Cartas secretas, pretendientes insólitos y conspiraciones familiares: así fueron los caminos que recorrió la reina Victoria antes de elegir a Alberto

La juventud de la monarca estuvo marcada por episodios inesperados, presiones dinásticas y un romance imposible que transformaron su visión sobre el amor y el poder en la corte europea

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Reina Victoria
La reginamanía llevó a una fascinación inédita por la vida amorosa de la reina Victoria tras su ascenso al trono británico - Crédito: The Grosby Group

Cuando la reina Victoria ascendió al trono británico en 1837, la atención pública se volcó de inmediato en su vida privada y las especulaciones sobre su matrimonio. Joven, de solo 18 años, la monarca se convirtió rápidamente en objeto de una genuina fascinación que la prensa llamó “reginamanía”. Siguieron propuestas, cartas y una galería de pretendientes que aspiraban a conquistar el corazón de la soberana.

La reina Victoria y el príncipe Alberto a su regreso del servicio matrimonial en el palacio de Saint James, Londres, 10 de febrero de 1840. Grabado de S. Reynolds. después de F Lock (Wikimedia)
La reina Victoria y el príncipe Alberto a su regreso del servicio matrimonial en el palacio de Saint James, Londres, 10 de febrero de 1840. Grabado de S. Reynolds. después de F Lock (Wikimedia)

Desde el inicio, según relata History Extra el entorno de Victoria se vio marcado por pretendientes singulares y episodios de acoso. Uno de los casos más notorios fue el del capitán John Goode, quien la siguió durante sus vacaciones y fue sorprendido varias veces merodeando por el Palacio de Kensington. Goode fue detenido en repetidas ocasiones y, tras insistir en su empeño, terminó internado en el manicomio de Bethlem.

Hubo más incidentes. El capitán Tom Flower intentó colarse en la ceremonia de coronación y otro hombre, Ned Hayward, detuvo el caballo de Victoria en Hyde Park para entregarle una carta en la que le pedía matrimonio.

También John Stockledge, apodado por la prensa como “el último amante lunático de la reina”, fue arrestado tras intentar acceder al Castillo de Windsor. Al ser interrogado, dijo que buscaba una esposa y pensó que la reina sería la indicada.

Vestido de novia
Los intentos de acoso, como el del capitán John Goode y otros pretendientes, pusieron en riesgo la seguridad de la joven monarca

Paralelamente a estos episodios, la familia y allegados de Victoria maniobraban para un matrimonio concertado. Desde su nacimiento en 1819, tanto la madre de Victoria como su tío, el príncipe Leopoldo, proyectaron para ella un futuro matrimonio con un príncipe alemán, preferentemente de Sajonia-Coburgo.

El favorito era su primo Alberto, nacido tres meses después de Victoria. Durante su adolescencia, la reina recibió propuestas de diversos bandos dentro de la realeza europea: se consideró al príncipe Jorge, hijo del duque de Cumberland; al duque de Orleans, descartado por su fe católica; y a los príncipes de Orange, recomendados por el rey Guillermo IV, aunque Victoria los consideró poco interesantes. Incluso tras el primer encuentro con Alberto y su hermano Ernesto en 1836, Victoria no quedó impresionada por Alberto y vio en Ernesto a alguien más atractivo.

A pesar de las presiones familiares, Victoria insistía en posponer el matrimonio. Todo cambió en 1839, cuando vivió un romance genuinamente emotivo con el Gran Duque Alejandro Nikolaevich, heredero al trono ruso. La visita de Alejandro a Londres tomó por sorpresa a la reina, que lo describió como “alto, de figura elegante y rostro amable”.

La reina Victoria y su amor por los perros, una pasión que marcó a la realeza británica
Victoria enfrentó presiones familiares para contraer matrimonio con príncipes alemanes, destacando a su primo Alberto de Sajonia-Coburgo como el preferido - (Wikipedia/Dominio público)

Durante varios días, compartieron cenas, bailes y largas conversaciones, lo que atrajo la atención de la corte y generó interés político, ya que un enlace era imposible: Alejandro debía permanecer en Rusia y para el gobierno británico era impensable compartir el poder con un príncipe extranjero.

Miembros del séquito ruso enviaron despachos señalando el visible disfrute de la reina en compañía de Alejandro. En una carta a su primer ministro, Lord Melbourne, Victoria reconoció: “La Reina bailó el primer y el último baile con el Gran Duque y creo que ya somos grandes amigos; me gusta muchísimo”. El afecto, aunque mutuo, resultó impracticable.

Tras una cena de despedida y una última mazurca en Windsor, Alejandro partió y Victoria admitió, con cierta nostalgia, que tal vez estaba un poco enamorada. El heredero ruso hizo una donación de 20.000 libras a organizaciones benéficas antes de irse, y su partida dejó huella en la reina, que halló consuelo en la música y pronto recibió la noticia del compromiso de Alejandro con la princesa María de Darmstadt.

Reina Victoria
Coronación de la reina Victoria. Tenía 18 años y su figura era recordada en Buenos Aires. Cuadro de George Hanter.

En los meses siguientes, las gestiones familiares para buscar un matrimonio provechoso aumentaron. El barón Stockmar aseguró que Alberto de Sajonia-Coburgo estaba preparado para ser consorte.

Victoria, sin embargo, mantenía dudas: “Aunque todos los informes sobre Alberto son muy favorables, puede que me guste como amigo, primo o hermano, pero nada más”, confesó a su tío Leopoldo.

Estas vacilaciones inquietaron a Alberto, quien llegó a plantear su retiro antes de aceptar una nueva visita. La llegada de Alberto a Inglaterra en octubre significó un cambio definitivo. La reina, sorprendida por su transformación —más maduro y carismático—, revisó sus sentimientos.

Reina Victoria
Las restricciones políticas británicas y la distancia forzaron el alejamiento entre Victoria y el heredero ruso, sellando un desenlace imposible - Crédito: The Grosby Group

Desde entonces, los otros pretendientes desaparecieron de su pensamiento y la percepción que Victoria tenía de Alberto dio un giro radical. Decidió unir su vida a la de él, opción que contó con el beneplácito de figuras clave como Lord Melbourne, quien sentenció que “una mujer no puede estar sola mucho tiempo, en cualquier posición en la que se encuentre”.

Con Alberto convertido en el centro de su atención, Victoria encontró en él una fuente de admiración y entusiasmo. El príncipe, según la propia reina, era para entonces el reflejo perfecto del ideal romántico, con un porte y un encanto que marcarían el destino emocional y personal de Victoria para siempre.

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