
Parece broma, pero el revólver más famoso de la historia lleva el nombre de Peacemaker, en castellano pacificador. No fue el primero que fabricó su creador, Samuel Colt, pero sí fue el más eficaz de su época. Se lo considera la primera arma corta realmente confiable que se diseñó. Lo de pacificador se debe a su poder de disuasión, porque con uno de ellos empuñado el más fuerte y el más débil quedaban igualados y entonces era mejor no pelear. De ahí viene la frase muy popular en el Siglo XIX estadounidense que decía: “Dios creó a los hombres y Samuel Colt los hizo iguales”.
Fue el revólver preferido por pistoleros legendarios como Wyatt Earp o William “Bat Masterson” Barclay y el más utilizado por quienes se aventuraban a la conquista del Oeste, pero también el presidente Theodore Roosevelt solía disparar con uno de ellos, fabricado especialmente para él con sus iniciales grabadas en las cachas de la empuñadura, y el general George Patton, en un simbólico anacronismo, comandó sus tropas durante la Segunda Guerra Mundial con dos Colt 45 en la cintura.
Es, además, un arma que ha visto todo el mundo, incluso aquellos que nunca la tuvieron cerca, porque la cargaron en sus cartucheras y dispararon con ella John Wayne, Gary Cooper, Henry Fonda y Clint Eastwood en los westerns más taquilleros de Hollywood. Incluso en la tercera película de la saga de Regreso al futuro III, que transcurre en el lejano Oeste, un vendedor de armas le obsequia un Colt Peacemaker al personaje de Michael J. Fox para que lo utilice en un duelo contra el malvado “Mad Dog” Tannen, interpretado por Thomas Wilson.

Mucho menos conocida que la de su revólver es la historia de su inventor, que si bien llegó a disfrutar del éxito, no pudo ver todo su alcance, porque Samuel Colt murió relativamente joven, a los 47 años, el 10 de enero de 1862, de una infección pulmonar. Pudo haber muerto mucho antes, porque su pasión por las armas y los explosivos lo llevó a jugar con pólvora desde muy chico y en uno de esos experimentos hizo volar el laboratorio de ciencias del colegio donde estudiaba.
Un inventor precoz
Samuel Colt nació en Hartford, Connecticut, en 1814, el 19 de julio de 1814. Hijo del propietario de una fábrica de tejidos de seda y de un ama de casa, desde su infancia se dedicó a experimentar con cuanto explosivo tuvo a su alcance. Tenía 14 años cuando destruyó el laboratorio y lo expulsaron del colegio. Su padre optó por sacarse de encima a ese adolescente problemático y utilizó sus contactos comerciales para enrolarlo como grumete en el bergantín “Corvo” que llevaba productos textiles a Calcuta.
En su equipaje, además de ropa y algunos libros, Colt llevaba uno de los revólveres típicos de la época, de un solo tiro, que era necesario recargar después de cada disparo. Cierta o falsa, la historia cuenta que viendo el mecanismo del timón del barco, a Samuel se le ocurrió que algo similar se podía aplicar a los revólveres para que pudieran disparar más de un tiro sin necesidad de recargar. Con esa idea talló un prototipo de madera de un nuevo modelo, con un cilindro de varias cámaras que giraba bloqueando el mecanismo del arma. Al volver a los Estados Unidos y luego de muchos intentos, logró fabricar el primer revólver a repetición de la historia con un tambor para cinco disparos de balas calibre 36.

