor se declaró culpable de dos homicidios para conseguir una pena más leve, pero no tuvo suerte. El 22 de mayo de 1991 el jurado recomendó la pena de muerte para él después de cuatro horas de deliberaciones. Durante la sentencia el juez Frank Noel confirmó que el convicto había elegido ser ejecutado con inyección letal.
Deli, que sostenía que no había sido él quien disparó, fue declarado culpable de dos homicidios en segundo grado.
Durante el juicio se supo que las víctimas habían sido baleadas con dos armas. Los fiscales dijeron que si bien Deli decía que no había disparado merecía igual la pena capital porque había sido parte del salvaje plan.

El 14 de mayo de 1991 Deli fue encontrado culpable de asesinato pero el jurado no se puso de acuerdo de manera unánime por considerarlo culpable de asesinato agravado lo que en Utah se pena con la muerte. Solo uno de los doce jurados no estuvo de acuerdo, lo que lo salvó. La condena se dio a conocer el 3 de junio (siete prisiones perpetuas consecutivas por nueve delitos). El juez recomendó que jamás se le otorgara la libertad condicional, aunque lo cierto es que podría pedirla al cumplir 62 años de prisión efectiva, en 2053.
Taylor sigue hasta hoy en la fila de la muerte en el correccional de Utah y apelando cada tanto su sentencia. Lo hizo en 1995, 1997 y 1998 y siempre se las negaron. En marzo de 2004 recurrió a la Corte Suprema. Fracasó nuevamente en 2007 y en 2012. Insistió con sus reclamos de inocencia hasta que increíblemente, el 12 de marzo de 2020, el juez de distrito Campbell accedió a anular su condena basado en “duda razonable”. En junio de 2022 la Corte Suprema de los Estados Unidos no admitió la apelación. Incansable, en 2023 el convicto apeló una vez más en la corte de Utah.
Tricia contó que en el juicio a Deli la gran sorpresa del homicida fue ver a Rolf Tiede vivo. Estaba seguro de que lo habían matado: “Es evidente que no sabía que papá había sobrevivido. Ver su cara no tuvo precio. Era como si se sintiera decepcionado. Mi papá vivió. Nosotros ganamos”.

Cómo seguir sin miedos
Rolf una vez recuperado demandó al estado de Utah por considerarlos responsables de que esos hombres que mataron a su familia se hubieran fugado de los centros de monitoreo. No tuvo suerte y su demanda fue desestimada en 1996. Rolf murió en el año 2008. Fue para sus dos hijas un pilar sólido.
Linae reveló que un tiempo después de la tragedia decidieron reconstruir la cabaña incendiada. Era una demostración de fortaleza interna, de solidez familiar. Asegura que su padre siempre le dijo: “Linae, sé qué caen rayos. Pero los rayos no caen nunca dos veces en el mismo sitio”. Esta frase repetida por Rolf le dio paz y la hizo sentir segura. Linae (55 años en la actualidad) luego del ataque a su familia se mudó a Billings, en Montana, donde conoció a Nathan Coats quien ya tenía cinco hijos de un matrimonio anterior. Se casaron y ella adoptó como propios a los hijos de él y tuvieron cuatro chicos más. Con los años se mudaron a Humble, en Texas.
Tricia (hoy 51) también pudo hacer su vida y tuvo dos hijas y logros profesionales. También hizo público su enojo con lo ocurrido, su trauma y que debió recurrir al perdón para romper las ataduras con ese pasado doloroso. No quería justificar ni olvidar sino quitarle a los atacantes el poder sobre su propia vida.
En 2011, el programa 48 Hours realizó un documental donde ellas hablaron. Para ambas tanto Deli como Taylor son igualmente culpables. Tricia confesó que aquella tarde llegó a pensar en chocar su moto de nieve, pero que pensó que “no podía dejar sola a mi hermana”.
La cabaña las ayudó a sanar porque volvió a convertirse en un lugar de encuentro, de reunión con los buenos recuerdos y sentimientos.
Tricia y Linae lograron borrar los rastros del horror de aquella Navidad para reconstruirse en el mismo sitio. Nadie pudo ni podrá quitarles el amor: la familia Tiede sigue en pie.
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