
La noche del 1 de junio de 2001, el príncipe Dipendra de Nepal protagonizó una de las tragedias más estremecedoras en la historia de las monarquías modernas. Durante una celebración familiar en el Palacio Real de Narayanhiti, el sucesor de la corona asesinó a tiros a nueve miembros de la familia real, incluidos sus padres, el rey Birendra y la reina Aishwarya, así como a sus hermanos y otros parientes cercanos.
Tras la masacre, intentó quitarse la vida con un disparo en la cabeza, lo que lo dejó en coma durante tres días, período en el que fue proclamado monarca, ganándose el apodo de “Rey Fantasma”. Su muerte, el 4 de junio de 2001, marcó el inicio del colapso del reino nepalí.
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El heredero que no fue
Dipendra Bir Bikram Shah Dev, nacido el 27 de junio de 1971, era el primogénito del rey Birendra y la reina Aishwarya. Desde su infancia, gozó de los privilegios reservados al heredero de la corona, recibiendo una educación de élite tanto en Nepal como en el Eton College del Reino Unido. Posteriormente, obtuvo un doctorado en la Universidad de Tribhuvan y completó formación militar en la Academia del Ejército Real Gurkha, además de instruirse como piloto.

En la esfera pública, Dipendra era conocido como “Dippy”, un joven afable y cercano al pueblo. Sin embargo, quienes lo trataron de cerca describieron una personalidad mucho más compleja. El teniente general Vivek Kumar Shah, quien fue ayudante de campo en el palacio real durante 26 años, lo retrató así: “Tenía una doble personalidad. Por fuera, era muy amable y querido por todos. Pero por dentro, desde pequeño, probablemente no recibió el amor que merecía. Eso es lo que creo. Tenía una naturaleza sádica. Era capaz de quemar un gato o un ratón. Disfrutaba haciéndolo”.
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El panorama político y social de la época también influyó en el ánimo del príncipe. Durante la década de 1990, su papá impulsó la transición de una monarquía absoluta a una constitucional, en respuesta al Movimiento Popular de 1990. Esta decisión generó tensiones dentro de la familia real. Kunda Dixit, editor del Nepali Times, explicó: “Creía en un papel constitucional para la monarquía, no en una dictadura. Pero su hermano (Gyanendra), quien más tarde se convirtió en rey, discrepó totalmente”.
Una matanza que marcó el principio del fin de la monarquía
La masacre se produjo durante una fiesta privada en el Palacio Real de Narayanhiti, en Katmandú. La mayoría de los miembros de la familia real se encontraban presentes, mientras que los guardias permanecían fuera del salón por tratarse de un evento familiar. Existen versiones encontradas sobre el estado del príncipe heredero esa noche, quien tenía fama de excederse en el consumo de alcohol.
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Algunos testigos aseguraron que estaba tan ebrio que debieron acompañarlo a su habitación poco después de iniciada la fiesta, mientras que otros lo vieron lo suficientemente sobrio como para servir bebidas. Una investigación oficial concluyó que, además de estar bajo los efectos del alcohol, Dipendra había consumido un cigarrillo particular: “Un tipo especial preparado con una mezcla de hachís y otra sustancia negra no identificada”.
Poco después, el príncipe reapareció vestido con uniforme militar y armado con varias armas, entre ellas una M-16. Se dirigió directamente hacia su padre y, sin mediar palabra, abrió fuego. Su tío, Ravi Shumshere Rana, relató: “Se limitó a mirar a su padre. No dijo nada y apretó el gatillo una vez. El rey permaneció allí unos segundos tras el disparo y luego, lentamente, se sentó en el suelo. Fue entonces cuando el rey finalmente habló: ‘¿Qué has hecho?’”, recogió la revista Time.
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La masacre no terminó ahí, ya que continuó disparando de manera metódica, asesinando a su madre, sus hermanos, cuñados y tíos. La reina Aishwarya intentó huir hacia el jardín, pero fue alcanzada por los disparos y cayó sobre el césped. Uno de los testigos de la fiesta describió la escena al New York Times: “En ese momento perdió el control y empezó a disparar a todo aquel que se le cruzaba. No sé cuántas armas utilizó. No las conté. Todo fue demasiado rápido”.

En cuestión de minutos, la familia real quedó diezmada. Los guardias lograron ingresar al salón cuando la tragedia ya se había consumado. Tras completar la matanza, se dirigió a un puente peatonal cercano y se disparó en la cabeza. Al ser el heredero de la corona, fue coronado en coma y a los tres días confirmaron su muerte.
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Coronado en coma y declarado culpable
Durante esos tres días siguientes, Nepal vivió en la incertidumbre: casi toda la familia real había muerto y el nuevo rey agonizaba en el hospital. Mientras permanecía sedado y al borde de la muerte, fue proclamado monarca, lo que le valió el apodo de “Rey Fantasma”. Su muerte precipitó la coronación de su tío Gyanendra, quien ordenó una investigación oficial que, en apenas una semana, concluyó que Dipendra era el único responsable de la masacre.
La cremación real se realizó bajo estrictas medidas de seguridad y en medio de un clima de duelo nacional. El pueblo, profundamente afectado, se resistía a aceptar la versión oficial y la repentina desaparición de la familia real. La desconfianza hacia el nuevo monarca y la debilidad de la investigación alimentaron el descontento social, que se tradujo en protestas y en el inicio del declive definitivo de la monarquía.
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Los motivos de la masacre han sido objeto de especulación durante años. Existen dos teorías principales. La primera sostiene que el príncipe actuó movido por el rechazo a la transformación de la monarquía absoluta en constitucional, proceso que consideraba una amenaza para su futuro reinado.
Sin embargo, algunos analistas consideran improbable esta hipótesis, ya que Dipendra había traído ideas democráticas de su paso por el Reino Unido y la apertura política era vista como inevitable.
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La segunda teoría, más extendida, apunta a un conflicto personal: el amor prohibido entre Dipendra y Devyani Rana, una joven nepalí de familia adinerada y con conexiones políticas. Ambos se conocieron en el Eton College y mantuvieron una relación clandestina durante años, enfrentando la oposición de sus respectivas familias. La mamá del príncipe rechazaba a Devyani por no pertenecer a la nobleza, mientras que la madre consideraba que su hija perdería estatus al ingresar a la familia real.

El rey Birendra, por su parte, veía el matrimonio como un asunto de Estado y se negaba a aprobar la unión. La presión aumentó cuando surgieron rumores de que el heredero podría ser desplazado de la línea sucesoria si no cumplía con las expectativas familiares. La noche de la masacre, Dipendra llamó varias veces a Devyani Rana. Ella relató que él hablaba con dificultad y que, en su última conversación, solo le dijo que se iba a dormir, sin dar indicios de lo que estaba por suceder.
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La versión oficial le atribuyó la matanza, pero la rapidez y falta de transparencia de la investigación generaron sospechas. Sectores de la opinión pública y la oposición maoísta señalaron la ausencia de Gyanendra en la fiesta y el hecho de que su hijo, Paras, resultara ileso, como elementos sospechosos. Además, se cuestionó la decisión de dejar a los guardias fuera del salón y la aparente falta de rigor en la pesquisa.
A pesar de las dudas y teorías conspirativas, nunca se presentaron pruebas concluyentes que implicaran a otra persona. El Dr. Rajiv Shahi reafirmó: “No estoy seguro de qué lo motivó a hacer esto, pero fue el entonces príncipe heredero quien cometió el asesinato”.
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