En 1835, patentó su invento en Inglaterra y Francia, y el 25 de febrero de 1836 hizo lo propio en su país. Tenía apenas 21 años. Para producir su revólver en cadena, Colt fundó la Paterson Arms Manufacturing Company, pero la falta de inversores le impidió la compra de la maquinaria adecuada para producirlos en serie, lo que lo obligó a fabricarlos a mano y encareció el costo del arma que, a pesar de su superioridad sobre las otras, resultó muy cara para el mercado. Resistió todo lo que pudo hasta que tuvo que cerrar la empresa en 1842.
Del fracaso al éxito
Un año después volvió a intentarlo. Con la ayuda económica de su padre compró un galpón y la maquinaria adecuada para hacer una producción en serie de su revólver, a la vez que perfeccionó el modelo. También consiguió dinero al inventar y fabricar un cable para detonar las minas submarinas a distancia, que vendió al gobierno federal y que además se utilizó para tender el primer cable que utilizó Samuel Morse para realizar la primera comunicación con el telégrafo entre Coney Island y Nueva York. Los primeros revólveres giratorios de recámara producidos en esta fábrica se llamaron Whitneyville-Hartford-Dragoons, y se hicieron tan populares que la palabra “colt” se usó a menudo como un término genérico para cualquier tipo de revólver.
Su emprendimiento tuvo un golpe de suerte cuando el capitán de los Rangers de Texas, Samuel Walker, descubrió la eficiencia de los revólveres que fabricaba Colt y le encargó 1.000 unidades, aunque con la exigencia de que dispararan seis balas calibre .45 y no cinco y que la recarga del tambor fuera aún más rápida. Colt se asoció entonces con Eli Whitney Blake para que lo ayudara a diseñar el nuevo revólver y también la maquinaria necesaria para fabricarlo en serie. Poco después entregó su nuevo modelo de revólver Colt Walker a los Rangers, que utilizaron en la Guerra entre México y Estados Unidos de 1846, y también lo ofreció en el mercado estadounidense.

Con ese dinero pudo ampliar el negocio, instaló una fábrica en Hartford y constituyó una nueva empresa, la Colt Patent Firearms Manufacturing Company. La producción se disparó y para 1855 llegó a fabricar unos 150 revólveres al día. En poco tiempo, Colt se convirtió en el mayor fabricante privado de armas de los Estados Unidos. No solo producía revólveres, sino también fusiles que vendió en cantidades industriales a las tropas del Norte durante la Guerra de Secesión.
Un nombre legendario
Cuando murió, en 1862, Samuel Colt era un hombre inmensamente rico y su apellido funcionaba como sinónimo de revólver más allá de las fronteras de los Estados Unidos. Se calcula que durante su vida fabricó más de medio millón de armas de fuego de 16 modelos diferentes, tanto para el mercado interno como para la exportación. La empresa quedó en manos de su esposa Elizabeth, que la siguió dirigiendo hasta el 4 de febrero de 1864, cuando un incendio destruyó por completo la fábrica. Hubo una investigación para establecer el origen del fuego, pero no se llegó a ninguna conclusión. Elizabeth Colt siempre creyó que fue un incendio intencional provocado por orden de algún competidor para sacarla del mercado.

Lejos de retirarse, la viuda de Colt reconstruyó la fábrica e incluso amplió la empresa, que condujo con mano de hierro hasta 1901. Ese año, poco antes de la muerte de Elizabeth, los hijos de Colt vendieron el negocio a un grupo inversor que decidió conservar el nombre de Colt para la fábrica y sus productos.
Con el correr de los años, la empresa aumentó su fama y sus arcas con la producción de la ametralladora Gatling, un arma manual de repetición inventada por Richard J. Gatling, y con una serie de pistolas semiautomáticas diseñadas por John M. Browning, entre las que destaca la Modelo 1911. Tras ser vendida por Colt Industries en 1989, la División de Armas de Fuego de Colt se reconstituyó como Colt’s Manufacturing Company. En la actualidad se dedica principalmente a la producción, bajo contrato del gobierno estadounidense, del fusil de asalto M16 en todas sus variantes y del fusil semiautomático AR-15. Sin embargo, cuando se menciona el nombre Colt lo primero que viene a la mente de la mayoría de las personas es la imagen de esos enormes revólveres Peacemaker con los que Henry Fonda o John Wayne mataban a los malos de las películas.
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